En un mundo donde lo importante no es lo que decís, sino hacer ruido, Jesús Quintero llegó para dignificar el silencio. Y con él, la pregunta antes que la idea preconcebida, la duda antes que el prejuicio, la posibilidad de no saber y querer aprender antes que cualquier jactancia. Jesús era un tipo a contramano. Y tal vez por eso se convirtió en el mejor entrevistador del mundo. Jesús se fue pero quedan sus entrevistas, memorables, para ver una y otra vez. Cuidado: son adictivas.