Ahora bien, para este episodio vas a escuchar a Karina Salinas, ecuatoriana, bióloga de profesión, amante de los animales, una mujer con valores humanos significativos para cada comunidad en la que trabaja, su historia el pedacito que nos compartirá, es similar a la de otras mujeres que han sufrido violencia, pero es distinta en algo: el perpetrador no era un hombre, sino una mujer igual que ella. Y su caso no es aislado. Los colectivos #LGBTIQ+ (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) entre otros aseguran que, de hecho, la violencia entre personas del mismo sexo es más frecuente de lo que se cree. Y denuncian que, a pesar de ello, no se le presta la atención necesaria.
Un drama de “doble armario”, violencia invisible que alimenta el tabú. Aunque ni los golpes, ni las repetidas humillaciones, ni las amenazas o el control enfermizo son fenómenos exclusivos de las relaciones heterosexuales, la violencia entre personas del mismo sexo se ha estudiado mucho menos.
Y es que hasta hace poco, en muchos países estos tipos de uniones no tenían ni siquiera reconocimiento legal.
Aunque no hay estudios globales ni realizados en muchos países del mundo, los que se han hecho (centrados en su mayoría en países anglosajones) indican que el problema existe y podría estar en niveles similares que la violencia en parejas heterosexuales.
Por ejemplo, una revisión de estudios publicada en 2014 por la Escuela Feinberg de Medicina de la Universidad Northwestern (Chicago), concluyó que entre el 25% y el 75% de las lesbianas, gays y transexuales han sido víctimas de violencia en la pareja.
Y en una encuesta entre más de 16.000 personas dirigida por el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos, las mujeres lesbianas y los hombres gays reportaron haber sufrido niveles de violencia íntima (física, sexual o psicológica) por parte de una pareja o expareja iguales o mayores que las personas heterosexuales.
Aunque el estudio no entró a determinar si la violencia es mayor en parejas homosexuales que en el resto (los datos no indican el sexo del perpetrador y pueden referirse a momentos anteriores a que las personas se autoidentificaran como lesbianas o gays), los resultados confirman lo que para las comunidades LGBT es un hecho.
No solo las mujeres heterosexuales son víctimas de violencia en la pareja, no es cierto que los hombres nunca sean víctimas y tampoco que las mujeres no puedan ser perpetradoras.
Además, hay numerosos casos en que los agresores amenazan con divulgar la orientación sexual de la víctima a su entorno familiar o de amistades y utilizan esto como mecanismo de control.
“Se cree que si la violencia se da en personas del mismo sexo entonces tiene que ser en dos direcciones"
Por eso, si para una mujer víctima de violencia a manos de su marido ya es normalmente difícil aceptar la situación y denunciarlo, en caso de estas víctimas puede ser aun peor.
Es lo que se llama "doble armario": las víctimas tienen dificultades para reportar abusos porque esto requiere autoidentificarse como LGBTIQ+ frente a unas autoridades en las que muchas veces no confían. Vacíos legales, donde la ley de violencia de género solo protege a las mujeres que son agredidas por varones sin ser suficiente incluso para ese sector heterosexual, en fin!
Agradezco a Karina, por su valentía de contar esta anécdota, por apoyar a más víctimas y hacer correr la voz visibilizando un tabú invisible ante la sociedad.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-39725498