En el año de 1988 Japón pasaba por una crisis bipolar tan grande que se vió reflejada en los estudios de animación hasta tal punto que estudios ghibli pensó que sería buena idea estrenar mi vecino Totoro al mismo tiempo que esta película, una historia que lo tiene todo, padres ausentes, madres quemadas, tías desgraciadas, hijos mayores con graves problemas para tomar decisiones y muchas pero muchas, en serio demasiadas luciérnagas asesinadas durante el rodaje, ahh si y también hay problemas de desnutrición y abandonos en la primera infancia pero no es nada a lo que no estemos acostumbrados a ver en la guajira. así que coge tu caja de dulces de frutas, ve a tu refugio antibombas preferido y llama a tu psicólogo, lo necesitaras después de ver esta película
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