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PADRE JOHN KENNY
Mateo 5, 43–48
Jesús dijo:
“Han oído que se dijo:
‘Amarás a tu prójimo
y odiarás a tu enemigo.’
Pero yo les digo:
Amen a sus enemigos,
y recen por los que los persiguen,
para que sean hijos de su Padre celestial,
que hace salir su sol sobre buenos y malos,
y hace llover sobre justos e injustos.
Porque si aman a los que los aman,
¿qué mérito tienen?
¿No hacen eso mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos,
¿qué hacen de extraordinario?
¿No hacen eso también los paganos?
Ustedes, pues, sean perfectos,
como su Padre celestial es perfecto.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 5, 38–42
Jesús dijo:
“Han oído que se dijo:
‘Ojo por ojo y diente por diente.’
Pero yo les digo:
no hagan frente al que les agravia.
Al contrario,
si alguien te golpea en la mejilla derecha,
preséntale también la otra.
Al que quiera llevarte a juicio para quitarte la túnica,
déjale también el manto.
Y si alguien te obliga a caminar una milla,
ve con él dos.
Da al que te pida,
y no vuelvas la espalda al que quiere pedirte prestado.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 9, 36 – 10, 8
Al ver a las multitudes, Jesús se compadecía de ellas,
porque estaban cansadas y abatidas,
como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos:
“La mies es mucha
y los trabajadores pocos.
Rueguen, por tanto, al dueño de la mies
que envíe trabajadores a su campo.”
Después llamó a sus doce discípulos
y les dio autoridad sobre los espíritus impuros
y para sanar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles:
Simón, llamado Pedro; Andrés, su hermano;
Santiago y Juan, hijos de Zebedeo;
Felipe y Bartolomé;
Tomás y Mateo;
Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo;
Simón el Cananeo y Judas Iscariote.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
“Vayan más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Por el camino proclamen que el Reino de los cielos está cerca.
Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios.
Gratis lo recibieron;
denlo gratis.”
PADRE JOHN KENNY
Lucas 2, 41–51
Los padres de Jesús iban cada año a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron según la costumbre.
Terminada la fiesta, regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.
Pensando que iba en la caravana, caminaron un día entero;
después lo buscaron entre familiares y conocidos, pero no lo encontraron.
Entonces regresaron a Jerusalén buscándolo.
Al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo,
sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Todos los que lo oían quedaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas.
Al verlo, sus padres se sorprendieron, y su madre le dijo:
“Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?
Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.”
Él les respondió:
“¿Por qué me buscaban?
¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”
Pero ellos no comprendieron lo que les decía.
Jesús bajó con ellos a Nazaret
y les estaba sujeto.
Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón.
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Mateo 11, 25–30
En aquel tiempo, Jesús dijo:
“Te alabo, Padre,
Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas
a los sabios y entendidos,
y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre,
porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre.
Nadie conoce al Hijo sino el Padre,
ni nadie conoce al Padre sino el Hijo
y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí
todos los que están cansados y agobiados,
y yo los haré descansar.
Tomen mi yugo sobre ustedes
y aprendan de mí,
que soy manso y humilde de corazón,
y encontrarán descanso para sus almas.
Porque mi yugo es suave
y mi carga ligera.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 5, 20–26
Jesús dijo:
“Si su justicia no es mayor
que la de los escribas y fariseos,
no entrarán en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos:
‘No matarás’;
y el que mate será llevado a juicio.
Pero yo les digo:
todo el que se enoje contra su hermano
será llevado a juicio.
Y quien insulte a su hermano
será responsable.
Por eso,
si al presentar tu ofrenda en el altar
recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,
deja ahí tu ofrenda ante el altar,
ve primero a reconciliarte con tu hermano
y luego vuelve a presentar tu ofrenda.
Ponte de acuerdo pronto con tu adversario
mientras vas con él por el camino,
no sea que termine entregándote al juez.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 5, 17–19
Jesús dijo:
“No piensen que he venido
a abolir la Ley o los Profetas.
No he venido a abolir,
sino a dar plenitud.
Porque en verdad les digo:
antes pasarán el cielo y la tierra
que deje de cumplirse
una sola letra o una tilde de la Ley.
Por eso,
quien quebrante uno de estos mandamientos más pequeños
y enseñe a otros a hacer lo mismo,
será considerado el más pequeño en el Reino de los cielos.
Pero quien los cumpla
y los enseñe,
será grande en el Reino de los cielos.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 5, 13–16
Jesús dijo a sus discípulos:
“Ustedes son la sal de la tierra.
Pero si la sal pierde su sabor,
¿con qué se le devolverá el sabor?
Ya no sirve para nada,
sino para ser tirada y pisada por la gente.
Ustedes son la luz del mundo.
No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte.
Ni se enciende una lámpara para ponerla debajo de una mesa,
sino sobre el candelero,
para que alumbre a todos los de la casa.
Así debe brillar la luz de ustedes delante de los hombres,
para que vean sus buenas obras
y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”
PADRE JOHN KENNY
Mateo 5, 1–12
Al ver a la multitud, Jesús subió al monte;
se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él.
Entonces comenzó a enseñarles diciendo:
“Felices los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Felices los que lloran,
porque serán consolados.
Felices los humildes,
porque heredarán la tierra.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Felices los misericordiosos,
porque alcanzarán misericordia.
Felices los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz,
porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Felices ustedes cuando los insulten, los persigan
y digan falsamente toda clase de mal contra ustedes por mi causa.
Alégrense y llénense de gozo,
porque su recompensa será grande en el cielo.”
PADRE GUSTAVO GODINEZ
Juan 6, 51–58
Jesús dijo:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá para siempre;
y el pan que yo daré
es mi carne para la vida del mundo.”
Los judíos discutían entre ellos diciendo:
“¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”
Jesús les respondió:
“En verdad, en verdad les digo:
si no comen la carne del Hijo del Hombre
y no beben su sangre,
no tienen vida en ustedes.
El que come mi carne
y bebe mi sangre
tiene vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es verdadera comida
y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne
y bebe mi sangre
permanece en mí
y yo en él.
Así como el Padre, que vive, me envió
y yo vivo por el Padre,
también el que me come
vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo;
no como el que comieron sus padres, y murieron.
El que come este pan
vivirá para siempre.”
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