Hay momentos en la vida en los que sentimos que estamos atrapadas en los mismos pensamientos: preocupaciones que se repiten, miedos que parecen no irse, heridas que siguen doliendo. Pero hoy quiero recordarte algo poderoso: tu mente no está fija, no está condenada a ser siempre igual. Dios la creó con una capacidad maravillosa llamada neuroplasticidad, que es la habilidad del cerebro para cambiar, adaptarse y formar nuevos caminos.
Esto significa que no estás destinada a vivir pensando de la misma manera para siempre. Puedes aprender, sanar y transformar tu forma de ver la vida.