Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! IX
ESPÍRITUS QUE VUELVEN.
En el programa de hoy, como os prometí, hablaré de casos, en torno a crímenes históricos donde la figura de la víctima, a través de sueños, visiones o presuntas manifestaciones sobrenaturales parece influir decisivamente en el curso de la justicia.
I. El caso de Elva Zona Heaster. Condado de Greenbrier, 1897
La primera historia nos traslada a Appalachia, Virginia Occidental, en el año 1897.
Elva Zona Heaster, nace aproximadamente entre 1873 y 1876, hija de Mary Jane Heaster, una mujer de carácter firme y profundamente protectora.
Zona arrastraba un estigma social considerable: hacia 1895 había dado a luz a un hijo fuera del matrimonio, cuyo padre fue identificado como George Woldridge. En una comunidad rural profundamente conservadora, esa circunstancia la colocaba en una posición social vulnerable. El niño fue dado en adopción o falleció en la infancia, los registros no son concluyentes, pero el peso moral de aquel hecho marcó su reputación.
En octubre de 1896, llega al condado un herrero llamado Erasmus Stribbling Shue, apodado “Trout”. Era un hombre con antecedentes inquietantes: un primer matrimonio terminado en abandono, un segundo con Lucy Ann Tritt, fallecida en circunstancias poco claras, y posteriormente una condena por robo de caballos que lo llevó a prisión durante dos años.
Apenas semanas después de conocerse,, Zona y Shue contraen matrimonio. La madre de la joven manifiesta un rechazo visceral hacia el nuevo esposo, intuyendo algo oscuro en su carácter.
El sábado 23 de enero de 1897, el joven Anderson Jones, de 11 años, encuentra el cuerpo de Zona tendido al pie de las escaleras. Sus ojos abiertos, una mancha de sangre, postura rígida.
Cuando el Dr. George W. Knapp examina el cuerpo, observa detalles extraños, pero realiza una inspección superficial. Shue había lavado el cadáver, lo había vestido y había envuelto su cuello con un pañuelo rígido y un velo atado firmemente bajo la barbilla. La causa inicial de muerte se certifica como “desmayo eterno” y luego “complicaciones del embarazo”.
El funeral se celebra al día siguiente. Varios testigos notan algo perturbador: la cabeza de Zona parece moverse con excesiva soltura cuando el ataúd es tocado.
Durante semanas, Mary Jane Heaster afirma haber sido visitada por la aparición de su hija. Según su testimonio, la joven le describe con precisión la violencia ejercida sobre su cuello y relata una discusión doméstica relacionada con la cena.
Convencida, Mary Jane acude al fiscal del condado, John Alfred Preston.
En la autopsia, realizada posteriormente se descubre que el cuello estaba dislocado, la tráquea aplastada y los ligamentos desgarrados.
Shue es arrestado ese mismo día.
II. El Crimen del Granero Rojo – Polstead, Suffolk (1827-1828)
La segunda parte nos traslada a Polstead, Suffolk, Inglaterra, en la década de 1820.
Maria Marten, nace el 24 de julio de 1801, era hija de Thomas Marten* un humilde cazador de topos. Tras la muerte de su madre Grace, fue criada por su madrastra Ann Marten.
Maria era considerada atractiva, pero su belleza no le aseguró estabilidad social. Quedó embarazada de Peter Matthews, quien mantuvo económicamente al hijo, Thomas Henry Marten.
A los 25 años, Maria era vista en la aldea como una “mujer caída”, marcada por la ilegitimidad de sus hijos.
En 1826, entra en escena William Corder.
Desde joven fue considerado problemático y manipulador. Comienza una relación con Maria que promete matrimonio y escape del estigma social.
En 1827, la pareja planea huir juntos. William propone encontrarse en el llamado Granero Rojo (Red Barn), una construcción aislada de ladrillo rojizo en las afueras del pueblo. María desaparece.
La madrastra de Maria comienza a tener sueños perturbadores en los que ve a la joven enterrada bajo el suelo del Granero Rojo. La insistencia de estos sueños genera inquietud familiar.
II. El caso de Frederick Fisher
La última historia nos traslada a la colonia penal de Nueva Gales del Sur, en 1826, concretamente a la región rural de Campbelltown.
Frederick Fisher era un exconvicto inglés que había sido transportado a Australia por delitos relacionados con falsificación. Tras cumplir su condena, logró establecerse como agricultor en Campbelltown, donde adquirió tierras y ganado. Con el tiempo, se convirtió en un hombre económicamente estable y respetado dentro de la comunidad local.
En una colonia donde muchos eran antiguos presidiarios intentando reconstruir su vida, Fisher representaba un ejemplo de reinserción exitosa. No era un hombre especialmente sociable, pero sí trabajador y metódico.
Entre sus conocidos más cercanos se encontraba George Worrall, vecino y colaborador en algunos asuntos comerciales. La relación entre ambos es cordial, basada en la confianza práctica propia de una comunidad pequeña donde la cooperación era esencial.
En junio de 1826, Fisher desaparece repentinamente. Worrall informa a los vecinos que su amigo había regresado a Inglaterra, o que había sido citado por las autoridades por problemas legales.
Lo extraño es que Fisher no había liquidado sus propiedades ni arreglado formalmente sus asuntos financieros. Su ganado y tierras quedaron, de facto, bajo administración de Worrall.
Un agricultor local, John Farley, afirma haber visto una figura sentada sobre la baranda de un puente cercano a Campbelltown, conocido como el puente sobre Fisher’s Creek. La figura le resultó reconocible: aseguraba que era Frederick Fisher.
Farley no describió una visión difusa o espectral en términos melodramáticos; según el relato recogido, la figura parecía sólida, silenciosa, inmóvil. Lo inquietante era su expresión.
En un primer momento, Farley dudó de su propia percepción. Sin embargo, la visión se repitió. La figura parecía señalar o dirigir la atención hacia un punto específico del terreno cercano al arroyo.
El magistrado de la zona, Grafton Eliott Smith, tomó en consideración el testimonio.
Se organizó una inspección en el área señalada, cerca del arroyo.
Worrall fue arrestado y acusado formalmente.
El hecho de que la localización del cuerpo estuviera asociada al testimonio de una aparición convirtió el caso en uno de los primeros grandes relatos sobrenaturales documentados en la historia australiana.
Con el tiempo, la historia sería conocida como “Fisher’s Ghost”, integrándose en el folclore nacional y dando origen a festivales conmemorativos en Campbelltown.
Escúchame en iVoox. Suscríbete en tu plataforma preferida.
HAZTE MECENAS: No dejes que La Biblioteca cierre nunca sus puertas.
Gracias a los MECENAS: sin ustedes, La Llamada De La Luna no sería posible.
Canal Telegram: https://t.me/LaLamadaDeLaLuna
YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCEOtdbbriLqUfBtjs_wtEHw Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals