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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un pequeño pueblo rodeado de montanas nevadas y allí en las afueras del pueblo vivía una pareja con sus tres pequeños hijos. Juan y Ana eran los padres y tenían sus hijos llamados Pedro de 10, Lucia de 8 Y Miguel de solo 5 años.
Como era costumbre la familia siempre viajaba al pueblo en la navidad para empezar la novena de navidad y así reunirse con sus abuelos. Esto era muy importante para la familia porque siempre había un ambiente cálido en la casa de los abuelos y los niños tenían la oportunidad de escuchar historias de su abuelo y luego compartían una deliciosa cena.
Pero aquel ano algo era un poco diferente. Desde hacia dos días había estado nevando y las carreteras estaban cerradas por la acumulación de nieve. Ana y Juan observaban el nivel de la nieve y sabían que de continuar así no podrían salir de su casa para ir al pueblo. Los niños ansiosos no paraban de preguntar cuando saldrían para la casa de los abuelos y honestamente Juan no sabía que responderles.
La tristeza comenzó a invadir la casa y los niños que se había hecho mucha ilusión de la reunión tradicional con los abuelos comenzaron a llorar. Juan y Ana decidieron intervenir y rápidamente comenzaron a inventar juegos que sirvieran como entretenimiento a los 3 niños, pero después de una hora ya lo niños de nuevo preguntaban cuando podrían salir a ver a los abuelos.
Finalmente y después de observar que la nieve seguía cayendo decidieron que había que prepararse para pasar la primera noche de novena en su casa en el campo. Reuniendo a sus hijos les encomendaron que trajeran todo lo que tuvieran que se pudiera utilizar como adorno y tomando unos cordeles comenzaron a colgar en las paredes cuanto juguete había en la casa. Por su parte Ana se metió en la cocina y con gran inventiva fue buscando productos para preparar una comida de navidad que fuera inolvidable.
Los niños ayudaron a hacer galletas y a colgar las medias junto a la chimenea ya que sabían que santa bajaría por ella les podría dejar sus regalos en las medias.
Como era navidad se sentaron junto a la chimenea y Juan comenzó a contar algunas historias que le había oído a sus padres. Pero con cada historia los niños pedían que los llevaran donde el abuelo ya que el era mejor cuenta cuentos.
Ana que usualmente no contaba sus propias historias de su infancia decidio traer algunos recuerdos y compartirlos con los niños que la miraban asombrados reconociendo que su madre también fue una niña. No podían creer las historias que ella les contaba.
Y entre historia y cuentos la noche comenzó a pasar y finalmente Ana decidio que ya era hora de comer, aunque no había mucho para la cena.
De repente, escucharon un golpe en la puerta. Inicialmente pensaron que era alguna rama de un árbol que había caído, pero pronto oyeron otra vez el golpe. Juan corrió hasta la puerta y de un solo movimiento la abrió . Allí estaban sus padres y sus suegros Los abuelos de los 3 niños que se habían imaginado que sus hijos y nietos no se atreverían a salir mientras nevara, pero ellos que habían vivido tantos anos en aquella región sabían que siempre se podía caminar desde el pueblo hasta la montana donde vivían sus hijos. Los abuelos venían bien preparados para la nevada y en un trineo traían muchas bolsas. Allí los niños gritaron de emoción, ver a los abuelos era una gran satisfacción pero ver que además venían con regalos de navidad era lo mejor.
Los abuelos entraron abriendo un caja que traían sacaron todos los elementos para una gran comida de navidad. La bolsas las dejaron cerradas mientras comían. Después de ello y para&
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez en un mundo Maorí en lo que hoy son la polinesias dos dioses que de tanto mirarse se enamoraron Eran Ranginui o rangi el padre cielo y Papatuanuku o papa la madre tierra. Cuando ambos se enamoraron decidieron unirse en un abrazo fuerte y continuo. Tan fuerte y tan continuo que comenzaron a tener hijos pero estos permanecían entre ellos dos viviendo una oscuridad perpetua. Los hijos anhelaban vivir en la luz.
Uno de los hijos llamado Tane se rebela con la situación y sugiere a los otros hermanos que deben separar a sus padre y a su madre para que ellos puedan disfrutar de la vida luz. Su plan es que su padre Rangi pueda vivir lejos de ellos y que su madre en cambio los acompañe cuidándolos.
Los hermano de Tane oyen el plan y deciden poner el plan en acción. El primero es Rongo, el dios de la comida quien intenta suavemente separarlos pero no lo logra, luego lo sigue Tangaroa este dios unió esfuerzos con Haumia el dios de la comida salvaje. Ambos tratan con más energía pero el abrazo entre sus padres continua y sus esfuerzos son inútiles. Rangi y papa continúan unidos en un abrazo amoroso permanente.
Tane que es el dios de los bosques y los pájaros observa como sus hermanos intentan separar a los padres tomando una posición erguida y utilizando sus respectivos brazos. Tane se acuesta boca arriba y haciendo un gran esfuerzo con sus piernas logra que cada uno de los musculos de su cuerpo le ayuden a hacer presión sobre los dos padres. De esta manera logra que uno de los dos padres pierda la fuerza y comience a separarse del otro De pronto con un grito de dolor que retumba por cielo y tierra, Ranginui y Papatuanuku se separan.
Guerra en el Cielo y en la Tierra
Comienza allí una tragedia donde Rangi y papa comienzan a llorar el uno por el otro. Separados viven mirándose y lamentándose.
Y así los hijos de Rangi y Papa ven la luz finalmente y logran tener espacio para moverse por primera vez. Mientras que los otros hijos han aceptado la separación, Tawhirimatea, el dios de las tormentas y los vientos, se enfada porque los padres han sido separados. No puede soportar escuchar los gritos de sus padres, ni ver las lágrimas de Rangi cuando se separa, por lo que promete a sus hermanos que de ahora en adelante, tendrán que lidiar con su ira.
Tawhirimatea vuela para unirse a Rangi, y desde allí se dedica a demostrar su frustración con sus propios descendientes los vientos que envía a cada punto de la tierra. Así que reuniendo a sus hijos, vientos y nubes llena la tierra de chubascos feroces, remolinos, tormentas, nubes espesas, niebla y huracanes de fuertes vientos y lluvias.
Los vientos y las tormentas muestran su poderío castigando de esta manera a los bosque y pájaros de Tane creando caos y tumbando los arboles que caen al suelo y se descomponen sirviendo de alimento para nuevas plantas e insecto
Luego Tawhirimatea dirige su ira contra los océanos y enormes olas formando remolinos hasta que Tangaroa, el dios del mar, huye presa del pánico con su hijo Punga y hasta el día de hoy Tawhirimatea azota los mares con sus vientos.
, Tangaroa, tiene dos hijos, Ikatere, padre de los peces y Tu-te-wanawana), el ancestro de de los reptiles. Aterrorizados por la embestida de Tawhirimatea, los peces buscan refugio en el mar y los ríos. y los reptiles en los bosques.
Así es como Tane suministra a los descendientes de Tumatauenga el creador de los hombres canoas, anzuelos y redes para atrapar a los descendientes de Tangaroa. Tangaroa por su parte contraataca inundando canoas y arrasando casas, tierras y árboles que son arrastrad
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Juan David Betancur Fernandez
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La esperanza de navidad
Había una vez un pueblo de pescadores localizado en el norte del continente en el que vivían no más de un centenar de familias. En ese pueblo vivía una niña llamada clara con su padre y su madre. Clara sabía que la navidad se acercaba a ellos ya que había comenzado a caer nieve y los vientos del norte hacían difícil la pesca, pero todos los pescadores sabían que era necesario obtener la comida para el difícil invierno que se acercaba. Aquel día Clara estaba muy preocupada porque su padre había salido a pescar desde el día anterior y no había vuelto por la noche. Durante todo el día clara se había sentado en la playa a observar el horizonte esperando ver la llegada de su padre pero ya la tarde estaba terminando y no había ninguna señal de el barco de su padre.
Su madre se veía igualmente preocupada pero siempre le decía que siempre que tuviera una preocupación debía pedir a Dios ya que el siempre los oía. Y que nunca nunca se debía perder la esperanza.
Su abuela le había contado múltiples historias de una estrella que era la enviada a dirigir a los que se habían perdido y que muchas veces era la que rescataba a los pescadores perdidos en el mar. Pero le advertía que esa estrella mágica solo aparecía cuando se le pedía con todo el corazón.
Clara allí sentada en la orilla del mar y recordando las palabras de su abuela comenzó a pedir fervientemente por el regreso de su padre, pero no veía ninguna estrella brillante ya que las nubes de la borrasca que se avecinaba cubrían todas las estrella.
Pero Clara seguía aferrada a la esperanza y cerrando los ojos pedía que su padre volviera sano y salvo.
Pasaron varias hora y el pueblo tenía el compromiso de prender ese día las luces del árbol de navidad y como era tradicional se reunían en el centro del parque principal y todos colgaban sus adornos.
Clara con su abrigo rojo y la bufanda tejida por su abuela se acercó lentamente al árbol y con sus manitas llevo una pequeña vela que serviría como adorno y luego pidió una vez más por su padre.
La vela comenzó a brillar mientras algunas copos de nieve caían. De cada uno de los copos que se acercaban a la vela empezaba a brillar una luz cálida que se hacia cada vez más y más fuerte a medida que la nevada comenzaba.
De pronto una luz extraña subió por el árbol y se dirigió hacia lo alto de las nubes y sin saberse como un claro se hizo entre las nubes y allí en lo alto del firmamento apareció una estrella que brillaba como nunca había sucedido anteriormente.
Las familias veían aquello y no comprendían que sucedía pero esa estrella hacia de faro e comenzó a iluminar el mar. De pronto se escucho un murmullo entre los asistentes y uno grito…. Una luz en el mar … Una luz en el mar. Todos corrieron a la playa y efectivamente vieron como en medio de la oscuridad del océano había una luz que se acercaba lentamente. La figura de un bote se iba definiendo alrededor de la luz y con cada segundo el corazón de clara se llenaba de esperanza. La misma esperanza de la que su abuela le hablaba tanto.
De pronto la figura se transformo en un bote y en el bote estaba su papa con una sonrisa enorme y los brazos abiertos. Salto a la playa y dijo. Gracias. Gracias la estrella de navidad me ha guiado hasta aca. Sin ella no podría haber encontrado el camino.
Esa noche, mientras la familia y el pueblo se reunía alrededor del árbol, Clara comprendió que la esperanza es el regalo más poderoso de todos. Y cada Navidad, recordaba mirar al cielo y agradecer por la estrella que había traído a su padre de vuelta a casa.
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez en la antigua Grecia un semidios llamade Heracles o hercules para los romanos que era simplemente el duro de los duros. Este semidios era tremendo héroe y por haber matado a su familia fue condenado a servirle al rey euristeo en todo lo que a el se le ocurriera. Mejor dicho si euristeo tenía un antojito Heracles tenía que decirle. No diga más que yo obedezco.
Pues como veníamos viendo la lista de tareitas se iba creciendo. El leon de nemea, la hidra de Lerna, la cierva de Cerinea el javali de erimanto, los establos de Augías. Y ahora que llego con el jabalí Euristeo le dijo.
Mira Herculito….. Recuerden a a hercules no le gustaba para nada ese sobrenombre y menos en diminutivo. Pero bueno le dijo. Vos que sos tan querido y con tan buenas intensiones necesito que me hagas un favorcito adicional.
Diga no más dijo Heracles…. Yo estoy para servirle.
Bueno te voy a contar una bobadita que me esta molestando. Resulta que en una regioncita que yo conozco y que me gusta mucho hay unos pajarracos de lo más de bullosos y dañinos. Estos benditos pájaros se vinieron en manada a vivir en cerca a un laguito llamado Estinfalo y como te podras imaginar ahí están haciendo de las suyas. Estan todo el día volando y comiendo y producen un sonidito estridente de los más de maluco y yo ya estoy aburrido con ese ruidito.
y además los pajarracos tienen pico, alas y garras de bronce y se creen de lo más divinos. Pues estos pájaros con sus pico, alas y garras de metal se la tienen velada a el ganadito que yo tengo por esos lares y en algunos momentos atacan a los hombres. Y como si fuera poco producen una caquita que es tan toxica que mata los cultivos.
En fin como te cuento Hércules no veía la hora de que llegaras para mandarte a que me mataras esas avecitas por mi. Necesito de que salgas de ellas lo antes posible.
Y dicho y hecho. Muy obediente salió Heracles a estinfalo e inmediatamente se paro en la orilla a mirar cuando aparecían las aves volando sobre el lago y allí mismo comenzó a lanzar flecha envenenadas (recuerdan que el las había envenenado con la sangre de la hidra, Pues ave que pasaba ave que recibía un flechazo.). Pero de pronto se dio cuenta que estas aves eran muchísimas eran como miles y si bien Heracles manto algunas cuantas se acordó que no tenía tantas flechas. Así que se dijo a si mismo.
Ehhh tiene que haber algo más efectivo que matarlas…. No será que por ahí ahí algo que pueda utilizar para espantarlas
Y hercules que dice esto y se le aparece nada más y nada menos que la diosa atenea que era su media hermana por parte de papa. O sea por parte de Zeus.
Y atenea que lo ve todo encartado tratando de matar o atrapar las aves sin lograrlo y le dice… Hombre hermanito (, vos si que sos muy atembao. Como pensas que podes matar miles de pájaros con flechas o con tus manos. Más bien utiliza la inteligencia y no la fuerza bruta.
Y va sacando Atenea una cascabel mágico hecho de bronce y se lo entrega diciendo. Mira esta bellezura de cascabel pero lo mejor es que el produce un sonido como más bien maluquito que con toda seguridad de va a servir.
Heracles miro el tal cascabelito como sin creerlo pero lo cogio y comenzó a agitarlo. Y efectivamente este producia un sonido bien estridente que llego a los oídos de los pájaros y estos salieron volando del lago y el bosque
Heracles miro asombrado a atenea y esta le dijo… Mira hermanito vos podras ser muy fuerte pero también tienes una cabeza y poniendole la mano sobre la cabeza le dijo. Recuerda que esto no lo pusieron para peinarlo….
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Juan David Betancur Fernandez
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Habia una vez un conejito llamado nieve que vivía en lo más profundo de un bosque. Nieve sabía que su nombre se debía a que había nacido en una noche en la que caia la nieve y la mama conejo decidio darle ese nombre a su hijito para recordar aquella noche tan especial. Paso el año y pasaron las diferentes estaciones del ano. Llego la primavera y los prados se llenaron de bellas flores con olores deliciosos. Nieve siempre saltaba entre las flores y cuando llegaba a casa su mama le decía que olia a mil colores.
Llego el verano y la temperatura de el bosque subia, Así que a nieve le gustaba salir a correr hasta un pequeño riachuelo que cruzaba el bosque y de un salto se metia al agua. Allí podía pasar casi todo el día nadando y saltando desde una roca hasta un pequeño lago que formaba aquel riachuelo. Obviamente cuando nieve llegaba a su casa traía mucho pantano y su mama le hacia limpiar antes de entrar. Pero nieve se sentía tan feliz que no protestaba.
Luego llego el otoño y con el cambio de la temperatura venia algo maravilloso. Los arboles del bosque empezaban a cambiar de colores. Nieve que nunca había visto esto se maravillaba de ver como los arboles que antes eran verdes se volvían rojos, naranjas y amarillos. Todo el bosque era una mundo multicolor. Pero el frio llevo a que los arboles dejaran caer sus hojas y nieve vio su bosque convertido en un tapede de hojas. Todo era felicidad para nieve porque así podía saltar por todo el bosque y donde había muchas hojas simplemente se dejaba caer desde alguna roca o desde algún árbol caido. Nieve se reia mucho saltando entre las hojas
Y llego el invierno. La temperatura del bosque era muy fría y ya todos los arboles habían perdido sus hojas. Y una mañana cuando Nieve se despertó vio algo que no podía creer. Todo el bosque era blanco. Blanco como su piel de conejo. Era tan blanco que cuando nieve salia a saltar no se veía porque tenía el blaco de la nieve era exactamente igual a su piel
A Nieve le encantaba el invierno porque podía saltar y jugar en la nieve todo el día sin preocuparse por ser visto por los otros animales.
Un día, mientras exploraba el bosque, Nieve encontró un copo de nieve muy especial. Este copo de nieve era más grande y brillante que cualquier otro que había visto. Parecía brillar con una luz propia, y cuando Nieve se acercó, sintió una calidez inusual que emanaba del copo.
El copo de nieve, al ver la curiosidad de Nieve, comenzó a hablar con una voz suave y melodiosa. "Hola, pequeño conejo. Soy un copo de nieve mágico y puedo concederte un deseo."
Nieve, sorprendido y emocionado, pensó en su deseo. Recordó a sus amigos animales que a menudo se quejaban del frío y de la dificultad para encontrar comida en invierno. "Me gustaría que todos mis amigos animales pudieran disfrutar del invierno tanto como yo," dijo Nieve con esperanza.
El copo de nieve mágico brilló intensamente y, de repente, una ola de energía cálida se extendió por todo el bosque. Todos los animales, desde los osos que hibernaban en sus cuevas hasta los pájaros que se refugiaban en los árboles, sintieron un cambio. Los osos se despertaron de su letargo, los pájaros comenzaron a cantar melodías invernales y los ciervos, que solían temblar de frío, comenzaron a jugar alegremente en la nieve.
Era real magia ya que en el invierno hace mucho frio pero en ese momento todo se sentía como si fuera primavera. Y así cada uno de sus amigos podía salir a disfrutar la nieve pero sin el frio de todo los inviernos. Todo era blanco y hermoso pero el ambiente era cálido y placentero
El bosque se llenó de risas y felicidad. Los animales se reunieron alrededor de Nieve para agradecerle por su deseo desinteresado. "Gracias, Nie
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un rey que tenía una hija muy bella y ya en edad de conseguir marido. El problema era que el rey adoraba tanto a su hija que no quería que nadie se desposara con ella. Sin embargo, las costumbres del reino obligaban al rey a ofrecer su hija en matrimonio. El rey después de pensarlo muchas veces decidio que solo le concedería la mano a aquel que lo obligara a decir eso es mentira, eso es mentira, eso es mentira. Sabiendo que el era un rey muy culto y estudiado podría controlar sus impulsos y negarse a decir las tres veces la frase que le obligaría dar su hija.
Por esos mismas épocas un joven irlandés se enteraría de la noticia de aquel rey y sabiéndose el mejor mentiroso de toda irlanda decidio que el seria quien ganaría la mano de la princesa. Su madre siempre lo reganaba por ser un gran embustero pero esta vez estaba dispuesto a sacarle partido a la fama de mentiroso que tenía. Así que se acercó a su madre y le dijo
Madre seré yo el que gane el reto de hacer decir 3 veces al rey eso es mentira… Así que deme su bendición que yo salgo mañana temprano a ver al rey.
-
A la mañana siguiente, el irlandés mentiroso salió confiado que regresaría con la princesa como esposa. Viajó varios días y, al fin, llegó al palacio del rey. En la puerta lo detuvieron dos guardianes:
-¡Eh, tú! ¿Adónde vas, pequeño irlandés?
-Voy a ver a vuestro rey para casarme con su hija -respondió el embustero sin nisiquiera ponerse colorado una sola vez. Así de seguro estaba de poder hacerlo.
Los guardianes que ya habían visto otros pretendientes anteriormente simplemente lo guiaron enseguida a presencia del rey.
El rey sabía a que venia aquel muchacho, pero antes le iba a mostrar sus riquezas. Llevo al muchacho al prado donde pastaban su vaca y su ovejas y le dijo. Mira muchacho estos son mis animales y te puede decir que son fuertes y carnudos como pocos.
-Así que dime ¿Qué piensas de mi ganado?
-El joven que internamente estaba maravillado por la calidad y cantidad del ganado decidio mantener la calma y le dijo al rey ¿Qué pienso, Majestad? Éstos no son rebaños, ni ganado, ni nada. ¡Deberíais ver el ganado de mi madre! -exclamó el irlandés embustero.
-¿Y qué tiene de especial? -preguntó el rey de Oriente.
-¿Que qué tiene de especial? Hay tantas vacas que con solo el suero que obtenemos de la leche podemos hacer girar setecientas setenta y siete ruedas de molino.
-Hum, hum -gruñó el rey – ya veo que estas tratando de que yo repita 3 veces lo que ya sabes pero te advierto que no lo lograrar.
Luego llevo al muchacho al enorme campo donde estaba un plantio enorme de coles. Y con voz de suficiencia le dijo … Ahora muchacho listo
-¿Qué piensas de mis coles? -preguntó.
-¿Que qué pienso, Majestad? Que éstas no son coles sino, a lo sumo, unos pobres brotes. ¡Deberíais ver las coles que cultiva mi madre! -exclamó el irlandés embustero.
-¿Y qué tienen de especial? -preguntó el rey de Oriente.
-¿Que qué tienen de especial, Majestad? Son tan grandes que una vez, bajo una hoja de aquellas coles, fue posible celebrar un banquete de bodas. Incluso, como estaba lloviendo los invitados pudieron bailara y comer sin necesidad de salir del refugio que le daban las coles de mi madre.
-Hum, hum -farfulló el rey de Oriente ya veo que eres dificil, y condujo al embustero a un huerto muy extenso donde crecían habas.
-Dime ahora qué piensas de mis habas -preguntó.
-¿Que qué pienso, Majestad? Pero ¿éstas son habas? ¡No son habas ni nada! ¡Deberíais ver las habas del huerto de mi madre! -exclamó el irlandés embustero.
-¿Qué tienen de especial? -preguntó el rey de Oriente.
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Juan David Betancur Fernandez
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Hoy continuamos con una tareíta mas de Heracles.. Y la de hoy esta como de mal olor.
Había una vez un héroe llamado Heracles que bien ocupado estaba cumpliendo con las tareas que le estaba mandando a hacer el rey Euristeo para pagar el pecado de haber matado la familia.
Pues después de el león de Nemea, la hidra de lerna, la cierva de cerinitia y el jabalí de erimanto ya el rey euristeo estaba hasta la coronilla de la eficiencia de Heracles y como para quitárselo de encima y para hacerle la maldad pensó en mandarlo a hacer algo bien maluco.
Por aquellas épocas era sabido que el rey Augias tenía muchos animales entre caballos, toros, vacas , ovejas, etc. Y que muchos de estos los tenía bien guardaditos en una pesebrera que había mandado a construir para su deleite.
Pero resulta que el tal Augias era medio holgazán y nunca, cuando se dice nunca es nunca había decidido limpiar las pesebreras de los desechos orgánicos de sus animales. Se decía que era tal la cantidad de estiércol que se había acumulado en los establos que se había acabado el abono orgánico de origen animal en toda la región ya que los animales no salían a hacer en los prados del reino.
Pues el olorcito de los establos llegaba a sentirse a cientos de kilómetros a la redonda y que incluso en las redes sociales no se hablaba de otra cosa y ya era trending griego , El olorcito parece que le había llegado al rey Euristeo que decidio que el siguiente trabaja para hercules seria ir hasta los establos y limpiar estos de cuanto se había acumulado allí por mucho tiempo.
A hercules no le pareció como buen idea el ir a limpiar anos de estiércol pero como le tocaba y no tenía de otra cogio camino para donde vivía el Rey Augias y allá se le presento diciéndole.
Oiga don Augias yo que vengo pasando por aquí le cuento que el olorcito que desprenden sus establos esta como fuertecito….
El rey haciéndose el desentendido le dijo. De verdad yo como que no lo había notada… Pero si usted lo dice.
Y Hercules que se le sale el paisa y le dice. Mire Rey si usted quiere yo se los limpio pero tenemos que arreglar los honorarios y dada la cantidad de estiercol le cuento que le puede salir como carito el mandado.
El rey Augias le dijo. Mire hagamos un trato. Si usted lo limpia en un solo día yo le doy una parte de los animales que tengo. Pero tiene que ser en un solo día o si no pierde el pago.
Listo para lo que no hay pereza , dijo Heracles.. Déjemelo a mi y yo me encargo de eso.
Y salió hércules para el establo y cuando vio en detalle el m… que había allí se preocupo ya que si como que estaba difícil la limpiadita.
Pero a lo lejos se dio cuenta que había dos ríos que pasaban más o menos cerquita y decidio que lo que podía hacer es que la madre naturaleza le ayudara con el mandado. Así que se subió hasta donde estaban los días y a punto te pico y azadón desvió los dos ríos y los junto en una represa que puso arribita de donde estaban los establos. Luego espero a que la represa se llenara y de un solo manotazo la derrumbo.
Y comienza a bajar el agua por la ladera hasta que llego a los establos y dicho y hecho el agua se llevo todo el estiércol que había allí. Y cuando esto sucedió pues los establos quedaron limpios y brillantes como cuando nuevos.
Así que hércules se fue para donde el Rey augias y le dijo
Mire patrón como le prometí sus establos quedaron limpios y en menos de un días, así que déjese caer con el ganadito que me prometió.
Pero Augias que se las tiraba de vivo le dijo&n
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un anciano ermitaño que se había retirado a lo alto de una montaña para alejarse de las debilidades del ser humano. Sabiendo que su forma humana estaba llena de tentaciones tanto físicas como espirituales se dedicó a una vida simple pero gratificante. La vida de aquel que es capaz de comprender lo imperfecto que podemos ser.
Desde lo alto de la montaña aquel ermitaño veía como todo transcurría en el mundo sin que lo afectara a el y así podía dedicarse a la contemplación y el perfeccionamiento del alma.
Este ermitaño llevaba muchos años viviendo en soledad y sus prácticas alimenticias y corporales lo llevaron a ser muy longevos, sus cabellos eran tan blancos como la nieve y su rostro estaba surcado por arrugas profundas que contaban historias de más de cien años de vida. Pero lo más sorprendente es que a pesar de su edad, su mente seguía aguda y su cuerpo tan flexible como una caña de bambú.
Pero lo que era más sorprendente es que a través de años de estricta disciplina y severas austeridades, este ermitaño había alcanzado un dominio impresionante sobre sus facultades y desarrollado extraordinarios poderes psíquicos. Pero, a pesar de todo ello, no había logrado aplacar su orgulloso ego.
Como la muerte no perdona a nadie, un día, Yama, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapara al ermitaño y lo llevara a su reino. Una mañana el ermitaño despertó con una sensación extraña, y haciendo uso del avanzado poder de clarividencia que había desarrollado pudo ver con anticipación que una fuerza mortal se acercaba a el. Pudo ver la figura del emisario de la muerte y antes que este se hiciera presente en su cueva en las montañas pudo prepararse. Adivinando las intenciones de la muerte decidio que el lo engañaría para así evitar que lo sacara del mundo. Utilizando la técnica de la multiplicidad del ser y la ubicuidad creo 39 copias exactas de su ser y las instalo a lo largo y ancho de su caverna. Las copias eran totalmente funcionales y así cuando el emisario de Yama el señor de la muerte entro vio como 40 seres con idénticas características del ermitaño vivían y se desplazaban por la gruta.
Para el emisario esto era totalmente extraño, nunca había visto que un ser tuviera copias y menos aún que estas fueran exactamente iguales hasta los mínimos detalles. Le era absolutamente imposible distinguir el cuerpo del ermitaño que había venido a buscar y sabía que no podía simplemente coger alguno de ellos y llevárselo. o. Frustrado, el emisario de la muerte regresó junto a Yama y le explicó lo ocurrido.
Yama, el poderoso Señor de la Muerte cuando llego el emisario se extrañó de que regresara solo, así que le pregunto que había sucedido para que no hubiera cumplido con la tarea asignada. El emisario apenado se dedicó a narrarle como había entrado a la gruta y como había sido sorprendido por decenas de seres idénticos a el ermitaño que debía llevarse. Y como había decidido regresar debido a la imposibilidad.
Yama, reflexionó por unos momentos comprendiendo claramente el predicamento en que se encontraba su emisario, pero como era la muerte y había confrontado por milenios a millones y millones de seres humanos comprendió que debía hacer para que el ermitaño cumpliera con el deber sagrado y eterno de la muerte.
Llamando suavemente a su emisario, se acercó a el y con baja voz se acercó a su oído y le susurro unas cuantas palabras. El emisario sonrió cuando escucho las instrucciones e inmediatamente salió hacia la caverna del ermitaño que lo había engañado.
Una vez más, el ermitaño, con su poder de la clarividencia reconoció la cercanía de el emisario de la muerte y se preparó de nuevo para rec
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Juan David Betancur Fernandez
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Hoy continuamos con otra de las 12 tareas de hercules.
Había una ver un héroe griego semi dios llamado Heracles o hercules para los romanos
Heracles como veíamos hace algunos cuentos atrás había cometido el peor de los crímenes contra su propia famila y necesitaba pedir perdón y lo obligaron a ser el esclavo de el rey Euristeo y tenía que hacer lo que este rey le ordenara. Después de cazar al leon de nemea, a la hidra de lerna y de atrapar a la cierva de cerinia
Euristeo que ya estaba cabezon con la eficiencia de hercules le dijo.
Entonces Heracles… ahora si te voy a poner algo tenaz. Te toco ir.a atrapar el Jabali de erimanto
El jabalí que vivía en la montana de erimanto tenía fama mundial por que era bien malo,
Pero no solamente tenía que atraparlo, lo tenía que traer al palacio de el; rey Euristeo.
Debía cazar al jabalí de Erimanto y debía, ahí es nada, traerlo vivo a palacio.
¿Y qué tenía de especial este jabalí para que Euristeo lo considerase una presa tan preciada?, El jabalí era tan fuerte que era capaz de tumbar un árbol de un solo envion y tenía la fea constumbre de matar el ganadito y a los hombres que por allí se veían caminando. Ese jabalí era bien mala leche.
. Todos los días el jabalí bajaba de su guarida en la montaña atacando, hiriendo y comiéndose cuanto se encontraba en su camino. Una presa complicada, como siempre, a la que se debía enfrentarse Hércules.
En cuanto le asignaron ese trabajito Heracles se puso en camino pero al poner la dirección en su gps se dio cuenta que eso estaba bien lejos y decidio parar donde su amigo el centauro Folos para descansar y tomarse un buen vinito.
Folos era un centauro, como quien dice mitad caballo y mitad humano. Y le fascinaba el buen vino. Y parece que tomaba bastantico. De ahí viene el dicho de bebe como un caballo.
El punto es que Heracles se sentó a tomar y a tomar vino del bueno durante la noche, pero a medida que pasaba la noche y el vino fluia y la conversación se ponía más interesante a Heracles le fue dando mucha sed y le pidió a su amigo Folos que le regalara un poco de el vino que había escondido el dios Dionisio para ocasiones especiales
Y Folos muy amablemente saco de la cueva el vino y comenzó a servirlo. Pero como este vino era tan exquisito y producia un olor tan estupendo los demás centauros lo olieron y desde leguas a la redonda comenzaron a correr hacia donde estaba Heracles y su amigo Folos.
Y allí llegaron los demás centauros en tropel y bastante enojados porque cada que ellos le pedían a Folos que sacara el vino de Dionisio, este les decía que no que porque ese vino era solo para las visitas. Así que se aguantaran las ganas.
Y allí llegaron los centauros armados con piedras, hachas, antorchas y rodearon a Heracles y a Folos.
Pero Heracles que no era ninguna perita en dulce se levanto, tomo sus flechas envenedadas con la sandre de la hidra de lerna y saltando por los aires empezó a lanzar flechas envenenadas a diestra y siniestra.
Y allí cayeron muchos centauros y solo unos pocos escaparon con vida.
Pero la suerte no acompano a Folos ya que tomo una de las flechas que habían matado a los centauros y se maravillaba que algo tan pequeño fuera tan mortal, Pero la flecha se le resbalo y le cayo en un pie. Y el veneno hizo efecto y lo mato
Después de derrotar a los centauros y con el corazón
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un ministro del emperador que tenía fama de sabio. Todo el mundo le alababa, pero nadie sabía decir por qué.
-Ese hombre es tan tonto como nosotros -comentó un campesino con sus amigos. Sólo porque tiene poder, la gente piensa que es inteligente.
-Si es así, ¿por qué no le desenmascaras? A lo mejor el emperador te nombra ministro.
-Lo haré -respondió el campesino. De eso podéis estar seguros -y todos se echaron a reír, porque pensaban que entre los animales y los hombres que labran la tierra no hay mucha diferencia.
Sin embargo, el campesino poseía una inteligencia despierta y una valentía sin límites. En cuanto llegó a su casa se disfrazó de monje y se lanzó a los caminos.
-Una limosna -decía cada vez que se cruzaba con alguien. Nuestro monas-terio es rico, pero quienes lo habitamos somos pobres.
Raramente se marchaba con las manos vacías. Su interpretación era, de hecho, tan perfecta que un día hasta su mismo padre le echó una moneda.
«iNo me ha reconocido! -se dijo. alborozado, el campesino. Creo que estoy ya preparado. ¿Para qué perder más tiempo?»
Entonces se dirigió al embarcadero. Lo usaban sólo los comerciantes para atravesar con sus riquezas el río. Siempre estaba protegido por soldados y no permitían que nadie se acercara a él.
-No puedes entrar -dijeron al verle. Por aquí pasa tanto dinero que, si no andamos con cuidado, más de un ladrón haría su agosto.
El campesino hizo como si no hubiera oído y siguió adelante.
-Bah, déjale -dijo uno de los soldados. Es un pobre monje. ¿Qué mal puede hacer?
Sin embargo, a los comerciantes no les pareció bien que una persona así atravesara con ellos el río. No estaban equivocados. Apenas se despegó el barco de la orilla, el falso monje empezó a repartir entre ellos cuentas para recitar los cien nombres de Buda y dijo:
-Vosotros chupáis la sangre al pobre y engordáis con ella. Arrepentíos y quizá logréis romper el penoso ciclo de la reencarnación.
Algunos estaban tan asustados por la velocidad de la corriente que preguntaron:
-¿Qué podemos hacer? ¡Nosotros somos comerciantes! El falso monje respondió:
-Repetid los cien nombres de Buda.
Los comerciantes así lo hicieron, pero el monje no parecía satisfecho.
-¿Es que no notáis la presencia de la muerte? -gritaba sin cesar. ¡Repetid con más fuerza los cien nombres del Inmutable!
Los comerciantes los recitaron con tanto empeño que se hipnotizaron unos a otros y cayeron en trance. Entonces el campesino les robó todo lo que llevaban y se marchó nadando hacia la otra orilla.
En cuanto se enteró de lo ocurrido, el ministro sabio no salía de su asombro.
-¿Que un monje ha desvalijado el barco de los comerciantes? -preguntaba, irritado.
-Sí -respondieron algunos de ellos. Ha sido un castigo divino. Nosotros mismos vimos cómo el monje volaba por los aires.
El pueblo se enteró de lo ocurrido y empezó a comentar:
-Nuestro ministro no es tan sabio como creíamos. Si un monje es capaz de robar y quedar impune, ¿qué no podrá hacer un bandido?
Aquella noche el campesino volvió a preguntar a sus amigos.
-¿Veis cómo tenía razón? Hasta las personas más ignorantes se han dado cuenta de que nuestro ministro es incapaz de capturar a un pobre monje.
-¿De qué te extrañas? -le respondieron. Ese hombre era un enviado de Buda. ¿Cómo se puede apresar a quien puede volar por los aires?
El campesino tuvo, pues, que volver a disfrazarse. Esta vez se vistió de mujer. Como era joven y tenía los ojos tristes, apenas se notaba que era un hombre. Además, poseía un perfume que emborrachaba los sentidos. Se lo había robado a uno de los comerciantes y cuantos lo olían volvían hechizados la cabeza.
-¡Qué mujer tan hermosa! -exclamaban los que la veían por la c
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