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PADRE JOHN KENNY
Mateo 13, 44–52
Jesús dijo:
“El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo.
Un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
También se parece a un comerciante que busca perlas finas.
Al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
También se parece a una red que recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan y separan los buenos de los malos.
Así será al final de los tiempos:
saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos.
¿Han entendido todo esto?”
Ellos respondieron:
“Sí.”
Entonces Jesús les dijo:
“Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.”
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Mateo 20, 20-28
La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús con sus hijos y le pidió un favor.
Jesús le preguntó:
“¿Qué deseas?”
Ella respondió:
“Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.”
Jesús respondió:
“No saben lo que piden.
¿Pueden beber el cáliz que yo voy a beber?”
Ellos contestaron:
“Podemos.”
Jesús les dijo:
“Mi cáliz lo beberán;
pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo.”
Al oír esto, los otros diez discípulos se indignaron.
Entonces Jesús los llamó y les dijo:
“Saben que los jefes de las naciones las dominan
y los grandes las oprimen.
No debe ser así entre ustedes.
Al contrario,
el que quiera ser grande entre ustedes
que sea su servidor;
y el que quiera ser el primero
que sea su esclavo.
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido,
sino para servir
y dar su vida en rescate por muchos.”
PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 13, 18–23
Jesús dijo a sus discípulos:
“Escuchen la explicación de la parábola del sembrador.
Cuando uno escucha la Palabra del Reino y no la comprende,
viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón.
Esa es la semilla sembrada junto al camino.
La sembrada en terreno pedregoso
es el que escucha la Palabra y la recibe con alegría,
pero no tiene raíces;
cuando llegan las dificultades o la persecución, cae.
La sembrada entre espinos
es el que escucha la Palabra,
pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas la ahogan,
y queda sin fruto.
La sembrada en tierra buena
es el que escucha la Palabra, la comprende
y da fruto: uno ciento, otro sesenta y otro treinta por uno.”
PADRE JESUS MORA
Mateo 13, 10–17
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
“¿Por qué les hablas en parábolas?”
Él respondió:
“A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no.
Porque al que tiene se le dará más, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Por eso les hablo en parábolas: porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni entienden.
Se cumple en ellos la profecía de Isaías:
‘Oirán sin comprender y mirarán sin ver.
Porque este pueblo ha endurecido su corazón.’
Pero dichosos sus ojos porque ven, y sus oídos porque oyen.
En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 20, 1–18
El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido removida.
Corrió entonces a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo y les dijo:
“Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.”
María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando.
Mientras lloraba, se inclinó hacia el sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco.
Ellos le preguntaron:
“Mujer, ¿por qué lloras?”
Ella respondió:
“Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.”
Dicho esto, se volvió y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Él.
Jesús le dijo:
“Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”
Ella, pensando que era el jardinero, respondió:
“Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto.”
Jesús le dijo:
“¡María!”
Ella se volvió y exclamó:
“¡Rabbuní!”, que significa Maestro.
Jesús le dijo:
“No me retengas, porque todavía no he subido al Padre.
Ve a mis hermanos y diles:
‘Subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios de ustedes.’”
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos:
“He visto al Señor.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 12, 46–50
Mientras Jesús hablaba a la multitud,
su madre y sus hermanos estaban afuera y querían hablar con Él.
Alguien le dijo:
“Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren hablar contigo.”
Pero Jesús respondió:
“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”
Y señalando a sus discípulos, dijo:
“Aquí están mi madre y mis hermanos.
Porque todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo,
ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.”
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Mateo 12, 38–42
Algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús:
“Maestro, queremos ver una señal tuya.”
Él les respondió:
“Esta generación mala y adúltera reclama una señal,
pero no se le dará otra que la señal del profeta Jonás.
Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez,
así el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra.
Los habitantes de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación,
porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás,
y aquí hay alguien más grande que Jonás.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra esta generación,
porque vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón,
y aquí hay alguien más grande que Salomón.”
PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 13, 24–43
Jesús propuso esta parábola:
“El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo.
Pero mientras todos dormían, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo.
Cuando brotó el trigo, apareció también la cizaña.
Los servidores le dijeron:
‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’
Pero él respondió:
‘No, porque podrían arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha.
Entonces diré a los segadores:
Recojan primero la cizaña para quemarla, y el trigo guárdenlo en mi granero.’”
También les dijo:
“El Reino de los cielos es como un grano de mostaza, la más pequeña de las semillas, que al crecer se convierte en un gran arbusto.
Y es como la levadura que una mujer mezcla con la harina, hasta que toda la masa fermenta.”
Después, a sus discípulos, Jesús les explicó la parábola del trigo y la cizaña:
“El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.
El campo es el mundo.
La buena semilla son los hijos del Reino.
La cizaña son los hijos del maligno.
La cosecha es el fin del mundo.
Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre.
El que tenga oídos, que oiga.”
PADRE JESUS MORA
Mateo 12, 14-21
En aquel tiempo, los fariseos se reunieron para buscar la manera de acabar con Jesús.
Jesús lo supo y se retiró de allí.
Muchos lo siguieron, y Él los curó a todos,
pero les mandó que no lo descubrieran.
Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:
“Este es mi siervo, mi elegido,
mi amado, en quien me complazco.
Pondré mi Espíritu sobre él,
y anunciará la justicia a las naciones.
No disputará ni gritará,
nadie oirá su voz en las plazas.
No quebrará la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que apenas humea,
hasta que haga triunfar la justicia.
Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 12, 1–8
En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados en sábado.
Sus discípulos, que tenían hambre,
comenzaron a arrancar espigas y a comer.
Al verlo, los fariseos le dijeron:
“Mira, tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado.”
Jesús les respondió:
“¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre?
Entró en la casa de Dios
y comieron los panes de la ofrenda,
que no les estaba permitido comer.
¿Y no han leído en la Ley
que los sacerdotes en el Templo quebrantan el sábado y no son culpables?
Pues yo les digo
que aquí hay alguien más grande que el Templo.
Si comprendieran lo que significa:
‘Misericordia quiero y no sacrificios’,
no condenarían a los inocentes.
Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.”
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