Es verdad que Madrid, a pesar de todo, ha luchado por seguir siendo la ciudad viva y abierta a la cultura que ha sido siempre, especialmente en los últimos cincuenta años y que, pese a los avatares de los últimos tiempos, pese a los cambios políticos, a veces gracias a ellos, a veces a pesar de ellos, sigue siendo un oasis de cultura y libertad. Doy gracias a Dios por la ciudad en la que vivo, en la que nací y en la que, a poca suerte que me depare el destino, moriré. No podemos dejar que ninguna circunstancia nos arrebate las ganas de conocer, de disfrutar, de enriquecernos que la cultura, en todos sus ámbitos, nos aporta.