Hay momentos en que, como Felipe, también nosotros quisiéramos una señal clara, algo visible, tangible, que nos confirme que Dios está con nosotros. Y sin embargo, la respuesta de Jesús no deja espacio para más dudas: quien lo ha visto a Él, ha visto al Padre. Es decir, Dios no está lejos. Se ha mostrado con rostro humano, con gestos cercanos, con una voz que sana y levanta.