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La Iglesia, que ha experimentado el misterio pascual -el paso del Señor-, que constituye esos tres días de pasión, muerte y resurrección de Jesucristo nuestro Señor, ha recibido la misión de ir al mundo entero y proclamar el evangelio a todas las naciones, a toda criatura. No se nos ha dado otro nombre por el cual nos salvemos sino el nombre de Jesús, el Hijo de Dios.
Lo que llena el corazón del hombre de alegría es que estamos en la vida porque estamos en Cristo, aunque todavía no se ha desvelado lo que somos. Pero ya nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. La resurrección de Cristo es sobre todo un acontecimiento, y un acontecimiento feliz que nos abre un abanico de esperanzas. Y, entonces, nuestra vida cobra un sentido maravilloso. No estamos para esta vida, estamos para la otra. Yo estoy hecho para la vida eterna.
Donde hay amor, donde está el Espíritu Santo, hay unidad. Yo me atrevo a decir que la soberbia es como la esencia de Satanás. Si Dios es amor, Satanás es soberbia. Y donde entra Satanás, ¿que hace? Siempre dividir. "Diabolos" es el que separa, el que se mete en medio para desunir y para separar. Donde entra la soberbia, siempre hay divisiones. Y donde hay humildad, hay caridad. Y donde hay caridad, hay unidad. Todo esto tenemos que buscarlo, pedirlo, luchar por ello y, además, construirlo.
El cordero es un animal muy importante en toda la Biblia. En el Antiguo Testamento se estaba esperando, desde Abel a Isaac, el cordero pascual y están también las profecías de Jeremías e Isaías, ¿dónde está el Cordero? La respuesta la da Juan el Bautista cuando está señalando a Jesús y dice: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. .Y así, en cada Misa, tenemos la alegría de escuchar estas palabras de nuevo. Que el Señor nos ayude a vivir con mucho agradecimiento a Él esta Misa, Él que se entregó como Cordero por nosotros.
El agua tiene el hocico muy fino. Es decir, por cualquier rendija se mete y te hace una gotera. ¿Cuál es el agua espiritual? La soberbia. La soberbia tiene el hocico muy fino y se mete en cualquier rendija, y se mete casi sin que nos demos cuenta. Por desgracia, tenemos todos dentro del corazón una raíz, una fuente que, en cuanto dejamos un huequecito, por allí se mete.
“Este hijo mío estaba muerto y ha revivido”. Estas palabras que el padre dice en la parábola del hijo pródigo, son un reclamo a mirar las almas como almas llamadas a salvarse, a alcanzar la vida eterna; y a las cuales nosotros no podemos dejar de contemplar. Las almas son santuario de Dios. Cualquier alma que nos acerca, es un alma eterna a la que Dios permite que me acerque y tiene que ser una misión para mí; siempre.
Lo que más espanta al demonio es la alabanza y el agradecimiento. ¿Por qué tenemos que alabar a Dios? Por ser Él como es: bueno. Dios es bueno.
No se trata de seguir viviendo de cualquier modo. Se trata de vivir en términos tales que si, en este momento, el Señor me llamara a rendir cuentas de mi vida, yo pueda decirle: “Señor, he procurado hacer tu voluntad en todos los momentos. Y creo, sinceramente, que he hecho tu santísima voluntad, sinceramente”. Y a todos nos llamará el Señor para rendir cuentas de nuestra vida.
La Iglesia celebra hoy la memoria de Santa Bernadette Sobirous. La Virgen María le dijo: "No te prometo hacerte feliz en esta vida, sino en la otra". Esto debemos tomarlo todos como lema de nuestra vida.
Muchas veces ponemos una excusa para no trabajar por el reino de los cielos. Pensamos que vamos a perder nuestro nombre, nuestra reputación. Pero tenemos que ser como niños, que no se preocupan por lo que piensan los otros.
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