En el Evangelio según san Lucas, capítulo 4, versículos 38 al 44, Jesús sale de la sinagoga y entra en la casa de Simón. Allí encuentra a la suegra de Pedro con una fiebre muy alta. Le ruegan por ella, Jesús se acerca, la libera de aquella enfermedad y ella se levanta de inmediato para servir.
Ese detalle es importante: la curación no termina en el alivio personal. La mujer recupera fuerzas y las pone al servicio de los demás. La gracia recibida no queda encerrada en uno mismo; produce una respuesta.