IX
Sir Robert Victor Goddard
Hablar de Sir Robert Victor Goddard no es hablar de un ocultista, ni de un médium, ni de un excéntrico seducido por la superstición. Es hablar de un mariscal del aire británico, ingeniero formado en Cambridge, oficial de inteligencia, estratega militar en dos guerras mundiales y director académico tras su retiro. Un hombre moldeado por la disciplina, la jerarquía y la observación técnica.
Y precisamente por eso, sus experiencias anómalas resultan tan inquietantes.
A lo largo de su vida, Goddard fue protagonista directo o indirecto de algunos de los episodios paranormales más citados del siglo XX: una fotografía con un muerto presente entre los vivos, una visión aérea de un aeródromo en el futuro, una premonición atmosférica antes de la Primera Guerra Mundial y un accidente aéreo anticipado en sueños por un tercero. Pero lo más desconcertante no es cada episodio aislado.
1. La “visión” de 1911: la guerra antes de la guerra
Mucho antes de que Europa estallara en 1914, el joven Goddard, entonces guardiamarina, experimentó lo que él mismo describió como una “visión interna”.
Desde la cubierta del HMS Victorious, observó una formación de nubes que adoptaba con precisión la forma de las Islas Británicas, mientras una masa oscura que él asoció mentalmente con Alemania y Europa continental parecía avanzar sobre ellas.
La nube negra cubría parcialmente la blanca. Después retrocedía. Finalmente se disipaba.
No escuchó voces. No vio apariciones. No perdió la conciencia. Lo que ocurrió fue otra cosa: una certeza absoluta e inexplicable de que Inglaterra sería atacada… pero no derrotada.
Lo crucial aquí es su propia interpretación posterior. Goddard insistió en que aquello no estaba “en el cielo”, sino “dentro de él”. Es decir, no lo vivió como fenómeno óptico sino como acceso súbito a una información que aún no existía en el plano histórico.
Cuando la guerra estalló tres años después, afirmó que jamás dudó del desenlace final. La convicción que nació aquel día no lo abandonó ni en los momentos más sombríos del conflicto.
Desde una perspectiva parapsicológica, esto encaja con fenómenos de precognición intuitiva, donde la información futura no se percibe como imagen externa sino como conocimiento integrado en la conciencia.
2. La fotografía de Freddy Jackson: el muerto de la última fila.
En 1919, dos días después de la muerte accidental del mecánico Freddy Jackson decapitado por la hélice de un avión, su escuadrón posó para una fotografía oficial.
La imagen fue tomada el mismo día del funeral.
Al revelarse la placa, detrás de uno de los oficiales, parcialmente oculto, aparece el rostro de Jackson.
Sin gorra. Con la cabeza inclinada. Mirando ligeramente hacia un lado.
El detalle más inquietante: sus compañeros lo identificaron inmediatamente. No hubo discusión interna en el escuadrón sobre quién era.
Goddard, como oficial relacionado con el grupo, nunca negó la autenticidad de la fotografía. No la calificó de fraude ni de manipulación.
Desde el análisis técnico moderno, podrían proponerse hipótesis como doble exposición o error de revelado. Sin embargo, el estudio Bassano, responsable de la imagen, no tenía antecedentes de ese tipo de fallos en retratos formales.
El fenómeno se clasifica dentro de la tipología de “fotografía psíquica” o “aparición post-mortem en soporte físico”. Lo singular no es solo la figura, sino el contexto: un muerto enterrado esa misma mañana aparece integrado en una composición formal perfectamente estructurada.
3. El aeródromo de Drem (1934): el futuro observado desde el aire
Este es el episodio más documentado y analizado de su vida.
En 1934, Goddard sobrevoló el aeródromo de Drem, en Escocia. Lo vio abandonado: hangares deteriorados, ganado pastando, pistas inutilizadas.
Días después, durante un vuelo de regreso, atravesó una tormenta extremadamente violenta. Pérdida de control, desorientación, descenso en espiral. Finalmente emergió bajo las nubes… y volvió a ver Drem.
Pero no era el mismo Drem.
Ahora estaba activo.
Pistas asfaltadas.
Hangares renovados.
Aviones pintados de amarillo brillante.
Mecánicos con monos azules.
Actividad operativa.
Lo más perturbador: ese esquema de colores (aviones amarillos de entrenamiento y overoles azules) no fue adoptado por la RAF hasta 1939 y 1940.
Cuatro años después, Drem fue reactivado exactamente bajo esas condiciones.
Este caso se encuadra dentro de los denominados time slips prospectivos: no un salto al pasado, sino una percepción temporal adelantada.
Elementos recurrentes en este tipo de episodios:
Condición atmosférica anómala (tormenta, niebla, distorsión lumínica).
Sensación de “atmósfera encapsulada”. Efecto Campana.
Percepción de irrealidad cualitativa.
Invisibilidad aparente del testigo respecto al entorno.
Goddard describió la escena como “más real que un sueño, pero distinta de la realidad ordinaria”.
4. Shanghái, 1946: el accidente soñado
En enero de 1946, un oficial le relató un sueño vívido: un Douglas Dakota rumbo a Tokio, tormenta de nieve, tres civiles a bordo (dos hombres y una mujer), impacto en una costa rocosa japonesa. Todos muertos. Goddard desaparecido.
Al día siguiente, Goddard sube a un Dakota.
A última hora embarcan tres civiles: dos hombres y una mujer.
Se desata una tormenta severa.
Formación de hielo en alas.
Pérdida de control.
Aterrizaje forzoso en la isla de Sado.
La única diferencia respecto al sueño: nadie muere.
Aquí no hablamos de experiencia directa suya, sino de precognición transmitida por tercero. El patrón es extraordinariamente específico.
La estadística pura no explica la coincidencia de:
Modelo de avión.
Composición exacta de pasajeros.
Tipo de tormenta.
Zona geográfica.
Resultado casi idéntico.
5. La experiencia energética nocturna
En su vejez, Goddard relató un fenómeno íntimo: una corriente energética que ascendía desde los pies hasta la cabeza mientras permanecía consciente en la cama.
No era parálisis del sueño.
No era sueño hipnagógico.
No era pérdida de conciencia.
Describió:
Sensación eléctrica progresiva.
Expansión de claridad mental.
Voz interna nítida.
Sensación de separación entre mente y cuerpo.
En estudios contemporáneos de fenomenología anómala, esto se asemeja a:
Experiencias extracorporales parciales.
Estados vibracionales previos a OBE.
Episodios místicos espontáneos no inducidos.
Lo notable es que él no lo interpretó como alucinación. Tampoco como enfermedad. Lo vivió como acceso a un plano ampliado de percepción.
Tras décadas de silencio, Goddard llegó a una conclusión radical para un militar racional:
El tiempo no es estrictamente lineal.
La conciencia no está confinada al presente.
La realidad física no agota lo real.
Se interesó por la hipótesis parafísica en ufología, OVNIS, sugiriendo que ciertos fenómenos no provienen del espacio exterior, sino de dimensiones coexistentes.
No abrazó el misticismo ingenuo. No abandonó la razón.
Pero aceptó que su experiencia vital le obligaba a revisar los fundamentos del determinismo clásico.
Sir Robert Victor Goddard no fue un visionario profesional. No buscó notoriedad. No construyó una carrera sobre lo paranormal.
Sin embargo:
Vio una guerra antes de que comenzara.
Observó un aeródromo cuatro años en el futuro.
Sobrevivió a un accidente anticipado en sueños por otro.
Conservó una fotografía donde un muerto aparece entre los vivos.
Experimentó fenómenos energéticos conscientes en su vejez.
No estamos ante un caso aislado.
Estamos ante un patrón persistente de anomalías temporales y perceptivas en la vida de un individuo altamente entrenado en observación objetiva.
Y eso es lo que convierte su historia en algo más que una anécdota: la transforma en uno de los expedientes más sólidos cuando se estudian intersecciones entre conciencia, tiempo y realidad física.
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