Hermeto Pascoal nació en 1936 en Lagoa da Canoa, en el nordeste de Brasil, en una familia humilde de campesinos. Desde niño, la música fue su lenguaje natural: primero el acordeón, luego la flauta, el piano y además de cualquier objeto capaz de producir un sonido. Esa curiosidad lo convirtió en un alquimista sonoro. No es casual que muchos lo llamaran “O Bruxo”, el brujo, porque de su universo creativo brotaba una música capaz de transformar lo cotidiano en magia.
Su carrera comenzó en la radio y en pequeños grupos regionales, hasta que en los años sesenta integró el Sambrasa Trio y, más tarde, el Quarteto Novo, conjunto fundamental que fusionó la tradición brasileña con la modernidad del jazz. A partir de entonces, su trayectoria fue un viaje sin fronteras: colaboró con Airto Moreira, con Elis Regina, y alcanzó dimensión internacional cuando Miles Davis lo convocó para el histórico álbum Live-Evil en 1970.
Hermeto no reconocía límites. Usaba la voz, los metales, los teclados, pero también teteras, agua, juguetes, el cuerpo humano. Todo era instrumento en su búsqueda incesante. Esa libertad radical lo llevó a crear obras de una complejidad técnica y una belleza inusual, capaces de conmover tanto al oyente popular, al melómano más erudito y al músico profesional.
En este homenaje póstumo que quiero compartir con ustedes, recorreremos su camino desde los primeros registros en los años sesenta hasta sus composiciones más recientes. No será sólo una sucesión de temas, sino un retrato sonoro de alguien que hizo de la música una manera de existir. Porque en la obra de Hermeto Pascoal cada nota es vida, cada improvisación es memoria, y cada silencio, también, está lleno de música.