En ocasiones, nos obcecamos con una idea o con un proyecto, estando tan encorsetados que no tenemos cintura para pivotar, que no sabemos anticiparnos a posibles cambios negativos o reaccionar ante los mismos. Por eso, conviene tener cierta flexibilidad en la toma de nuestras decisiones. Y os pongo un ejemplo, hablaremos del caso de Andoni Goicoechea, fundador de la cadena de hamburguesas Goiko. Hoy en día cuenta con más de 84 establecimientos en 34 ciudades y factura 60 millones de euros. Lo conocéis, ¿verdad?. Pues bien, este joven médico, de origen venezolano, que un buen día decidió aventurarse a coger un local en traspaso y montar un restaurante de hamburguesas, sintetiza muchos de los consejos que nosotros, desde GIE NOW, damos a nuestros jóvenes emprendedores. Siempre hemos dicho que uno de los consejos que debe seguir un emprendedor es desenamorarse de su idea. Pues bien, Andoni no tuvo miramientos en cambiar su idea inicial. Y eso hace grande a un emprendedor. Al principio, Andoni aprendió mucho de los clientes, de las críticas y sugerencias. Y las aceptaba acomodando su idea de negocio a los gustos y opiniones de los clientes. Eso le hizo dar con la fórmula del éxito. No olvidemos que debemos siempre enfocar nuestro negocio al cliente, ser “cliente-céntrico” y no “producto-céntrico”. En cambio, cuando estás enamorado de tu idea, no aceptas críticas, te molestan las opiniones de los clientes (sobre todo si son negativas), piensas que ellos no comprenden tu idea de negocio, y no deseas cambiar tu trayectoria, no te apartas del camino. Cuando algo no funciona, hay que cambiarlo y cuando funciona, ¿sabéis que hay que hacer?: escalarlo, replicarlo para que crezca con el menor coste posible. Y para ello hay que dejarse llevar por lo que le gusta al cliente. ¿Por qué?. (y repito de nuevo); porque debemos ser una empresa cliente-céntrica. El cliente es lo primero. El negocio gira en torno al cliente, a sus gustos: cómo le gusta el pan, la salsa, la carne, etc.
En palabras de Andoni, “cuando pensamos en desarrollar nuevos proyectos, ponemos la mínima cantidad de gente necesaria para que arranque. Si funciona, lo replicamos”. ¿Sabéis cómo se llama esto?. Esto es el Producto Mínimo Viable. La inversión mínima que un empresario debe hacer para testar si su idea, si su proyecto, es viable. Y sólo entonces, pone toda la carne en el asador. No antes. Este es el tercer consejo que damos a nuestros jóvenes empresarios: que utilicen la estrategia lean startup; esto es, que salgan al mercado con una mínima inversión, con un mínimo desarrollo y que la midan. Solo si tiene aceptación, merece la pena desarrollarla. Como asesor, estoy cansado de ver a empresarios que empiezan la casa por el tejado, que montan un negocio por todo lo alto, con fuegos artificiales, y luego se arruinan porque no funciona: alquilar el mejor de los locales, le meten una millonada de reforma, se gastan el presupuesto en publicidad y marketing y luego, al final, después de todo esto, suben el cierre y esperan a ver qué respuesta tiene el mercado. Esa estrategia está obsoleta. Es del siglo XIX. Cuando todo estaba por inventar. Ahora, hay que invertir en base a un producto mínimo viable. Y eso es lo que ha hecho Goiko con otro de sus negocios: Yakuza, un restaurante de Sushi. Buen provecho!.