Jesús afirma que quien guarde su palabra no verá muerte para siempre. Los judíos, incrédulos, lo acusan y cuestionan su pretensión de ser más grande que Abraham, quien murió. Jesús responde que su gloria viene del Padre y que él lo conoce, y que antes de que Abraham naciera, Él ya existía ("yo soy"). Los judíos, al darse cuenta de esta afirmación de divinidad, intentan apedrearlo, pero Jesús se esconde y sale del templo.