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The Italian Job, La Jungla de Cristal, Ocean´s Eleven, Heat o Misión Imposible son fantásticas películas en las que se narran robos imposibles usando métodos y planes increíbles. No menos increíble y también digno de la mejor superproducción de Hollywood, fue el robo perpetrado hace más de 900 años por el primer arzobispo de Santiago de Compostela, Diego Xelmírez. Posiblemente, se trate de uno de los robos más osados de la historia: El robo de las reliquias de cuatro Santos de la Iglesia Católica de la Archidiócesis de Braga, su gran rival por la supremacía galaico-portuguesa. Esta es la historia real de un arzobispo y gran ladrón que, mientras daba la misa con una mano, robaba Santos con la otra: Diego Xelmírez.
Se considera a San Esteban como el primer mártir cristiano de la historia, un diácono que se dedicaba a distribuir comida y caridad entre los miembros más pobres de Jerusalén. Un día algunos judíos congregados en una sinagoga debatieron con él, pero no fueron capaces de rebatir sus argumentos, por lo que enfadados sobornaron a algunos testigos para que dijeran que había blasfemado contra Moisés y Dios. En su juicio, Esteban dio un largo discurso criticando a las autoridades judías que le juzgaban, por lo que fue condenado a la lapidación. Su martirio fue contemplado por Saulo de Tarso, un joven que se convertiría tiempo después en uno de los apóstoles de Jesús, San Pablo. En Galicia, tan solo 100 años después, una joven se convirtió en el capricho de un gobernador romano que, ante la negativa de la muchacha a ceder a sus deseos, la sometió a torturas durante días hasta que finalmente la decapitó. Lo increíble de esta historia es que existen restos arqueológicos y edificaciones que parecen probar esta extraordinaria y mágica leyenda: el martirio de Santa Mariña de Augas Santas.
Mark David Chapman llegaba a Nueva York en octubre de 1980. Lo hizo con un claro propósito y una pequeña maleta en la que llevaba algunos discos de los Beatles, un revolver y varias balas. La mañana del 8 de diciembre, salió de su habitación del Hotel Sheraton, compró un ejemplar de “El guardián entre el centeno” y se pasó la mayor parte del día en la entrada del edificio Dakota, donde se encontraba el apartamento de John Lennon y Yoko Ono. A las cinco de la tarde, la pareja dejaba el Dakota para una sesión de grabación, momento que Chapman aprovechó para dar la mano a Lennon y que le firmara una copia de su nuevo disco: Double Fantasy. A las 11 de la noche, los artistas regresaron al Dakota y pasaron al lado de Chapman, que hizo seis disparos contra John. Cuatro de aquellas balas impactaron en su cuerpo, falleciendo casi al instante. El día anterior, una joven gallega había estado charlando con aquel hombre, que parecía un fan más. Aquella gallega no podía saber lo que iba a ocurrir, pero sí sabía quién era y lo que representaba Lennon, ya que el de Liverpool solía cantarle sus nuevos temas mientras ella preparaba en su cocina pan gallego casero. Esta es la historia de Rosaura López Lorenzo, la asistenta gallega de John Lennon.
El 19 de noviembre de 1837 se inauguraba en la isla de Cuba “El Camino de Hierro”, 23 km de ferrocarril que unían La Habana a Güines. Fue el séptimo en el mundo, el primero que se construía en España y el primero en toda Iberoamérica. Su construcción surgió por la necesidad de transportar mercancías desde la rica región agrícola de Güines hasta el puerto de La Habana. Mientras tanto, en la Península, una de las últimas regiones en unirse con la capital del país fue Galicia. No sería hasta 1860 cuando se decidió realizar, por fin, una línea para abastecer de pescado de la ciudad de Vigo a Madrid. Sin embargo, hubo que esperar a la dictadura de Primo de Rivera para que el proyecto se pusiera en marcha. El trazado que se había planeado era el más caro y difícil que se podía haber escogido, algo que denunció el ingeniero José Fernández-España y Vigil, que estudiaba una ruta alternativa por Verín. Pero un desafortunado accidente de tráfico no solo acabó oportunamente con su vida, sino también con su alternativa, provocando que Galicia siguiera aislada durante décadas con el resto de España. Esta es la historia del audaz, complicado y costoso plan para hacer llegar el tren a Galicia en cinco años. Se tardaron treinta.
El 17 de octubre de 1815, el HMS Northumberland, un navío de guerra de la Royal Navy, desembarcaba en medio del océano Atlántico a un pasajero que sometió a toda Europa durante buena parte del siglo XIX. Vencido en la batalla de Waterloo, Napoleón Bonaparte era desterrado por los británicos en un peñasco volcánico azotado por el viento, la lluvia y el sol, en donde viviría hasta el fin de sus días en 1821, la isla de Santa Elena. Bonaparte puso a la isla de Santa Elena en los libros de historia, pero fue un gallego su descubridor y el que la puso en las Cartas Náuticas. Un gallego que al servicio de la Corona de Portugal descubrió Santa Elena, Sri Lanka e isla Ascensión, fue alcalde de Lisboa, comandó la III Expedición Portuguesa a las Indias, comandó el buque insignia de la Marina Portuguesa y ganó la que algunos consideran la primera batalla naval de la Era Moderna. Esta es la historia de un marino, un explorador, un descubridor, un militar, uno de los mayores navegantes del siglo XVI, un legendario y olvidado gallego al servicio de la Corona de Portugal: Xoan de Novoa.
En la medianoche del 26 de mayo de 1940, Winston Churchill daba luz verde a la Operación Dinamo. Dunkerque, en Francia, era el lugar escogido desde donde, del 27 de mayo al 4 de junio, se evacuarían a 338.226 soldados en una de las mayores retiradas de la historia. La consecuencia fue que Francia se vio obligada a firmar un armisticio con la Alemania nazi el 22 de junio de 1940, que condujo a la ocupación del país. Como muestra de humillación, Hitler impuso que el documento se rubricara en la misma población, el mismo lugar y el mismo vagón de ferrocarril en el que se había firmado la rendición alemana tras la Primera Guerra Mundial en 1918. Pero los galos no se lo iban a poner fácil y por ello, para luchar contra la ocupación, nació la resistencia, con la que colaborarían gran cantidad de españoles que, tras la liberación de París, participaron en el desfile triunfal con los cascos de los soldados alemanes pintados de azul. Cuando De Gaulle los vio, preguntó: "¿Qué hacen todos esos españoles desfilando con las Fuerzas de Francia?". Porque se lo habían ganado. Entre todos aquellos compatriotas que participaron en la resistencia francesa, hubo una valiente gallega a la que el fascismo le había robado un hijo y un marido y que decidió no dejar luchar. Esta es la historia de una vida de película, la de la guerrillera por la libertad número 35.435: Placeres Castellanos.
Exactamente un año después del fin de la guerra civil española, el 1 de abril de 1940, Francisco Franco firmaba la orden para la construcción de un monumento funerario en el que perpetuar la memoria de los muertos durante el conflicto, al que se le conoció como “Valle de los Caídos”. 30.000 metros cuadrados en San Lorenzo de El Escorial, cuya construcción se alargó durante diecinueve años con dinamita y miles de trabajadores (algunos presos políticos). La idea del régimen era que este lugar fuera el lugar de reposo de los héroes y mártires de la “Cruzada”, llamada así por el franquismo debido a al respaldo que el bando nacional tuvo por parte de la Iglesia Católica durante la guerra. A pesar de ello, más adelante también se enterraron miles de cuerpos republicanos, dando lugar a una fosa común de 33.833 personas, cifra que el 23 de noviembre de 1975, aumentó con un cuerpo más, el del mismísimo Francisco Franco, que permaneció allí hasta el 24 de octubre de 2019, cuando fue trasladado al cementerio municipal de Mingorrubio. Durante aquellos días hubo quien creía que existía otro lugar mejor donde dejar descansar al dictador, un fabuloso santuario abandonado en Galicia, promovido por un cura que trabajó para la CIA, que era amigo de los Borbones, del propio Franco y que quiso erigir en su tierra el primer templo dedicado a la Virgen de Fátima en España: Emilio Francisco Eyre Lamas.
Todas las culturas del mundo tienen y han tenido sus propios héroes, aunque la primera referencia escrita sobre uno de ellos se puede encontrar en el Poema de Gilgamesh, que relata las aventuras y hazañas de un antiguo rey en su búsqueda de la inmortalidad. Este ancestral poema heroico sembró las bases de la narrativa épica, iniciando muchas de las tradiciones de estos relatos, como las batallas contra bestias sobrenaturales, las hazañas imposibles y la intromisión de los dioses en la vida de los mortales. Los héroes estaban por encima de los humanos comunes e incluso muchos de ellos eran semidioses. En Galicia también hemos tenido nuestros propios héroes que han forjado la historia de esta tierra. Uno de estos héroes no luchó con bestias mágicas y era un simple mortal, pero fue capaz de conseguir gestas y proezas imposibles y se enfrentó a los dioses de su época, los Reyes Católicos, convirtiéndose en un símbolo y uno de los personajes más míticos y legendarios de Galicia: Pedro Pardo de Cela.
Pocos minutos antes de las 10 de la noche del 15 de febrero de 1898, se producía una sobrecogedora explosión en el puerto de La Habana, en Cuba. El acorazado estadounidense USS Maine había saltado por los aires, falleciendo 256 de sus 355 tripulantes. España negó tener relación con este incidente, pero la campaña mediática realizada por periódicos norteamericanos convenció a la opinión pública estadounidense de la culpabilidad española. La declaración de guerra fue aprobada el 25 de abril de 1898 en el Congreso de los Estados Unidos de América. Una guerra que solo duró 3 meses y que acabó suponiendo la confirmación de una potencia emergente que se convertiría en la nación más poderosa del mundo, y el ocaso de otra, que dejaba de serlo tras más de 3 siglos. Es en esta situación cuando surge en Galicia un hombre que puso su talento y su ingenio a disposición de su país para defenderse de los estadounidenses. Un hombre que además fue emprendedor, empresario e inventor, que proporcionó a sus trabajadores seguros de enfermedad y de jubilación, que fundó un astillero y que fue una de las personas más queridas en su tierra. Un gallego que debería aparecer en los diccionarios junto a la definición de talento: Antonio Sanjurjo Badía, el inventor del submarino gallego.
El 15 de diciembre de 1930 un avión Breguet 19 cargado de bombas despegaba del aeródromo de “Cuatro Vientos” en Madrid. Su destino era el Palacio Real. Su objetivo era bombardearlo y acabar con la vida de sus residentes: el Rey Alfonso XIII y toda su familia. Afortunadamente, la Plaza de Oriente estaba a rebosar de mujeres y niños, por lo que se abortó la misión de aniquilar a los Borbones. El piloto que a punto estuvo de cambiar la historia de nuestro país era un héroe nacional y el español más famoso de su época tras haber logrado una hazaña que batía todas las marcas de la aeronáutica en el legendario vuelo del Plus Ultra, en el que recorrió 10.270 kilómetros y al que el inolvidable Carlos Gardel le compuso un tango. Un hombre cuyo apellido siempre le precedía. Un gallego de izquierdas, republicano y aventurero, hermano menor del dictador que gobernó España durante casi 40 años: Ramón Franco Bahamonde, el “Chacal”.
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