Hay nombres que atraviesan los siglos cargados de un eco incómodo. Nombres que no se pronuncian sin despertar sospechas, imágenes oscuras, juicios previos. El de Lucrecia Borgia es uno de ellos. Basta escucharlo para que aparezcan palabras como veneno, incesto, conspiración, crimen. Pero ¿qué hay realmente detrás de esa fama? ¿Qué parte pertenece a la historia y cuál al rumor, al miedo, a la propaganda política y al prejuicio contra una mujer que vivió demasiado cerca del poder?
Esta noche vamos a viajar al corazón del Renacimiento italiano, a una época brillante y violenta a la vez, donde el arte convivía con la traición, donde los papas gobernaban como príncipes y donde las familias se disputaban ciudades y territorios como si fueran piezas de ajedrez. En ese mundo nació Lucrecia Borgia, hija de un papa, hermana de un caudillo temido, esposa por conveniencia desde la adolescencia y, durante siglos, personaje prisionero de una leyenda que casi nadie se detuvo a cuestionar.
Hoy no vamos a contar la historia fácil ni la versión sensacionalista que tantas veces se ha repetido. Vamos a escuchar a la historia con calma, a leer entre líneas, a separar los documentos de las invenciones, el mito del ser humano. Porque detrás de la femme fatale que la literatura fabricó hay una mujer real, marcada por su tiempo, utilizada como instrumento político y juzgada sin derecho a réplica.
Durante los próximos minutos, les invito a acompañarnos en este viaje al pasado para mirar a Lucrecia Borgia sin prejuicios, sin morbo y sin condenas heredadas. No para absolverla ni para condenarla, sino para comprenderla. Porque a veces, entender la historia consiste precisamente en atreverse a escuchar aquello que durante siglos fue silenciado.