Ser madre no es fácil, implica retos y desafíos en el día a día. Por eso es tan importante no desarrollar este rol solas, sino con quien nos creó y nos ayuda, Nuestro Buen Padre Dios. Una mujer consagrada a Dios aprende a orar y leer la Palabra de Dios, confía en Él para todas sus necesidades, es generosa, obedece a Dios y aprende a perdonar. Te identificas con alguna de estas cualidades? Te gustaría cultivarlas?