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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez en un mundo Catio un hombre que solía salir a cazar en la selva del lo que hoy conocemos como el tapón del Darién entre Colombia y Panamá. Esta selva profunda escondía muchos animales que podían ser peligrosos y muchos que podían matar un hombre con solo tocarlo. Y así sucedió con este indio catio que después de haberse levantado de su chinchorro al amanecer comenzó a buscar entre los grandes pantanos de la selva un animal para comer. Desafortunadamente el hombre se cruzo con la rana dorada, uno de los animales más venenosos del mundo. La rana al sentir el paso de aquel hombre catio salto y golpeo su pierna. Inmediatamente la pierna empezó a dolerle y más importante empezó a hincharse. A tientas el catio llego hasta su bohío y allí se acostó a esperar la muerte inevitable. Pero algo extraño ocurrió. Sus pierna comenzó a hincharse y a hincharse hasta que su pantorrilla se abrió de golpe. Y justo antes de que el hombre muriera dos gemelos nacieron.
Ese mismo día los padres de aquel hombre escucharon el llanto de los niños en el bohío de su hijo y corriendo llegaron pero ya era tarde para salvar a su hijo pero a tiempo para recoger a el par de mellizos que habían nacido de la pierna del hombre.
Con amor los acogieron y los viejos los criaron. Paso el tiempo y un día los muchachos ya crecidos comenzaron a preguntar por su origen. El viejo les comento que habían nacido de la pierna de su hijo y que extrañamente su padre había muerto.
Los jóvenes ofendidos le preguntaron a su abuela quien había asesinado a su padre y la abuela con el dolor de toda madre que pierde un hijo solamente miro hacia el cielo y con voz entre cortada dijo. Aquella luna que esta sobre nuestros cuerpos fue la culpable de que su padre muriera.
Los muchachos que ya para ese tiempo eran grandes y fuertes decidieron que ellos le harían pagar a la luna por haber asesinado a su padre. Con mucha voluntad comenzaron a planear como llegar a lo alto donde vivía la luna.
Adentrándose en la selva comenzaron a cortar guaduas altas y bejucos que encontraban colgando de los grandes arboles de la selva. Uno a uno fueron recolectando lo que necesitaban para construir una torre que les permitirá alcanzar la malvada luna que les había arrebatado a su padre.
Durante los primeros días de construcción solamente alcanzaron a subir un poco, pero a medida que aprendían y perfeccionaban la técnica de construcción su progreso era mayor y ya en pocos días había superado la altura de los arboles más altos de la selva. Después de otros días ya podían ver desde la altura el final del tapete verde de las copas de los arboles y el inicio de ambos mares que se asomaban al norte y al sur.
Pasado el tiempo la torre llego a perderse en lo alto de la selva y superaba fácilmente la altura misma de las nubes.
Finalmente cuando ya pasaron las alturas de las más altas nubes los dos hermanos llegaron a las proximidades de la luna. Allí podían ver y sentir la luz que emanaba de aquel blanco rostro que les habían dicho le había arrebatado su padre .
Cuando tocaron finalmente a la luna uno de los hermanos gemelos tomo una cana y golpeando a la luna le creo unos moretones que hasta el día de hoy se pueden ver desde la tierra.
Pero cuando se preparaban para castigar aún más a la luna un pájaro carpintero comenzó a picar la base de la torre de guaduas buscando gusanos y la torre comenzó a fallar por el golpeteo incesante del pája
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez una muchacha mapuche en lo que hoy conocemos como chile Esta joven se llamaba Lincarayén y era la hija del jefe toqui~ y se decía en aquel pueblo que era la doncella más hermosa de la tribu. Su rostro era tan bello que muchos decía que era graciosa y delicada como la flor de la Quilineja
Cuando ella paseaba por la tribu los ojos de el Quiltrapiche sonreían ya que el la amaba desde el primer día que la vio.
Sin embargo, Quiltrapiche sabía que la joven no era feliz. Y nadie era feliz en aquel poblado ya que un genio maléfico, llamado Pillán, había repartido sus demonios en el poblado, y toda la paz y bienestar de la tribu había desaparecido de la faz de la tierra.
Este demonio que habitaba y estaba prisionero en el volcán Osorno al que había dado origen después de ser desterrado y lanzado desde lo alto, tuvo envidia de Quitralpi. No pudo resistir tanto amor entre los jóvenes y decidió interrumpir la felicidad de Licarayén y Quitralpi. Pirepillán comenzó entonces a vomitar humo, azufre y fuego, haciendo temblar la tierra.
. ¿Cómo podían dedicarse a sus labores si desde los volcanes ese dios destructor les enviaba fuego para arruinar las cosechas?
¿Para quéarriesgarse a desobedecerle si luego los castigaría,dándoles a beber una pócima que deformaba sus rostros y los hacía gritar con voces más roncas que el más ronco de los truenos?
Desde hace mucho tiempo ninguno del pueblo se atrevia a mirar las cumbres de los volcanes por temor a que eso creara mayores desastres.
Por las noches las cosas eran peor. Ya que de la boca de los
Calbuco y Osorno salina enormes llamaradas que iluminaban el cielo convirtiéndolo en un
infierno. Y todos tomaban esas señales como una advertencia de que algo iba a suceder al otro día.
Por la tarde, la tribu se juntó para celebrar el nguillatún. Todos, hombres, mujeres y niños, pidieron juntos. La naturaleza les acompañó con el canto de los pájaros, el ruido de las cascadas y el viento. De repente, todo se quedó quieto: el viento paró, la tierra flotó, los pájaros se detuvieron en el aire, las aguas se estiraron y el humo de los volcanes desapareció. El silencio fue tan profundo que solo se escuchaban los corazones latiendo rápido, esperando lo que iba a pasar…
De repente, apareció un anciano desconocido en la tribu. Caminó hacia ellos, levantó una mano y todos entendieron que iba a hablar. Su voz era tan suave que parecía venir del espíritu, no de la garganta. —El demonio que los atormenta vive en el fondo del volcán —dijo—. Cuando trabajan, su ira se convierte en fuego que desciende por las laderas y arruina los sembrados. Pero lo pueden vencer...
Las súplicas se elevaron alrededor del extraño. Cuando los hombres guardaron silencio, el viejo continuó:
—Tenéis que lanzar una rama de canelo en la boca del volcán.
Ahora las voces eran de protesta:
—¿Cómo nos acercaremos? ¡Las llamas del demonio nos quemarían! —¡La tierra arde por los costados del volcán! —¡El agua hirviente chorrea!
El anciano esperó a que todos callaran.
Debéis sacrificar a la doncella más hermosa y pura de la tribu. Sacaréis su corazón y lo dejaréis cubierto por
una rama de canelo en la cumbre del cerro Pichi Juan ...
u voz se volvió más suave aún. Todos se acercaron para escuchar:
—... entonces, descenderá un gran pájaro. Tragará su corazón, tomará la rama y volará hacia el volcán Osorno. Cuando deje caer l
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un oficinista jefe que llego donde sus subalternos con cara preocupada. Con premura decidio convocar a una reunión de urgencia a todos sus empleados dirigiéndoles un memorando donde quedaban obligados a asistir a la reunión.
Todos los empleados en cuanto recibieron el memorando terminaron lo que estaban haciendo y se pararon de inmediato en el corredor central del edificio de oficinas y comenzaron a mirarse unos a otros esperando que diera la hora para la reunión. Faltaban todavía tres horas para la reunión y todos habían dejado de trabajar y comenzaron a discutir y a especular de que se trataría esa misteriosa reunión de urgencia.
A medida que los minutos pasaban la ansiedad comenzaba a crecer, debido a esto las especulaciones comenzaban a aparecer. Algunos decían que lo más probable era que la empresa se había declarado en quiebra y habría un despido masivo de personal y que ya debían empezar a pensar en las alternativas de trabajo y las consecuencias que tendría el despido cuando este sucediera. Otros especulaban que no debía ser un despido, sino que posiblemente se trataría de un movimiento de oficinas. Esto implicaría el moverse de su ambiente tradicional a otro lugar del edificio y también implicaría la reorganización de las oficinas. Esto creaba aún más ansiedad porque a nadie le gusta mover su ambiente de trabajo. Otros decían que la empresa debió haber sido comprada por otra empresa y que se vendría una integración y posibles despidos. Esto incremento más la preocupación ya que implicaría que muchos deberían aprender a trabajar con otra empresa y otros simplemente serian despedidos debido a la redundancia de trabajo.
En este ambiente de inquietud y especulación los nervios iban incrementándose y cada segundo parecían minutos y cada minuto horas y ni que decir cada hora era una eternidad.
Cuando el reloj dio las 12 y era hora para la reunión todos al unisonó se dirigieron a la puerta de la sala de reuniones y metódicamente fueron seleccionando una silla donde pudieran sentarse para recibir la noticia que el jefe les daría. El jefe los esperaba a todos sentado con una cara de preocupación que incremento la preocupación de cada uno que iba cruzando la puerta.
Cuando todos entraron había un silencio ensordecedor que ninguno se atrevía a quebrantar. De pronto el jefe con voz autoritaria dio la noticia y todos sin excepción lanzaron un aullido de terror.
Esto era peor de lo que ellos se imaginaban. El murmullo iba creciendo con cada segundo y entre los asistentes se pusieron a mirar unos a otros con desprecio. De pronto uno señaló a otro y le dijo…. Usted. El otro dijo …. Yo no…. Porque no usted. Y el otro dijo yo nunca primero muerto. Otro más se levantó y dijo…. Yo propongo a otro….Y el otro se levantó furioso y claramente se negó. Todos comenzaron a negarse y a señalar a otros. El jefe callado miraba lo que sucedía y finalmente después de media hora de discusiones se levanto de su silla y mirando a todos señaló al becario y le dijo. Usted.
El becario que llevaba solo un par de meses en la empresa, palideció, sabía lo que esto representaba y sabía que posiblemente su vida profesional terminaría allí. Pero igualmente sabía que no había forma de evitar la responsabilidad. Así que bajo la mirada de todos en la sala de reuniones decidio enfrentar su destino. Pero en ultimo momento dijo. No me haga esto jefe mire que soy joven y tengo toda la vida por delante. Pero el jefe voltio la cabeza y no lo miro más.
Se levanto lentamente de su silla y con lágrimas en los ojos miro a sus compañeros de trabajo y comenzó a salir mientras todo el auditorio lo acompañaba en total y sepulcral silencio.
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Juan David Betancur Fernandez
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Habia una vez en los primero días en las tierras de lo inuit un mundo en que no existía luz en la tierra. Todo era oscuridad. No se podían ver animales ni las plantas, ni las rocas ni los seres humanos. Pero en esa época los hombres y los animales vivían juntos y no había ninguna diferencia entre ellos. Ellos vivían una vida en que una persona podía llegar a ser un animal o un animal podía llegar a ser un ser humano. Había lobos, osos y zorros que cohabitaban con los humanos pero cuando se convertían en humanos vivían junto a los demás humanos. Todos pues podían tener diferentes habitos pero todos hablaban el mismo lenguaje, vivían en el mismo tipo de casa y casaban de la misma manera.
Sucedió que un zorro y una liebre se encontraron y el zorro al verla dijo. Oscuridad, oscuridad oscuridad. Me gusta la oscuridad porque así puedo salir a cazar y robar lo que los humanos hayan cazado.
La liebre se quedo pensando y saltando dijo. Yo no quiero la oscuridad yo quiero la luz ya que de esta manera podre encontrar mis alimentos así que yo quiero el día el día el día.
Durante esos primeros tiempos las palabras eran mágicas y cuando algo se decía podía inmediatamente volverse en una realidad ya que lo que la gente deseaba podía suceder. Así que el mundo al oír las palabras de aquella liebre produjo el milagro de la luz y la tierra de los inuit comenzó a brillar reemplazando la noche oscura, pero como el zorro también tenía su deseo la luz fue luego reemplazada por la oscuridad y así ambos obtuvieron lo que deseaban. Y los inuit comenzaron a disfrutar de los días y las noches.
Con el paso de los tiempos los inuit comenzaron a tener hijos y las islas del norte comenzaron a llenarse de seres humanos. Pero en esos tiempos no existía la muerte y así todas las islas donde los inuit vivían se fueron sobre poblando. Después de varias generaciones las islas tenían tantos humanos viviendo en ellas que comenzaron a moverse peligrosamente debido al peso de los seres que vivían en ella.
Así que un día una a una de las islas se fueron hundiendo y hundiendo y el mar comenzó a subir y a subir cubriendo todos los valles y las montanas y los inuit no tuvieron donde huir.
Así tmuchos de los habitantes de aquellas islas sobre pobladas se ahogaron y solo unos que andaban pescando sobrevivieron. y así la muerte apareció por primera vez. Con el tiempo las aguas comenzaron a retroceder y los inuit pudieron volver a sus tierra, pero ya la muerte había logrado instaurarse en el mundo.
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Juan David Betancur Fernandez
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Connla, el de la Cabellera Roja, era hijo de Conn, el de las Cien Batallas. Un día, mientras se hallaba junto a su padre en lo alto del cerro de Usna, vio venir hacia él una doncella vestida con extrañas ropas.
-¿De dónde vienes, doncella? -dijo Connla.
-Vengo de las Llanuras de los inmortales -dijo- donde no hay muerte ni pecado. Allí siempre es fiesta y en nuestro gozo no necesitamos la ayuda de nadie. En nuestro placer no hay ningún conflicto. Y como tenemos nuestras casas en las redondas colinas verdes, los hombres nos llaman el Pueblo de la Colina.
El rey y todos los que estaban con él se maravillaron de oír una voz donde no veían a nadie. Pues, salvo Connla, ninguno de ellos vio al Hada.
-¿Con quién estás hablando, hijo mío? -dijo el rey Conn.
Entonces la doncella respondió:
-Connla habla con una joven y hermosa doncella, a quien no le espera la muerte ni la vejez. Amo a Connla y ahora quiero llevármelo conmigo a la Llanura del Placer, Moy Mell, donde Boadag reina para siempre jamás y donde no ha habido queja ni pena desde que él ocupa el trono. ¡Oh, ven conmigo, Connla, el de la Cabellera Roja, rosado como la aurora y de piel leonada! Una corona de hada te aguarda para adornar tu hermoso rostro y tu regia figura. Ven, y ni tu hermosura ni tu juventud se marchitarán hasta el pavoroso día del juicio.
El rey, atemorizado por las palabras de la doncella, a la que oyó aunque no pudo verla, llamó con voz fuerte a su druida, de nombre Coran.
-¡Oh Coran, el de los muchos hechizos y la magia astuta! -dijo- necesito tu ayuda. Sobre mí ha recaído una tarea demasiado grande para mí habilidad y mi ingenio, mayor que todas las que me han sido impuestas desde que me apoderé del trono. Ha venido a nosotros una doncella invisible y con su poder quiere arrebatarme a mi querido y hermoso hijo. Si no me ayudas, será arrebatado a tu rey con estratagemas y brujerías de mujer.
Entonces Coran, el druida, se adelantó y recitó sus conjuros hacia el lugar donde se oyó la voz de la doncella. Y nadie volvió a oír su voz, ni Connla pudo verla ya más. Pero, mientras desaparecía ante el poderoso conjuro del druida, lanzó una manzana a Connla.
Durante todo un mes, a partir de aquel día, Connla no comió ni bebió nada, salvo de aquella manzana. Pero la parte que comía de ella volvía a crecer, y la manzana siempre estaba entera. Y durante todo ese tiempo creció dentro de él un intenso anhelo y una fuerte añoranza por la doncella que había visto.
Pero cuando llegó el último día del mes de espera, Connla se hallaba al lado de su padre, el rey, en la Llanura de Arcomin, y de nuevo vio a La doncella venir hacia él, y otra vez ésta le habló.
-Un lugar glorioso, en verdad, ocupa Connla entre los mortales efímeros que esperan el día de la muerte. Pero ahora el pueblo de la vida, aquéllos que viven para siempre, te ruegan y te invitan a que vengas a Moy Mell, la Llanura del Placer, pues han aprendido a conocerte viéndote en tu casa entre tus seres queridos.
Cuando Conn, el rey, oyó la voz de la doncella, llamó a voces a sus hombres y dijo:
-Hagan que venga a toda prisa mi druida Coran, pues veo que hoy ella tiene de nuevo el poder de hablar.
Entonces la doncella dijo:
-Oh, poderoso Conn, luchador de cien batallas, el poder del druida es poco apreciado; se lo tiene en poca honra en la tierra poderosa poblada por tantos de los justos. Cuando llegue la Ley, abolirá los conjuros mágicos del druida que vienen de los labios del falso demonio negro.
El rey Conn observó que, desde la llegada de la doncella, su hijo Connla no contestaba a nadie que le dirigiera la palabra. Por eso Conn, el de las cien batallas, le dijo:
-¿Qué piensas de lo que dice esta mujer, hijo mío?
-Es muy duro para mí -respondió Connla-. Amo a mi pueblo por encima de todo; y,
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un rey que desde que era un príncipe se había dedicado a mirar el cielo en las noches. A este rey el encantaba contar las estrellas pero noche a noche perdia la cuenta de cuanta llevaba y a la siguiente noche tenía que volver a empezar. El príncipe no era conocido por su inteligencia pero si por su persistencia. Cuando su padre el rey murió el heredo la corona y ya convertido en rey continuaba con su afición de salir a mirar las estrellas.
Una noche vio salir la luna en el horizonte. Aquella noche en particular la luna llena se veía extremadamente bella y luminosa y además en el horizonte se veía muy grande, más grande de lo usual. Allí mismo le surgio una idea. Queria llegar a la luna. Queria subir desde la tierra hasta la luna y pensó que la mejor manera seria construyendo una torre que el pudiera trepar para alcanzar la luna. Una torre tan alta que el pudiera rozar el cielo.
Mando a llamar al siguiente día al mejor carpintero de su reino. Los guardias fueron hasta el pueblo y preguntando y preguntando recibieron el dato de que el mejor carpintero era un hombre de ya avanzada edad que vivía a las afueras del reino. Allí donde comenzaba el bosque. Los guardias inmediatamente cabalgaron donde vivía el carpintero y encontraron a un hombre sentado en un banco trabajando una pieza de madera. Los guardias se presentaron y le pididieron que los acompañara hasta el palacio real ya que el rey mismo quería asignarle una tarea muy especial. El viejo carpintero tomo algunos de sus herramientas y montando en su caballo acompaño a los guardias reales hasta el palacio mismo del rey.
He de decirse que el asombro de de aquel viejo carpintero era total. Nunca había estado en el palacio y menos frente a frente con el rey. El rey al verlo llegar le dijo. Buen hombre te he mandado a llamar porque tengo una tarea muy especial. Te ordeno que me construyas una torre tan alta tan alta que me permita subir hasta el cielo donde habita la luna. Deseo poder llegar a la luna y conocerla.
El carpintero que pese a ser muy humilde era bastante inteligente le dijo.
Hasta el cielo su majestad. Esta usted seguro que ese es su deseo.
El rey enojado por la pregunta le contesto. Si hasta el cielo y quiero que comiences inmediatamente y recuerda que tu cabeza esta en juego. Así que pide lo que requieras y se te será traído
¿Qué podía hacer el pobre carpintero? Cogió sus herramientas y se translado al patio central de aquel palacio. Allí le pidió a los guardias que trajeran del pueblo 100 obreros de carpinteria y que fueran al bosque y aserraran más de 100 arboles y los trajeran para que el pudiera tener los maderos que necesitaría para la torre.
Dos días después el rey se presento en el patio y solo vio algunos maderos pero no había ninguna torre. Impaciente llego hasta donde el viejo carpintero y le reclamo por no ver ningun avance en el proyecto. El carpintero le explico que en el proceso de acerrar los arboles y cortarlos se demorarían por lo menos un mes. Así que la construcción podría demorar mucho más tiempo.
El rey al oír esto se puso furioso y le dijo. No puede esperar meses… Te ordeno que construyas la torre en 3 dias o te cortare la cabeza.
El pobre carpintero veía ya su cabeza en el cepo y desesperado Acudió a todos sus conocidos para pedirles consejo sobre cómo construir una torre tan alta que llegase al cielo. Pero nadie sabía cómo. Pasaron así dos días y Al tercer día, el carpintero se levanto con una idea en su cabeza. Una idea genial. Fue a ver al rey y le dijo sin miedo:
-Su majestad He analizado el asunto por todas las posibilidades de construir una torre rá
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez un hombre en el antiguo japon que no quería morir. Este hombre se llamaba sentaro Sentaro Había heredado una pequeña fortuna de su padre y vivía de ello, pasando el tiempo sin preocupaciones, sin pensar en ningún momento en trabajar, hasta que tuvo treinta y dos años. Un día, sin ninguna razón aparente, el pensamiento de la muerte y la enfermedad le asaltó. La idea de caer enfermo o morir lo molestaba mucho. — y se decía a si mismo. Me gustaría vivir hasta los quinientos o seiscientos años al menos, libre de toda enfermedad. La duración habitual de la vida de un hombre es muy corta.
A partir de ese momento trato de vivir una vida sensilla y frugal para tratar de prolongar su vida. Desde joven había oído que en las grandes montanas vivían los hermitanos que conocían el elixir de la vida y que un monje llamado Jofuku se había convertido el el guardián del elixir
Sentarō se decidió a partir en busca de los ermitañosde el monte Fuji y, con el sueno de convertirse en de ellos, para poder obtener el agua de la perpetua vida. Recordó que, de niño, le habían dicho que esos ermitaños no solo vivían en el monte Fuji sino que vivían en todos los grandes picos. Así que dejó su vieja casa al cuidado de sus familiares, y empezó su viaje. Atravesó todas las regiones montañosas del país, escalando hasta las cumbres de los picos más altos, pero nunca consiguió encontrar ningún ermitaño. pensó cuán estúpido era perder el tiempo buscando así a los ermitaños, así que decidió ir al altar de Jofuku, que era adorado como el patrón de los ermitaños del sur de Japón. Sentarō se acercó al altar y rezó durante siete días, pidiendo a Jofuku que lo guiara hasta un ermitaño que pudiera darle lo que él tanto quería. A medianoche del séptimo día, mientras Sentarō se arrodillaba en el templo, la puerta del sancta sanctorum se abrió de repente y apareció Jofuku en una nube luminosa, y pidió a Sentarō que se acercara.
»Como respuesta a tus plegarias, sin embargo, te ayudaré a encontrar el camino. Te mandaré al país de la Vida Eterna, donde la muerte nunca llega, ¡donde la gente vive para siempre! Tras decir esto, Jofuku puso en la mano de Sentarō una pequeña grulla hecha de papel, diciéndole que se sentara en su lomo y lo llevaría allí. Sentarō obedeció, admirado. La grulla creció lo suficiente para montarla cómodamente. Después extendió las alas, se alzó en el aire y voló sobre las montañas directamente hacia el mar.
Al principio, Sentarō se asustó, pero, poco a poco, se acostumbró al ligero vuelo por el aire. Y así siguieron durante miles de kilómetros. Después de unos cuantos días, llegó a la isla. La grulla voló sobre la tierra y después aterrizó. Cuando Sentarō se bajó del lomo del pájaro, la grulla se dobló por su propia cuenta y se metió en su bolsillo. Sentarō empezó a mirar a su alrededor, sorprendido; tenía curiosidad de ver cómo era el país de la Vida Eterna. Dio un paseo primero por el campo y luego a través del pueblo. Todo era, por supuesto, bastante extraño, diferente de su propia tierra. Pero tanto el lugar como la gente parecían prósperos, así que decidió que sería bueno para él quedarse allí y asentarse en uno de los hoteles. El propietario era un hombre amable y, cuando Sentarō dijo que era un forastero pero que quería vivir allí, le prometió arreglar un encuentro con el gobernador de la ciudad. Incluso encontró una casa para su invitado. Así, Sentarō obtuvo su gran deseo y se convirtió en residente del país de la Vida Eterna. Por lo que recordaban los isleños, ningún hombre había muerto allí, y las enfermedades eran algo desconocido. Los sacerdotes habían llegado allí desde India y China y les hablaron de un bello país llamado Paraíso, donde la felicidad, la dicha y la alegría llenaban los corazones de los hombres, pero sus puerta
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Juan David Betancur Fernandez
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Había una vez en lo que hoy es yucatan una princesa llamada Ixquic que era hija de un señor maya llamado Cuchumaquic.
Cierto día mientras Cuchumaquic paseaba con su hija por los amplios jardines adyacentes a los templos mayas le contó a su hija que en el inframundo había una árbol que se decía producía unos extraños frutos. Al oír esto la joven pregunto.
Puedo ir yo a ver ese árbol. Seguro que sus frutos deben ser muy sabrosos. El padre inmediatamente le dijo que le estaba prohibido visitar el inframundo y comer de dichos frutos.
Pero la joven Ixquic quedo maravillada de la historia y secretamente hizo nacer un deseo en su corazón de desobedecer a su padre y viajar por ella misma a conocer el árbol y sus frutos.
Una noche, oculta por la oscuridad de la luna nueva Ixquic salió de su palacio y emprendió camino sola hacia el inframundo al que llamaban Pucbalchah. Allí asombrada llego a al pie del misterioso árbol.
.
— ¡Ah!, dijo , ¡qué frutos tan extraños produce este árbol. No visto otros igual en las tierras de mi padre. Y cuantos tiene en sus ramas. Que me sucedería si cojo uno de ellos. Acaso podría morir.
De pronto una voz que venia de dentro del árbol le respondió.
—¿Qué es lo que quieres joven princesa? Estos objetos que vez en las ramas de los arboles no son frutos son calaveras. Dime que deseas.
La joven replico. Deseo los frutos.
Seguro replico de nuevo el árbol .
— Sí los deseo—, contestó Ixquic.
— Muy bien—, dijo la calavera que le hablaba . Extiende hacia acá tu mano derecha.
— De acuerdo— replicó la joven, y con movimientos tembloroeos levantando su mano derecha y la extendió hacia el árbol.
En ese instante la calavera que le hablaba escupió y la saliva cayó directamente en la palma de la mano de la joven princesa Ixquic. Y luego le dijo.
En mi saliva y mi baba te he dado mí descendencia (dijo la voz en el árbol). Ahora mi cabeza ya no tiene nada encima, no es más que una calavera despojada de la carne. Así es la cabeza de los grandes príncipes, la carne es lo único que les da una hermosa apariencia. Y cuando mueren los hombres se espantan a causa de los huesos. Así es también la naturaleza de los hijos, que son como la saliva y la baba, ya sean hijos de un Señor, de un hombre sabio o de un orador. Su condición no se pierde cuando se van, sino se hereda; no se extingue ni desaparece la imagen del Señor, del hombre sabio o del orador, sino que la dejan en sus hijas y en hijos que engendran. Esto mismo he hecho yo contigo. Sube, pues, a la superficie de la tierra, que no morirás. Confía en mi palabra que así será, dijo la cabeza de Hun-Hunahpú
Cuando Ixquic regresó a su casa, supo que se había quedado embarazada inmediatamente por haber estado en contacto con la saliva de la calavera
Llegó, pues, la joven a su casa y después de haberse cumplido seis meses, fue advertido su estado por su padre, el llamado Cuchumaquic. Al instante fue descubierto el secreto de la joven por el padre, y mando a llamar el consejo de señores de xibalba. Diciendoles. .
—Mi hija está preñada; ha sido deshonrada—, exclamó Cuchumaquic cuando compareció ante los Señores.
—Está bien—, dijeron estos. Oblígala a declarar la verdad, y si se niega a hablar, castígala; que la lleven a sacr
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Juan David Betancur
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Había una vez un hombre muy pobre que vivía en una ciudad. Su única posesión era una guitarra, y su única amiga era una anciana que le daba de comer. En esa región, dos pueblos vecinos estaban en constante conflicto, atacándose mutuamente año tras año.
Un día, mientras exploraba los alrededores, el hombre encontró un lugar muy verde que le inspiró. Decidió descansar allí y pronto se quedó dormido. Sin embargo, unas moscas lo despertaron, y en su furia, mató a noventa y nueve de ellas de un solo golpe. Orgulloso de su hazaña, grabó en su guitarra:
“Shej Gub-ba quitó noventa y nueve vidas de un solo golpe, entre el canto y el silencio.”
Unos soldados del pueblo vecino, que acababa de ser atacado, pasaron por allí y vieron el guitarrista dormido. Inmediatamente se acercaron para robarle, pero inmediatamente cogieron la guitarra leyeron la inscripción y en la guitarra y pensaron que Shej debía ser un guerrero formidable.
Huyeron sin despertar al hombre y corrieron a informarle al rey de lo que habían leído. El rey interesado en contar con un guerrero capaz de matar 96 personas de un solo golpe decidio que quería hablar con el y mando a llamarle a sus presencia.
Cuando los soldados le pidieron que fuera a ver al rey, Shej respondió que el rey debía venir a él ya que el estaba muy ocupado para ver reyes. Y el rey soprendido de aquel rechazo pensó que efectivamente debía estar ante un hombre excepcional, así que monto en su caballo real y cabalgo hasta donde estaba Shei. Cuando llego lo encontró mal vestido, pelo largo, sin afeitar y sucio. Sorprendido por su apariencia desaliñada, el rey ordenó que lo arreglaran y lo trajeran a su presencia. Una vez limpio y bien vestido, el rey le pidió que matara a un león que estaba aterrorizando a su pueblo como prueba de su valentía.
Shej , preocupado, fue a ver a su amiga anciana, quien le preparó un brebaje para dormir al león. El león bebió el brebaje y se quedó dormido, permitiendo que la anciana lo amarrara. Shej llevó al león al pueblo, donde fue recibido con una gran celebración y se le ofreció la mano de la hija del rey en matrimonio.
Vivió como un príncipe hasta que un día fueron atacados por un grupo de bandidos. La princesa le pidió que defendiera al pueblo pero éste, para esconder el miedo que sentía, exclamó:
-Tenéis que amarrarme bien encima del caballo porque soy un peligro viviente. En la lucha me enfurezco y arremeto contra todo el mundo. No puedo andar suelto. Y de esa manera los soldados lo amarraron al caballo y lo llevaron a la entrada del pueblo. Y luego dejaron que el caballo cabalgara de frente contra las
El caballo, sintiendo la tensión del momento, comenzó a galopar hacia las filas enemigas. Los soldados enemigos, al ver a Shej atado de esa manera, pensaron que debía ser un guerrero temible que no necesitaba siguiera estar libre para enfrentarlos, que amarrado como estaba podía derrotarlos y se llenaron de miedo.
El caballo, entrenado para la batalla, se lanzó con fuerza y velocidad, y Shej aunque asustado, mantenía la calma exteriormente. Los enemigos, confundidos y aterrorizados por la visión de este hombre aparentemente indomable, comenzaron a retroceder.
En medio del caos, Shej recordó las palabras de su vieja amiga y decidió usar su ingenio una vez más. Comenzó a gritar con todas sus fuerzas, fingiendo estar en un frenesí de batalla:
Los enemigos, aterrorizados por sus gritos y la velocidad del caballo, huyeron en desbandada. Los soldados del pueblo de Shej Gub-ba, al ver la retirada del enemigo, se llenaron de valor y se unieron a la car
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Juan David Betancur
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En un rincón remoto de la pradera africana vivía una liebre conocida por su astucia y rapidez. La liebre era un animal muy ágil y siempre estaba saltanto de aquí allá y debido a esto todos en la pradera la conocían. La liebre como todos sabemos es un animal peque con orejas grandes y muy divertido. Y A pesar de su pequeño tamaño, la liebre siempre encontraba maneras ingeniosas de resolver los problemas que pudiera encontrar en sus recorridos diarios. Un día, mientras descansaba bajo un árbol, escuchó unos ruidos muy profundos y se asomo a ver quien era el que producia estos ruidos. Desde atrás de un pequeño arbusto pudo ver como un gran rinoceronte caminaba por su pradera moviéndose como si fuera el dueño de todo a su alrededor. Además el rinoceronte gritaba con toda su energía que el era el más fuerte animal y que el podía derrotar a cualquier otro animal. Obviamente los animales pequeños se escondían a su paso y le huian cuando lo sentían venir.
La liebre Cansada de la arrogancia de aquel rinoceronte decidió darle una lección y saliendo de atrás de los matorrales salto y salto hasta que llego donde estaba el rinoceronte. Allí se paro frente a el y le dijo.
Rinoceronte, puedes ser fuerte, pero no lo eres más que yo. Te desafío a una prueba de fuerza mañana por la mañana.
Ja… dijo el rinoceronte. No sabes con quien estas tratando en este momento. Te recuerdo que yo soy el más fuerte y que nadie nunca me ha podido vencer. Y menos una simple y pequeña liebre.. Mejor vete antes de que me hagas enojar .
La liebre no solo no se retiro sino que además le dijo.
Mira Vamos a probar tu fortaleza tirando de una cuerda …
Lo vamos a hacer de esta manera …. Yo voy a tirar una cuerda bien larga y luego cada uno de nosotros toma un lado y el que tire de ella más fuerte gana y demuestra quien el el más fuerte de la pradera.
El rinoceronte se tiro al suelo de la risa…. No podía aguantar la risa de solo pensar en que esa pequeña liebre lo estuviera retando a una prueba de fuerza. Así que entre risa y risa le dijo…. Esta bien liebre si quieres lo podemos hacer y acepto el desafio sin pensarlo dos veces.
Mientras tanto, la liebre corrió extendió la cuerda hasta el lago que estaba al otro lado de un matorral, de esta manera el rinoceronte no la podía ver y solo veía como la cuerda cruzaba el matorral …
En este rio vivía un hipopotamo que al igual que el rinoceronte se creía muy fuerte y poderoso. La liebre llego con la cuerda hasta donde se encontraba el hipopotamo y le dijo.
Hermano hipototamo. Tu siempres me estas diciendo que te debo tener miedo porque tu eres muy fuerte. Pues yo aquí estoy para demostrarte que yo soy la más fuerte.
El hipototamo se undio en el lago y haciendo burbujas de risa saco la cabeza mientras decía…. Liebre tu estas loca. Como te atreves a retarme, tu sabes que yo soy ciento de veces más grande y que mi fuerza es enorme….Vete y déjame solo.
La liebre se acercó y le dijo. Si tu me vences yo no volvere por aquí, pero si yo te derroto podre venir al lago las veces que yo quiera…. Que te parece el trato. El hipopotamo que quería el lago para el solo, acepto el reto y le dijo.
Esta bien… Tu ganas que tengo que hacer . Y la liebre le dijo. Mira esta cuerda que he traído. Toma y cuando yo te diga empieza a tirar. Yo estar en el otro extremo de la cuerda y así el que tire más fuerte ganara.
Esta bien dijo el hipopotame …. Vete hasta el otro lado y me dices cuando empezar a tirar.
Perfecto…. Dijo la liebra espera y cuando sientas el primer tiron entonc
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