Gonzalo Córdova
Hay una frase que suelo repetir en mis conversaciones con líderes y equipos:
“El conflicto no es el enemigo. Es el maestro que no sabíamos que necesitábamos.”
Durante años, en el mundo corporativo, se nos enseñó a temer el conflicto. Lo asociamos con
tensión, caos, pérdida de control o ruptura. Sin embargo, desde la ontología del lenguaje y una
mirada profundamente humana, el conflicto puede convertirse en una oportunidad extraordinaria
para el crecimiento individual y colectivo.
Cuando aprendemos a ver el conflicto como una expresión legítima de diferencias de visiones,
emociones, historias y cuerpos, dejamos de querer eliminarlo, y comenzamos a dialogar con él.
Y es ahí donde comienza el verdadero liderazgo.
El conflicto como espejo de nuestra humanidad