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El 17 de diciembre de 1903 se producía en Carolina del Norte el primer vuelo a motor, controlado y sostenido, de un avión más pesado que el aire, aproximadamente a las 10:35 de la mañana. El vuelo duró 12 segundos, llegó a los 37 metros de longitud y sus autores fueron los célebres hermanos Wright. Desde ese día, el hombre se embarcó en una competición por volar más alto, más rápido y durante más tiempo. Pero la tecnología limitaba las expectativas del ser humano. Había que repostar muy a menudo y los vuelos transoceánicos eran ciencia-ficción. Por este motivo, alguien intentó encontrar una solución para unir Estados Unidos y Europa en una ruta intercontinental, que permitiera a los aviones reabastecerse de combustible en medio del Atlántico. Esta es la historia de una disparatada idea que pretendía unir dos continentes, convirtiendo a Galicia en el aeropuerto que distribuiría todos los vuelos desde y hacia Norteamérica.
El 26 de julio de 1953 un grupo de guerrilleros cubanos, opositores a la dictadura de Fulgencio Batista, asaltaban el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. Comandados por un joven abogado, Fidel Alejandro Castro Ruz, fueron fácilmente derrotados, pero aquel asalto fue el inicio del fin del régimen dictatorial de Batista, que culminaría el 1 de enero de 1959, dando inicio a la Revolución cubana. Muchos jóvenes españoles encontraron en la lucha contra Batista una forma de devolver el golpe a la dictadura franquista que tanto daño les había hecho a ellos y a sus familias. Entre aquellos muchachos se encontraba una gallega que llegó a enfrentarse al ejército de Franco, que había sido detenida en Vigo y que había tenido que salir de huyendo de España perseguida por la dictadura, una mujer cuya lucha en Cuba fue tan determinante que fue condecorada por el mismísimo Fidel Castro. Esta es la historia de María Araujo Martínez, la “guerrilleira” gallega que defendió la libertad enfrentándose a Franco y a Batista.
El 1 de abril de 1867 se inauguraba la más grandiosa exposición internacional de su época, la Exposición Universal de París. Durante sus siete meses de duración, más de nueve millones de visitantes descubrieron uno de los mejores y más lujosos panes del mundo, el pan de Viena. Su éxito fue tan extraordinario que la panadería vienesa fue declarada durante aquella exposición como “la mejor panadería del mundo”. Seis años más tarde, en 1873, tras otra Exposición Universal, la de Viena, el médico valenciano Ricardo Martí traía a España la receta de aquel maravilloso pan y, junto al industrial Matías Lacasa, fundaban Viena Capellanes, una pequeña tahona que dio trabajo a un pobre, analfabeto y joven gallego que de la nada convirtió aquella panadería emergente en un referente en innovación y calidad y que, en la actualidad, factura más de 30 millones de euros y da empleo a más de 400 personas. Aquel jovencito se llamaba Manuel Lence Fernández, el lucense que revolucionó la panadería madrileña.
El 24 de junio de 1859 se producía una batalla que cambiaba el curso de la historia. La casualidad hizo que aquel día, Henri Dunant, un millonario empresario suizo, fuese testigo de las secuelas de una de las batallas más sangrientas de la historia, en la que 100.000 soldados se enfrentaron cerca del pequeño pueblo de Solferino, en el Norte de Italia. Conmocionado, decidió ayudar a los heridos convenciendo a la población de un pueblo cercano de que era necesario atender a los necesitados sin importar su bando. De vuelta en Suiza, Dunant escribió un libro en el que plasmó sus sensaciones y hacía una petición: que todas las naciones del mundo formasen sociedades de socorro para ayudar a los heridos de guerra. En 1864, en la Convención de Ginebra, se tomarían sus ideas para la creación de una agencia internacional de ayuda: la Cruz Roja. Casi 60 años más tarde, cinco mujeres se convertían en las primeras enfermeras profesionales tituladas de España, formadas en la Escuela de la Cruz Roja Española. Entre ellas, una humilde gallega no solo conseguía titularse, sino que llegaría a convertirse en heroína de guerra y en la primera enfermera en participar en un vuelo militar en España: Elvira López Mourín.
El 9 de mayo de 1972 fallecía en Madrid un médico gallego que había trabajado para la Cruz Roja durante casi toda su vida. Tras la sencilla vida de un gran médico se escondía una historia oculta de espías, nazis, agentes secretos, heroísmo, valentía, honor y amor por los demás. Fue su hija la que en 1986 comenzaría a atar los cabos que conformarían la historia de un héroe que, reclutado por los Servicios de Inteligencia británicos, salvó a cientos de perseguidos por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial: Eduardo Martínez Alonso.
El 2 de junio de 1953 Isabel II de Inglaterra y I de Escocia era coronada en la Catedral de Westminster en Londres. El arzobispo de Canterbury colocaba sobre la reina la Corona de Gran Bretaña mientras la monarca se encontraba sentada sobre una piedra colocada sobre el trono real. La piedra, robada por el Rey Eduardo I a Escocia en el siglo XIII y conocida como Piedra del Destino o Piedra Scone, ha sido utilizada durante Siglos para coronar a faraones de Egipto y a los Reyes de Irlanda, Escocia e Inglaterra. Se dice que es la piedra que aparece en el Libro del Génesis, empleada como almohada por Jacob y que tenía propiedades mágicas. Esta piedra llegó a Escocia desde Galicia, concretamente desde Brigantium (A Coruña o Betanzos) y su portadora era nada más y nada menos que la futura fundadora y Monarca de los Reinos de Irlanda y Escocia, una Princesa egipcia hija del Faraón Akhenaton y de su esposa Nefertiti. Esta es la historia (y la leyenda) de Scota y la Piedra del Destino, origen de Naciones, y de su paso por Galicia.
El 24 de agosto de 1974 Francisco Franco firmaba en el Pazo de Meirás la expropiación forzosa por vía urgente de “As Encrobas”, autorizando a Lignitos de Meirama, propiedad de Unión Fenosa, la explotación de novecientas hectáreas de terreno para abrir una mina de carbón de las que se extraerían cien millones de toneladas de material. La empresa ofrecía por los terrenos cantidades ridículas, lo que provocó el alzamiento de los vecinos en un conflicto social que removió los cimientos de toda Galicia. En 1977 miles de personas, la mayoría mujeres y ancianos, se enfrentaron a centenares de guardias civiles armados para evitar la expropiación de sus casas y sus tierras. La lucha de los habitantes de As Encrobas traspasó fronteras y se erigió en sinónimo de la lucha contra la injusticia. Entre todos los que lucharon aquellos días se encontraba un gallego al que ya se había intentado silenciar. Un párroco que siempre había luchado por Galicia y que solo quería un mundo más justo. Esta es la historia de Moncho Valcarce, el “Cura das Encrobas” que nadie consiguió silenciar.
A lo largo del siglo XVIII, y parte del XIX, ser corsario en España se convirtió en un gran negocio. La crisis del comercio con las Colonias de Ultramar y las guerras con Inglaterra obligaron a buscar alternativas para generar ingresos. Así fue como comerciantes y empresarios de toda Galicia se embarcaron en la aventura de capturar buques mercantes enemigos amparados por la Patente de Corso, que concedía Su Majestad. Para comprender la magnitud del episodio corsario en Galicia, es necesaria tan solo una cifra: 424. Esos fueron los buques enemigos que llegaron a apresar los corsarios gallegos en un solo año, 1799. “El Audaz”, “El Veloz” o “El Atrevido” fueron algunos de los fabulosos sobrenombres de legendarios buques corsarios que surcaron las Rías Gallegas, y que convirtieron a Vigo y a Coruña en algunas de las bases corsarias más temidas de toda Europa. Así fue como la Galicia corsaria sembró el miedo y el terror en el océano Atlántico. Y todo comenzó por culpa de una oreja.
Hércules (Heracles) era el héroe más célebre y admirado de la mitología griega, hijo del Rey del Olimpo, Zeus. El principal atributo por el que se le conocía era su extraordinaria fuerza, pero también era un ejemplo de coraje, honor, orgullo y bondad. Se le consideraba el ancestro de los Reyes de Esparta y, de todos los relatos mitológicos que existen sobre él, los más famosos son los “Doce trabajos de Hércules”, en los que se tuvo que enfrentar a animales y seres fantásticos, convirtiéndole en el héroe por excelencia de la Antigüedad. En Galicia también tuvimos nuestro propio Hércules. Un gallego con una vida de película, que fue marinero, que se enfrentó con toros, que fue actor, entrenador de fútbol, campeón mundial de lucha y boxeador de los pesos pesados que a punto estuvo de arrebatarle el título a una de las mayores leyendas de la historia del boxeo. Esta es la historia del gigante de Mugardos, el Hércules gallego: Andrés Balsa Antón.
Michael Fred Phelps es considerado el mejor nadador de la historia, además de ser el deportista olímpico más condecorado de todos los tiempos, con un total de 28 medallas. Este estadounidense, que compitió por última vez en los Juegos de Río de 2016, posee también los récords de mayor número de medallas olímpicas de oro, mayor número de medallas de oro en eventos individuales y mayor número de medallas olímpicas en eventos masculinos. Mucho tiempo antes, un gallego de 55 años conseguía una hazaña extraordinaria: Batía el récord mundial de natación de distancia y permanencia en el agua, remontando el Guadalquivir hasta Sevilla. Años antes, este gallego a punto estuvo de competir en unos Juegos Olímpicos y, quién sabe, si ganar la primera medalla de oro para la natación española. Esta es la historia del “tritón”, el “hombre-hélice”, el “tragamillas”, el “titán del mar”, un mito del deporte mundial: Aberlardo López Montovio, el Aquaman gallego.
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