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PADRE JOHN KENNY
Mateo 15, 21–28
Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea comenzó a gritar:
“¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está terriblemente atormentada.”
Pero Jesús no le respondió una palabra.
Los discípulos le pidieron:
“Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros.”
Jesús dijo:
“He sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”
Pero ella se acercó, se postró ante Él y dijo:
“¡Señor, ayúdame!”
Jesús respondió:
“No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos.”
Ella contestó:
“Sí, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños.”
Entonces Jesús le respondió:
“¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.”
Y desde aquel momento su hija quedó curada.
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Mateo 14, 22–36
Después de despedir a la multitud, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y fueran a la otra orilla, mientras Él subía al monte para orar.
Al caer la noche, la barca estaba en medio del lago, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua.
Al verlo, los discípulos se llenaron de miedo y gritaron:
“¡Es un fantasma!”
Pero Jesús les dijo enseguida:
“Ánimo, soy yo. No tengan miedo.”
Pedro respondió:
“Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua.”
Jesús le dijo:
“Ven.”
Pedro caminó sobre el agua hacia Jesús, pero al sentir la fuerza del viento tuvo miedo y comenzó a hundirse.
Entonces gritó:
“¡Señor, sálvame!”
Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
“¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”
Cuando subieron a la barca, el viento se calmó.
Los discípulos se postraron ante Él diciendo:
“Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”
Al llegar a tierra, todos los enfermos eran llevados a Jesús, y cuantos tocaban el borde de su manto quedaban sanos.
PADRE DIEGO PAEZ
Mateo 14, 22–36
Después de despedir a la multitud, Jesús obligó a sus discípulos a subir a la barca y adelantarse a la otra orilla.
Él subió al monte para orar.
Mientras tanto, la barca era sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
Al amanecer, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo, se llenaron de miedo y dijeron:
“¡Es un fantasma!”
Pero Jesús les habló enseguida:
“Ánimo, soy yo. No tengan miedo.”
Pedro le respondió:
“Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti caminando sobre el agua.”
Jesús le dijo:
“Ven.”
Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús.
Pero al sentir la fuerza del viento, tuvo miedo y empezó a hundirse.
Entonces gritó:
“¡Señor, sálvame!”
Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
Cuando subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron diciendo:
“Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”
Al llegar a tierra, la gente reconoció a Jesús y le llevaron a todos los enfermos.
Le rogaban que los dejara tocar siquiera el borde de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanos.
PADRE JESUS MORA
Mateo 14, 13–21
Al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, Jesús se retiró en una barca hacia un lugar solitario.
Pero la gente lo siguió a pie desde los pueblos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos le dijeron:
“Este lugar está despoblado y ya es tarde. Despide a la gente para que vaya a comprar comida.”
Jesús respondió:
“No hace falta que se vayan.
Denles ustedes de comer.”
Ellos contestaron:
“Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.”
Jesús dijo:
“Tráiganmelos.”
Mandó que la gente se sentara sobre la hierba.
Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que ellos los repartieran.
Todos comieron hasta quedar satisfechos.
Y todavía recogieron doce canastas llenas de los pedazos que sobraron.
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 14, 1–12
En aquel tiempo, Herodes oyó hablar de Jesús y dijo a sus servidores:
“Ese es Juan el Bautista; ha resucitado, y por eso actúan en él esos poderes.”
Herodes había mandado arrestar a Juan y lo había encadenado por causa de Herodías, la esposa de su hermano, porque Juan le decía:
“No te está permitido vivir con ella.”
Quería matarlo, pero temía al pueblo, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó ante los invitados y agradó tanto a Herodes que prometió darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, pidió:
“Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.”
El rey se entristeció, pero por el juramento y por los invitados ordenó que se la dieran.
Mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Sus discípulos fueron a recoger el cuerpo, lo sepultaron y fueron a comunicarlo a Jesús.
PADRE JOHN KENNY
Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: “¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?” Y se negaban a creer en él.
Entonces, Jesús les dijo: “Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa”. Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.
PADRE LUCAS TENIER MACHADO
Mateo 13, 47–53
Jesús dijo:
“El Reino de los cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan y separan los buenos de los malos.
Así será al final de los tiempos:
saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos.
¿Han entendido todo esto?”
Ellos respondieron:
“Sí.”
Entonces Jesús les dijo:
“Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.”
Cuando Jesús terminó estas parábolas, se marchó de allí.
PADRE DIEGO PAEZLucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba lo que él decía. Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y dijo:—Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!—Marta, Marta —contestó el Señor—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor y nadie se la quitará.
PADRE JESUS MORA
Mateo 13, 36-43
Jesús dejó a la multitud y entró en la casa.
Sus discípulos se acercaron y le dijeron:
“Explícanos la parábola de la cizaña del campo.”
Él respondió:
“El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.
El campo es el mundo.
La buena semilla son los hijos del Reino.
La cizaña son los hijos del mal.
El enemigo que la sembró es el diablo.
La cosecha es el final de los tiempos,
y los segadores son los ángeles.
Así como se recoge la cizaña y se quema,
así será al final.
El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles,
y separarán del Reino a todos los que hacen el mal.
Entonces los justos brillarán como el sol
en el Reino de su Padre.
El que tenga oídos, que oiga.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 13, 31–35
Jesús propuso otra parábola:
“El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
Es la semilla más pequeña, pero cuando crece es más grande que las plantas del huerto y se convierte en un árbol, donde los pájaros hacen sus nidos.”
También les dijo:
“El Reino de los cielos se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con una gran cantidad de harina, hasta que toda la masa queda fermentada.”
Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas,
y no les hablaba sin parábolas.
Así se cumplía lo anunciado por el profeta:
“Hablaré en parábolas, anunciaré cosas escondidas desde la creación del mundo.”
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