En Viviendo la Pascua, hablaremos de algo que se revela con bastante rapidez el orden —o el desorden— que llevamos por dentro: la forma en que hablamos. No solo el contenido, sino el tono, el momento y la intención.
Se nota cuando alguien responde sin pensar, cuando interrumpe, cuando comenta de más o cuando utiliza palabras que, en lugar de aportar, desgastan el ambiente. Se nota cuando se habla desde el enojo, desde la prisa o desde esa necesidad de tener la última palabra.