Para comprender el impacto de la labor filantrópica de MacKenzie Scott, resulta indispensable analizar el contraste entre su posición de riqueza actual y sus orígenes. Antes de consolidarse como una de las figuras más influyentes del sector no lucrativo global, Scott experimentó de primera mano la precariedad económica durante su etapa como estudiante en la Universidad de Princeton, donde trabajaba más de treinta horas semanales para costear su matrícula, desempeñando oficios como lavaplatos, camarera, niñera, cajera de fiambrería y monitora de biblioteca. En esa época de estrechez financiera, llegó al extremo de tener que reparar una pieza dental rota utilizando pegamento para dentaduras postizas debido a la imposibilidad de pagar una consulta odontológica. Su panorama cambió tras ingresar al fondo de cobertura neoyorquino D.E. Shaw, lugar donde conoció a Jeff Bezos.
En 1994, la pareja decidió trasladarse a Seattle para fundar Amazon, un proyecto en el cual Scott desempeñó un rol fundacional y operativo sumamente activo. Durante el histórico viaje de más de 3,200 kilómetros en un vehículo Chevrolet Blazer prestado de 1988, Scott condujo a través del país mientras Bezos redactaba los borradores del plan de negocios. Una vez establecida la empresa, Scott asumió las funciones de primera contadora y administradora, gestionando desde la facturación hasta el empaque y envío de los primeros pedidos de libros, e incluso negociando el primer contrato de transporte de carga de la compañía. Con el crecimiento de Amazon, se distanció de las operaciones diarias para enfocarse en su carrera literaria, publicando novelas aclamadas por la crítica como The Testing of Luther Albright (2005) y Traps (2013), bajo la mentoría de la premio Nobel de Literatura, Toni Morrison.
El divorcio de la pareja en 2019, gestionado bajo el régimen de propiedad comunitaria del estado de Washington, representó uno de los traspasos patrimoniales privados más complejos y voluminosos de la historia financiera estadounidense. La resolución dejó a Scott con el 25% de la participación conjunta de la pareja en Amazon, equivalente a un 4% de las acciones totales de la corporación tecnológica, que en ese momento poseía un valor de mercado de aproximadamente 36,000 millones de dólares. Tras la separación, Scott modificó su apellido adoptando su segundo nombre de pila —derivado de su abuelo materno, G. Scott Cuming— e inmediatamente firmó el Giving Pledge (Compromiso de Donación), comprometiéndose formalmente a donar la gran mayoría de su fortuna a lo largo de su vida.