Hoy celebramos la Solemnidad de Cristo Rey nos invita a contemplar a Jesús como el soberano absoluto, no de un territorio, sino de los corazones. Su reinado trasciende los poderes terrenales, estableciendo un reino de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz. Al final del año litúrgico, esta fiesta nos recuerda que todo se dirige hacia Él, quien es el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todas las cosas.