¿Cuántos de nosotros cuando hablamos de santidad pensamos en cuidar nuestros hábitos alimenticios? ¿Cuándo se habla de santidad cuantos de nosotros pensamos en la procrastinación? ¿en la pereza, en la pérdida de tiempo, en la optimización de los recursos que Dios nos ha dado, en dejar el chisme, en no juzgar a los demás, en las canciones que escuchamos, en los sentimientos que tenemos?
La santidad no viene por dejar lo que yo considero malo, la santificación es una consecuencia del obrar de Dios en el creyente por medio de su ES y su palabra lo que provoca no solo que dejemos el pecado, también provoca que hagamos y demos el fruto que Dios espera.
El amor tiene la capacidad de crecer entre más das. El tiempo es un recurso valioso que se reduce conforme avanza. En cambio, si das amor, abunda más. Los tesalonicenses daban amor por que tenían amor y son los animados a seguir amándose unos a otros. Es un amor necesario, la iglesia no puede subsistir sin amor al prójimo.
También exhorta a que aprendan a obtener su propio alimento, no depender de que otros siempre les den, para que no tengan “necesidad de nada”. La santidad implica dejar la ociosidad. Algunos podrán decir que no tienen trabajo. ¿En qué te ocupas? La idea aquí es que el creyente no puede estar de ocioso y que cualquier actividad que realice la debe de hacer enfocado y lo mejor posible. El creyente debe ser productivo para el reino y a su vez productivo para la sociedad.