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La sesión de hoy girará alrededor dos conceptos, dos herramientas que se usan sobre todo en el jazz y que se conocen como “scat” y “vocalesse”.
Aunque para muchos el scat pueda parecer un sinsentido, está ahí para mover la expresión vocal hacia la abstracción y hacia modos de significado que son musicales más que verbales, especialmente cuando las palabras no logran, o no son necesarias para expresar un sentimiento. Por su parte, el vocalese es el arte de escribir letras con significado propio a solos instrumentales ya grabados, preservando con exactitud cada nota, cada ritmo y cada inflexión del original. No es scat, que improvisa sílabas sin sentido, sino su opuesto: una escritura minuciosa y fija que convierte una improvisación instrumental en una canción con palabras.
Al Capone, como descendiente de napolitanos, amaba el “bel canto” y veneraba a Enrico Caruso. Pero Capone era hijo de su tiempo y también apreciaba el jazz. De hecho, el desarrollo del jazz hubiera sido más lento de no haber contado con el patrocinio de Capone y otros gánsteres. La Prohibición (Ley Seca) supuso la proliferación de tabernas, clubes y prostíbulos donde se podía consumir alcohol. Bastantes locales eran controlados directamente por bandas de contrabandistas y necesitaban músicos que animaran aquello, razón por la que se recurrió a los músicos de jazz. Es así que, durante la Ley Seca, el jazz y el crimen organizado crecieron pegados el uno al otro. La mayoría de los clubes donde sonaba esta música eran, en realidad, fachadas para vender alcohol de contrabando, y quienes los sostenían eran gángsters que necesitaban locales atractivos para mover su negocio. Esa dependencia económica convirtió a los mafiosos en mecenas involuntarios: pagaban bien, exigían calidad y, a cambio, esperaban silencio absoluto sobre lo que ocurría fuera del escenario. Los músicos entraban a un mundo donde el talento abría puertas, pero donde también había que aprender a no ver ni escuchar de más. Las guerras entre bandas rivales, las redadas policiales y los cambios repentinos de dueño formaban parte del paisaje cotidiano de esa escena. El jazz, en ese sentido, no solo nació en la pobreza y la marginación: también se desarrolló bajo la protección, y el control, de una economía ilegal que decidía quién tocaba, dónde y para quién.
Al Capone, como descendiente de napolitanos, amaba el “bel canto” y veneraba a Enrico Caruso. Pero Capone era hijo de su tiempo y también apreciaba el jazz. De hecho, el desarrollo del jazz hubiera sido más lento de no haber contado con el patrocinio de Capone y otros gánsteres. La Prohibición (Ley Seca) supuso la proliferación de tabernas, clubes y prostíbulos donde se podía consumir alcohol. Bastantes locales eran controlados directamente por bandas de contrabandistas y necesitaban músicos que animaran aquello, razón por la que se recurrió a los músicos de jazz. Es así que, durante la Ley Seca, el jazz y el crimen organizado crecieron pegados el uno al otro. La mayoría de los clubes donde sonaba esta música eran, en realidad, fachadas para vender alcohol de contrabando, y quienes los sostenían eran gángsters que necesitaban locales atractivos para mover su negocio. Esa dependencia económica convirtió a los mafiosos en mecenas involuntarios: pagaban bien, exigían calidad y, a cambio, esperaban silencio absoluto sobre lo que ocurría fuera del escenario. Los músicos entraban a un mundo donde el talento abría puertas, pero donde también había que aprender a no ver ni escuchar de más. Las guerras entre bandas rivales, las redadas policiales y los cambios repentinos de dueño formaban parte del paisaje cotidiano de esa escena. El jazz, en ese sentido, no solo nació en la pobreza y la marginación: también se desarrolló bajo la protección, y el control, de una economía ilegal que decidía quién tocaba, dónde y para quién.
En la primera Quinta Disminuida del mes de agosto de 2026 quiero compartir con ustedes un programa en el que recordaremos a varios músicos que nacieron en este mes del año. Cómo la lista es muy extensa tuve hacer una selección solamente de algunos, pero para tratar de abarcar a la mayor cantidad de ellos, y para complicarme un poco, muchos de los temas que escucharemos hoy, involucran a dos o tres músicos que nacieron en agosto y que tocaron o grabaron juntos.
En la primera Quinta Disminuida del mes de agosto de 2026 quiero compartir con ustedes un programa en el que recordaremos a varios músicos que nacieron en este mes del año. Cómo la lista es muy extensa tuve hacer una selección solamente de algunos, pero para tratar de abarcar a la mayor cantidad de ellos, y para complicarme un poco, muchos de los temas que escucharemos hoy, involucran a dos o tres músicos que nacieron en agosto y que tocaron o grabaron juntos.
Muchas veces escucho a algunas personas decir que el jazz es una música difícil, sofisticada, hasta pesada. Y, en muchos casos, podrían tener razón: depende de qué escuchen y cuán habituados estén. Hace un tiempo atrás, descubrí un hermoso libro, "Cómo escuchar jazz", de Ted Gioia, uno de los mayores conocedores de la historia del género. Es un manual breve pero útil y ameno, en el que se recorre la historia del jazz a través de sus autores, temas, sesiones de grabación e hitos. Lo recomiendo tanto a quienes se acercan al jazz por primera vez como a quienes ya lo disfrutan.
En las primeras páginas encuentro una cita de Duke Ellington: "Escuchar es lo más importante de la música". Para mí, ese es el fundamento: escuchar y disfrutar. Pero a veces el mundo de la crítica se vuelve tan complejo que asusta a los oyentes, y eso le pasó al jazz, que de ser música callejera pasó a ser cosa de élites.
Por eso, en esta sesión quiero contarles mi propia experiencia: cómo descubrí y me zambullí en las aguas del jazz.
Muchas veces escucho a algunas personas decir que el jazz es una música difícil, sofisticada, hasta pesada. Y, en muchos casos, podrían tener razón: depende de qué escuchen y cuán habituados estén. Hace un tiempo atrás, descubrí un hermoso libro, "Cómo escuchar jazz", de Ted Gioia, uno de los mayores conocedores de la historia del género. Es un manual breve pero útil y ameno, en el que se recorre la historia del jazz a través de sus autores, temas, sesiones de grabación e hitos. Lo recomiendo tanto a quienes se acercan al jazz por primera vez como a quienes ya lo disfrutan.
En las primeras páginas encuentro una cita de Duke Ellington: "Escuchar es lo más importante de la música". Para mí, ese es el fundamento: escuchar y disfrutar. Pero a veces el mundo de la crítica se vuelve tan complejo que asusta a los oyentes, y eso le pasó al jazz, que de ser música callejera pasó a ser cosa de élites.
Por eso, en esta sesión quiero contarles mi propia experiencia: cómo descubrí y me zambullí en las aguas del jazz.
En esta sesión de La Quinta Disminuida, una más en este mes de aniversario, tendremos un programa especial. El primer jueves de julio hicimos un viaje a través de diecinueve años de quintas disminuidas, deteniéndonos en momentos particulares y emblemáticos de programas que hemos producido a lo largo de todo este tiempo. Los dos jueves siguientes, el nueve y el dieciséis, fueron territorio de ustedes: temas sugeridos por oyentes y seguidores de distintos países, donde mi papel fue apenas el de un simple hilo conductor que buscaba unificar esas voces en un solo relato sonoro. Hoy continuamos esa misma lógica en la primera parte del programa, y en la segunda nos asomamos a las nuevas promesas del jazz: músicos jóvenes de distintos países y culturas, con discos y grabaciones bien actuales.
En esta sesión de La Quinta Disminuida, una más en este mes de aniversario, tendremos un programa especial. El primer jueves de julio hicimos un viaje a través de diecinueve años de quintas disminuidas, deteniéndonos en momentos particulares y emblemáticos de programas que hemos producido a lo largo de todo este tiempo. Los dos jueves siguientes, el nueve y el dieciséis, fueron territorio de ustedes: temas sugeridos por oyentes y seguidores de distintos países, donde mi papel fue apenas el de un simple hilo conductor que buscaba unificar esas voces en un solo relato sonoro. Hoy continuamos esa misma lógica en la primera parte del programa, y en la segunda nos asomamos a las nuevas promesas del jazz: músicos jóvenes de distintos países y culturas, con discos y grabaciones bien actuales.
Diecinueve años no son un número cualquiera en la radio boliviana, y La Quinta Disminuida los cumple de una manera que ya es costumbre en los aniversarios.
Durante las últimas semanas recibimos pedidos de oyentes de diferentes partes del mundo Argentina, Colombia, España, Portugal y Estados Unidos y por supuesto, también de los seguidores en La Paz y toda Bolivia. Cada mensaje traía un nombre propio, una ciudad, y sobre todo un tema: una pieza que en algún momento significó algo—una tarde de estudio, un viaje, una ausencia, una celebración. De esa correspondencia dispersa armamos el programa de esta noche: un mapa sonoro trazado no por el criterio de un locutor, sino por la memoria afectiva de una audiencia que lleva casi dos décadas acompañándonos.
El resultado es, inevitablemente, más amplio y más impredecible que cualquier programa que hubiera diseñado solo: swing, bebop, fusión, voces, guitarras—el jazz entendido como un territorio sin fronteras rígidas, tal como lo hemos defendido desde el primer episodio.
En esta sesión La Quinta Disminuida les devuelve, en forma de música, lo que ustedes nos han dado en forma de palabras.
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La Quinta Disminuida es el programa de jazz que se emite desde la ciudad de La Paz - Bolivia.
Este programa nació un 12 de julio de 2007 y tiene por objetivo compartir con…
Con el afán de trascender las fronteras de la “capital más cercana al cielo” es que los programas también estarán presentes en formato del podcast de su preferencia.