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PADRE JOHN KENNY
Lucas 11, 27–28
Mientras Jesús hablaba, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo:
“¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!”
Pero Jesús respondió:
“Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.”
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Mateo 19, 3–12
Se acercaron a Jesús unos fariseos para ponerlo a prueba y le preguntaron:
“¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”
Jesús respondió:
“¿No han leído que desde el principio el Creador los hizo hombre y mujer?
Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.”
Ellos le preguntaron:
“Entonces, ¿por qué Moisés permitió dar el acta de divorcio y separarse?”
Jesús respondió:
“Por la dureza de su corazón Moisés les permitió divorciarse, pero al principio no era así.
Yo les digo que quien se divorcia de su mujer —salvo en caso de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio.”
Los discípulos le dijeron:
“Si esa es la situación del hombre con su mujer, no conviene casarse.”
Jesús respondió:
“No todos pueden comprender esto, sino aquellos a quienes se les concede.
Hay quienes nacen sin poder casarse, otros son impedidos por los hombres, y otros renuncian al matrimonio por causa del Reino de los cielos.
El que pueda comprender, que comprenda.”
PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 18, 21 – 19, 1
Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
“Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete?”
Jesús le respondió:
“No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores.
Le presentaron a uno que le debía una cantidad enorme. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido él, su familia y todo lo que tenía.
El servidor se arrodilló y le suplicó:
‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’
El rey tuvo compasión, lo dejó ir y le perdonó toda la deuda.
Pero al salir, aquel servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía una cantidad mucho menor.
Lo agarró y comenzó a exigirle:
‘Págame lo que me debes.’
El compañero se arrodilló y le suplicó:
‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.’
Pero él no quiso. Lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara.
Al enterarse, el rey se indignó y le dijo:
‘¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’
Y lo entregó para que pagara su deuda.
Así hará mi Padre celestial con ustedes si no perdonan de corazón a sus hermanos.”
Cuando Jesús terminó estas palabras, salió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
PADRE JESUS MORA
Mateo 18, 15-20
Jesús dijo a sus discípulos:
“Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo a solas.
Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, busca a una o dos personas más, para que todo quede confirmado.
Si tampoco los escucha, comunícalo a la comunidad.
Y si tampoco escucha a la comunidad, considéralo como alguien que necesita volver a encontrarse con Dios.
En verdad les digo que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
También les digo que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, mi Padre del cielo se lo concederá.
Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 18, 1–5. 10. 12–14
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
“¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo:
“En verdad les digo:
Si no cambian y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos.
El que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el Reino.
Y el que recibe a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe.
No desprecien a ninguno de estos pequeños.
¿Qué les parece?
Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte para ir a buscar la que se perdió?
Y si llega a encontrarla, se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
Del mismo modo, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.”
PADRE JOHN KENNY
Juan 12, 24–26
Jesús dijo a sus discípulos:
“En verdad, en verdad les digo:
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo.
Pero si muere, da mucho fruto.
El que ama su vida la perderá;
pero el que desprecia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga.
Y donde yo esté, allí estará también mi servidor.
Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará.”
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Mateo 14, 22–33
Después de despedir a la multitud, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y cruzaran el lago, mientras Él subía al monte para orar.
Ya entrada la noche, la barca era sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
Al amanecer, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo, se llenaron de miedo y gritaron:
“¡Es un fantasma!”
Pero Jesús les dijo enseguida:
“Ánimo, soy yo. No tengan miedo.”
Pedro respondió:
“Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua.”
Jesús le dijo:
“Ven.”
Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús.
Pero al sentir la fuerza del viento, tuvo miedo y empezó a hundirse.
Entonces gritó:
“¡Señor, sálvame!”
Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
“¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”
Cuando subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en la barca se postraron ante Él y dijeron:
“Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”
PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 17, 14–20
Cuando Jesús llegó donde estaba la multitud, un hombre se acercó, se arrodilló ante Él y le dijo:
“Señor, ten compasión de mi hijo. Sufre mucho y muchas veces cae en el fuego o en el agua.
Lo traje a tus discípulos, pero no pudieron curarlo.”
Jesús respondió:
“¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes?
Tráiganmelo.”
Jesús reprendió al demonio, que salió del muchacho, y desde ese momento quedó sano.
Después, los discípulos le preguntaron en privado:
“¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”
Jesús respondió:
“Porque tienen poca fe.
En verdad les digo:
Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a este monte: ‘Muévete de aquí para allá’, y se movería.
Nada les sería imposible.”
PADRE JESUS MORA
Mateo 16, 24–28
Jesús dijo a sus discípulos:
“Si alguno quiere venir en pos de mí,
que renuncie a sí mismo,
tome su cruz
y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá;
pero el que pierda su vida por mí, la encontrará.
¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero,
si pierde su vida?
¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles,
y entonces dará a cada uno según sus obras.
En verdad les digo
que algunos de los aquí presentes
no morirán sin haber visto venir al Hijo del Hombre en su Reino.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 17, 1–9
Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a un monte alto.
Allí se transfiguró delante de ellos.
Su rostro brilló como el sol,
y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Entonces aparecieron Moisés y Elías conversando con Él.
Pedro dijo:
“Señor, ¡qué bien estamos aquí!
Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.”
Mientras hablaba, una nube luminosa los cubrió, y de la nube se oyó una voz que decía:
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.
Escúchenlo.”
Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de miedo.
Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo:
“Levántense. No tengan miedo.”
Al levantar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó:
“No hablen a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.”
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