En la vida diaria, la indecisión puede afectar nuestras relaciones, nuestro matrimonio, la crianza de nuestros hijos, nuestro servicio en la iglesia y hasta nuestros sueños personales. A veces Dios pone algo en nuestro corazón, pero lo postergamos por temor. Otras veces sabemos que debemos poner límites, perdonar, avanzar o cambiar… pero nos paraliza la duda. Entonces, ¿qué podemos hacer para dejar de ser indecisas?