TENESOYA
Por un sendero de Agaldar,
caminito de la mar,
llorando va la doncella,
doncella muy principal.
Lleva un gánigo en sus brazos
y, sin cesar de llorar,
va increpando con enojo,
con rabia a su Acorac:
¡ Que no lleguen más guerreros!
¡Que ya cesen de llegar!
¡Que ya acaban con mi raza!
¡Con mi gente, con mi lar!
Por el sendero de Agaldar,
caminito de la mar,
del gánigo que llevaba
la leche va a derramar
sobre la encrespada ola
de aquella furiosa mar.
Ya es inútil, Tenesoya,
ya es inútil tu ofrendar
por el sendero de Agaldar,
caminito de la mar.