Frecuencia Literaria

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By Ignacio RomeroArtsBooks
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Frecuencia Literaria episodes

  • “New Dawn Fades” - Joy Division
    El 15 de julio se conmemoró otro aniversario del nacimiento de Ian Curtís, líder de Joy Division. Sus letras son muy poéticas, él era quien más aportaba a la hora de escribir. Así que comparto la traducción de una canción emblemática para celebrar su legado.
    2 min
  • “New Dawn Fades” - Ian Curtis
    El 15 de julio se conmemoró otro aniversario del nacimiento de Ian Curtís, líder de Joy Division. Sus letras eran muy poéticas. Así que para celebrar su legado leo la traducción de una de sus canciones más emblemáticas.
    2 min
  • “Décimas de amor” - Xavier Villaurrutia
    VIII
    «Ayer te soñé. Temblando
    los dos en el goce impuro
    y estéril de un sueño oscuro.
    Y sobre tu cuerpo blando
    mis labios iban dejando
    huellas, señales, heridas…
    Y tus palabras transidas
    y las mías delirantes
    de aquellos breves instantes
    prolongaban nuestras vidas».
    1 min
  • “Cotidiana 1” - Mario Benedetti
    «La vida cotidiana es un instante
    de otro instante que es la vida total del hombre pero a su vez cuántos instantes no ha de tener ese instante del instante mayor
    cada hoja verde se mueve en el sol
    como si perdurar fuera su inefable destino
    cada gorrión avanza a saltos no previstos
    cómo burlándose del tiempo y del espacio
    cada hombre se abraza a alguna mujer
    como si así aferrara la eternidad
    en realidad todas estas pertinacias
    son modestos exorcismos contra la muerte
    batallas perdidas con ritmo de victoria
    reos obstinados que se niegan
    a notificarse de su injusta condena
    vivientes que se hacen los distraídos
    la vida cotidiana es también una suma de instantes
    algo así como partículas de polvo
    que seguirán cayendo en un abismo
    y sin embargo cada instante
    o sea cada partícula de polvo
    es también un copioso universo
    con crepúsculos y catedrales y campos de cultivo y multitudes y cópulas y desembarcos y borrachos y mártires y colinas y vale la pena cualquier sacrificio para que ese abrir y cerrar de ojos abarque por fin el instante universo
    con una mirada que no se avergüence
    de su reveladora
    efímera
    insustituible
    luz».
    2 min
  • “Besos” - Gabriela Mistral
    «Hay besos que pronuncian por sí solos
    la sentencia de amor condenatoria,
    hay besos que se dan con la mirada
    hay besos que se dan con la memoria.
    Hay besos silenciosos, besos nobles
    hay besos enigmáticos, sinceros
    hay besos que se dan sólo las almas
    hay besos por prohibidos, verdaderos.
    Hay besos que calcinan y que hieren,
    hay besos que arrebatan los sentidos,
    hay besos misteriosos que han dejado
    mil sueños errantes y perdidos.
    Hay besos problemáticos que encierran
    una clave que nadie ha descifrado,
    hay besos que engendran la tragedia
    cuantas rosas en broche han deshojado.
    Hay besos perfumados, besos tibios
    que palpitan en íntimos anhelos,
    hay besos que en los labios dejan huellas
    como un campo de sol entre dos hielos.
    Hay besos que parecen azucenas
    por sublimes, ingenuos y por puros,
    hay besos traicioneros y cobardes,
    hay besos maldecidos y perjuros.
    Judas besa a Jesús y deja impresa
    en su rostro de Dios, la felonía,
    mientras la Magdalena con sus besos
    fortifica piadosa su agonía.
    Desde entonces en los besos palpita
    el amor, la traición y los dolores,
    en las bodas humanas se parecen
    a la brisa que juega con las flores.
    Hay besos que producen desvaríos
    de amorosa pasión ardiente y loca,
    tú los conoces bien son besos míos
    inventados por mí, para tu boca.
    Besos de llama que en rastro impreso
    llevan los surcos de un amor vedado,
    besos de tempestad, salvajes besos
    que solo nuestros labios han probado.
    ¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
    cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
    y en los espasmos de emoción terrible,
    llenáronse de lágrimas tus ojos.
    ¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso, te vi celoso imaginando agravios,
    te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
    y qué viste después...? Sangre en mis labios.
    Yo te enseñé a besar: los besos fríos
    son de impasible corazón de roca,
    yo te enseñé a besar con besos míos
    inventados por mí, para tu boca».
    4 min
  • Carta de Virginia Woolf a Vita
    «Me gusta su caminar
    a grandes pasos
    con sus largas piernas
    que parecen hayas,
    una Vita rutilante,
    rosada abundosa
    como un racimo,
    con perlas
    por todos lados.
    Tu abundante pecho:
    sí, como un gran velero
    con las velas
    desplegadas, navegando.
    Te he echado de menos.
    Te echo de menos.
    Te echaré de menos».
    1 min
  • “Éste es un amor” - Efraín Huerta
    «Éste es un amor que tuvo su origen
    y en un principio no era sino un poco de miedo
    y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto.
    Un amor bien nacido de ese mar de sus ojos,
    un amor que tiene a su voz como ángel y bandera,
    un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo húmedo,
    un amor que no tiene remedio, ni salvación,
    ni vida, ni muerte, ni siquiera una pequeña agonía.
    Éste es un amor rodeado de jardines y de luces
    y de la nieve de una montaña de febrero
    y del ansia que uno respira bajo el crepúsculo de San Ángel
    y de todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe por qué llega el amor
    y luego las manos –esas terribles manos delgadas como el pensamiento– se entrelazan y un suave sudor de –otra vez– miedo, brilla como las perlas abandonadas y sigue brillando
    aún cuando el beso, los besos, los miles y millones de besos se parecen al fuego
    y se parecen a la derrota y al triunfo
    y a todo lo que parece poesía– y es poesía.
    Ésta es una historia de un amor con oscuros y tiernos orígenes:
    vino como unas alas de paloma y la paloma no tenía ojos
    y nosotros nos veíamos a lo largo de los ríos
    y a lo ancho de los países
    y las distancias eran como enormes océanos
    y tan breves como una sonrisa sin luz
    y sin embargo ella me tendía la mano y yo tocaba su piel llena de gracia
    y me sumergía en sus ojos en llamas
    y me moría a su lado y respiraba como un árbol despedazado
    y entonces me olvidaba de mi nombre
    y del maldito nombre de las cosas y de las flores
    y quería gritar y gritarle al oído que la amaba
    y que yo ya no tenía corazón para amarla
    sino tan sólo una inquietud del tamaño del cielo
    y tan pequeña como la tierra que cabe en la palma de la mano.
    Y yo veía que todo estaba en sus ojos –otra vez ese mar– ese mal, esa peligrosa bondad,
    ese crimen, ese profundo espíritu que todo lo sabe y que ya ha adivinado que estoy con el amor hasta los hombros, hasta el alma y hasta los mustios labios.
    Ya lo saben sus ojos y lo sabe el espléndido metal de sus muslos,
    ya lo saben las fotografías y las calles
    y ya lo saben las palabras –y las palabras y las calles y las fotografías ya saben que lo saben
    y que ella y yo lo sabemos
    y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos el alma
    y no llorar de amor».
    3 min

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