Pablo nos hará percatarnos de que todos en algún momento necesitamos apoyo, guía, exhortación, ánimo de parte de la misma iglesia. Aunque no parezca a simple vista, estos versículos son una radiografía de la madurez cristiana.
La responsabilidad de ver por el bienestar de la iglesia es responsabilidad de la iglesia en general. Es deber de cada creyente dentro de la congregación hacer su parte para el bienestar del cuerpo de Cristo. Este pasaje no se debería de aplicar solo si en una congregación no hubiera gente débil, desanimada, si en una iglesia hubiera gente que no desespere a otra, o iglesias en las que no hubiera gente ociosa.
No puedo ser empático ni comprensivo con el insubordinado, rebelde y ocioso porque estaría menospreciando la dedicación de los trabajan hasta el cansancio, presiden y exhortan con amor. Aunque el desánimo es común, no es un estilo de vida. Es decir, cuando el desánimo es una característica común del creyente, debemos invitarlo a que examine su corazón. Los débiles necesitan saber y sentir que no están solos, que hay hermanos en la congregación que desean sostenerles y ayudarles a alcanzar una vida fuerte.
La iglesia debería de ser un sustento, un refugio para el débil, para el de poco ánimo, incluso para el ocioso, porque es el único lugar donde puede ser restaurado. La responsabilidad de la iglesia es ser paciente y bondadosa con ella misma. La bondad y la paciencia no se logran con indiferencia. La iglesia debe recibir el bien de la misma iglesia, la sociedad debería recibir el bien de la iglesia. Los hijos de Dios son los únicos facultados para pagar el mal con el bien.