Junio 21, 2019 - Si la raza humana entera quedara ciega de repente, el sol seguiría brillando de día y la luna de noche. Si de repente todos nosotros nos quedáramos sordos, los pájaros seguirían cantando. Y si de repente nos contagiáramos con la "enfermedad" del ateísmo, Dios seguiría existiendo en Su gloria resplandeciente. Hoy el pastor Carlos A. Zazueta explica que el creer o no en Dios no le añade nada a ni le quita algo de Su gloria, de la misma manera que nuestros sentidos visuales o auditivos controlan al sol y a los pájaros.