
Sign up to save your podcasts
Or


La primera lectura dice que la palabra del Señor es viva y eficaz. ¿Qué significa viva? Significa que no es algo inerte, significa que por sí misma realiza ciertas acciones que, al ser palabra, serán espirituales y, curiosamente, no solamente espirituales, sino que la eficacia significa que aquello que dice lo realiza. Como ocurrió con aquel paralítico al que le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Es una acción espiritual que es invisible, que no se ve. Entonces, empezaron a pensar los que lo oyeron: “Este es un blasfemo, porque nadie puede perdonar los pecados sino Dios”. Entonces, el Señor responde: «¿Qué es mas fácil: decir "tus pecados te son perdonados" o decir "a ti te lo digo, levántate, coge tu camilla y vete a tu casa"? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: “Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”». Es decir, realiza una acción que ya no es puramente espiritual. ¿Qué acción de la palabra de Dios es más importante, perdonar los pecados o curar la parálisis? Las dos son importantes, porque la curación de la parálisis es prueba de que el Señor tiene el poder de perdonar los pecados. Pero la acción fundamental es el perdón de los pecados.
Nos dice San Juan que pidamos según la voluntad de Dios. ¿Cuál es su voluntad. ¿Cómo sé yo cuál es la voluntad de Dios y qué quiere que yo le pida? Un discípulo vio a Jesús orando y se acercó a él para decirle: “Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a orar a sus discípulos. Entonces, el Señor le enseña -nos enseña a todos en ese mismo discípulo- el padrenuestro. Las tres primeras peticiones del padrenuestro se refieren a Dios: "Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad". Esas son las peticiones. “Pedid y se os dará” ¿Quién saca ventaja de esas primeras peticiones? ¿Dios? No, sacas ventaja tú.
¿Quién es el protagonista aquí? Jesucristo. Estamos celebrando que la luz de Dios puede brillar a través de la pobreza humana y lo hace en la figura y en la humanidad de sus sacerdotes. Dios elige a hombres pobres, con defectos, para que sean instrumentos de su gracia. Evidentemente los llama a la santidad, y cada sacerdote tiene que luchar por identificarse con Jesucristo, para que esa gracia, como hemos escuchado en la segunda lectura, reavive el carisma de Dios que hay en él por la imposición de las manos. Es la gracia de Dios la que trabaja, que consagra a un hombre para enviarlo. Podemos recordar el ejemplo de lo que es la Eucaristía: un trozo de pan que, por la invocación del Espíritu Santo, se transforma en Cristo. En el sacerdote sucede algo parecido. Evidentemente, no hay una transubstanciación; en el pan desaparece el pan y todo es Cristo, aunque parece pan; en el sacerdote sigue estando el hombre, pero está también Cristo. Y es la lucha por la santificación del sacerdote la que cada uno tiene que realizar para no echar en saco roto la gracia de Dios. Pero lo que hoy celebramos es el amor de Jesucristo y su misericordia: que el padre Félix siga siendo sacerdote y que siga amando su sacerdocio es una gracia de Dios, y es adonde tenemos que mirar. Miradle a Él y agradecedle a Él. Porque tenéis que ser conscientes de que el sacerdocio es un don de Jesucristo a su Iglesia por amor a vosotros, por amor a su pueblo. El sacerdocio es para vosotros.
From the publisher's feed