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Hay momentos en la historia en los que un proyecto político deja de ser una promesa y empieza a ser puesto a prueba. Eso fue lo que ocurrió en España durante el primer bienio de la Segunda República. Tras la ilusión inicial de 1931, el gobierno presidido por Manuel Azaña se lanzó a una transformación profunda del país: reformas en la educación, en el Ejército, en la propiedad de la tierra, en las relaciones laborales y en la propia relación entre el Estado y la Iglesia. Era un intento ambicioso de modernizar España, de acercarla a las democracias europeas, pero también un proceso que tocaba intereses muy arraigados y que despertó resistencias en todos los frentes.
Porque mientras el gobierno avanzaba en su programa reformista, la tensión crecía dentro y fuera de las instituciones. Desde sectores conservadores, monárquicos y parte del Ejército, se empezó a conspirar contra la República, culminando en el fallido golpe del general José Sanjurjo en 1932. Al mismo tiempo, desde la izquierda revolucionaria, organizaciones como la CNT cuestionaban el propio sistema republicano, protagonizando huelgas, insurrecciones y episodios dramáticos como los de Casas Viejas. España entraba así en una espiral de polarización, donde cada reforma generaba una respuesta, cada avance provocaba un conflicto y la joven República comenzaba a desgastarse en medio de una creciente lucha por definir su futuro.
By VIVA RADIOHay momentos en la historia en los que un proyecto político deja de ser una promesa y empieza a ser puesto a prueba. Eso fue lo que ocurrió en España durante el primer bienio de la Segunda República. Tras la ilusión inicial de 1931, el gobierno presidido por Manuel Azaña se lanzó a una transformación profunda del país: reformas en la educación, en el Ejército, en la propiedad de la tierra, en las relaciones laborales y en la propia relación entre el Estado y la Iglesia. Era un intento ambicioso de modernizar España, de acercarla a las democracias europeas, pero también un proceso que tocaba intereses muy arraigados y que despertó resistencias en todos los frentes.
Porque mientras el gobierno avanzaba en su programa reformista, la tensión crecía dentro y fuera de las instituciones. Desde sectores conservadores, monárquicos y parte del Ejército, se empezó a conspirar contra la República, culminando en el fallido golpe del general José Sanjurjo en 1932. Al mismo tiempo, desde la izquierda revolucionaria, organizaciones como la CNT cuestionaban el propio sistema republicano, protagonizando huelgas, insurrecciones y episodios dramáticos como los de Casas Viejas. España entraba así en una espiral de polarización, donde cada reforma generaba una respuesta, cada avance provocaba un conflicto y la joven República comenzaba a desgastarse en medio de una creciente lucha por definir su futuro.

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