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Diecinueve años no son un número cualquiera en la radio boliviana, y La Quinta Disminuida los cumple de una manera que ya es costumbre en los aniversarios.
Durante las últimas semanas recibimos pedidos de oyentes de diferentes partes del mundo Argentina, Colombia, España, Portugal y Estados Unidos y por supuesto, también de los seguidores en La Paz y toda Bolivia. Cada mensaje traía un nombre propio, una ciudad, y sobre todo un tema: una pieza que en algún momento significó algo—una tarde de estudio, un viaje, una ausencia, una celebración. De esa correspondencia dispersa armamos el programa de esta noche: un mapa sonoro trazado no por el criterio de un locutor, sino por la memoria afectiva de una audiencia que lleva casi dos décadas acompañándonos.
El resultado es, inevitablemente, más amplio y más impredecible que cualquier programa que hubiera diseñado solo: swing, bebop, fusión, voces, guitarras—el jazz entendido como un territorio sin fronteras rígidas, tal como lo hemos defendido desde el primer episodio.
En esta sesión La Quinta Disminuida les devuelve, en forma de música, lo que ustedes nos han dado en forma de palabras.
Hoy no hay curatoría impuesta desde el principio, no hay hilo conductor trazado exclusivamente desde aquí. Hoy, la música que van a escuchar nació de una conversación. La propusieron ustedes. Porque hay algo que este programa me ha enseñado en diecinueve años: que del otro lado de la radio hay oídos extraordinarios. Hay personas que escuchan con una profundidad que me interpela, que me corrige, que me sorprende. Oyentes que conocen discos que yo no he escuchado, intérpretes que yo no he descubierto, momentos musicales que yo no hubiera tenido el atrevimiento de programar. Y otros, qué si bien ya sonaron en la quinta, cuando vienen de ustedes tienen otro color.
Y, como siempre, en las fechas especiales, en los aniversarios, en esos momentos en que vale la pena detenerse y mirar hacia afuera, tengo una tradición: cederles la palabra. No es la primera vez que lo hago, y espero que no sea la última. Es una forma de recordar que este programa no lo construyo solo. Lo que viene a continuación es el resultado de sus sugerencias. Músicas que llegaron por distintos caminos, desde distintos gustos, desde distintas historias personales con el jazz y con la música en general. Las recibí, las escuché con atención y las ordené con un solo criterio: que juntas respiraran como un programa, que tuvieran pulso propio, que fluyeran. Y el abanico es amplio, como amplia es la familia que escucha este programa. Esta noche vamos a movernos entre generaciones, entre estilos, entre latitudes. Si algo de lo que van a escuchar los emociona, los descoloca o los lleva a un lugar inesperado, recuerden: la semilla fue de ustedes.
Hoy no hay curatoría impuesta desde el principio, no hay hilo conductor trazado exclusivamente desde aquí. Hoy, la música que van a escuchar nació de una conversación. La propusieron ustedes. Porque hay algo que este programa me ha enseñado en diecinueve años: que del otro lado de la radio hay oídos extraordinarios. Hay personas que escuchan con una profundidad que me interpela, que me corrige, que me sorprende. Oyentes que conocen discos que yo no he escuchado, intérpretes que yo no he descubierto, momentos musicales que yo no hubiera tenido el atrevimiento de programar. Y otros, qué si bien ya sonaron en la quinta, cuando vienen de ustedes tienen otro color.
Y, como siempre, en las fechas especiales, en los aniversarios, en esos momentos en que vale la pena detenerse y mirar hacia afuera, tengo una tradición: cederles la palabra. No es la primera vez que lo hago, y espero que no sea la última. Es una forma de recordar que este programa no lo construyo solo. Lo que viene a continuación es el resultado de sus sugerencias. Músicas que llegaron por distintos caminos, desde distintos gustos, desde distintas historias personales con el jazz y con la música en general. Las recibí, las escuché con atención y las ordené con un solo criterio: que juntas respiraran como un programa, que tuvieran pulso propio, que fluyeran. Y el abanico es amplio, como amplia es la familia que escucha este programa. Esta noche vamos a movernos entre generaciones, entre estilos, entre latitudes. Si algo de lo que van a escuchar los emociona, los descoloca o los lleva a un lugar inesperado, recuerden: la semilla fue de ustedes.
Vuelve julio, y con julio, el aniversario. El de Radio Deseo y el de este espacio de jazz que es La Quinta Disminuida. Diecinueve años de transmisión ininterrumpida, novecientos ochenta y tres programas (hasta hoy), uno detrás del otro, como quien cuenta una historia que no termina nunca.
Diecinueve años no se sostienen repitiendo lo mismo; se sostienen abriendo la puerta, una y otra vez, a todo lo que el jazz puede llegar a ser.
Por este programa ha pasado el swing, con su disciplina de orquesta y su vocación de baile. Ha pasado el bebop, veloz, nervioso, casi urgente. Ha pasado el cool, que enfría lo que el bebop encendió. Ha pasado el hard bop, con su regreso al blues y a la iglesia. Ha pasado el jazz fusión, el jazz rock, el smooth jazz, el jazz vocal, el jazz de mujeres que cantan y componen como quien no pide permiso. Han pasado las big bands, con toda su arquitectura de metales y de swing colectivo.
Y hemos ido más lejos todavía. Porque el abanico, en La Quinta Disminuida, no se cierra donde termina la etiqueta. Por eso también han sonado aquí Steely Dan, Michael McDonald, Earth, Wind & Fire: nombres que la historia oficial no siempre coloca dentro del jazz, pero que llevan su espíritu por dentro, en cada acorde extendido, en cada arreglo que piensa como piensa el jazz, aunque suene distinto.
Ese ha sido, siempre, el propósito: no vigilar una frontera, sino recorrerla. Escuchar el jazz no como un territorio cerrado, sino como una manera de tocar, de armonizar, de improvisar, dondequiera que aparezca.
Vuelve julio, y con julio, el aniversario. El de Radio Deseo y el de este espacio de jazz que es La Quinta Disminuida. Diecinueve años de transmisión ininterrumpida, novecientos ochenta y tres programas (hasta hoy), uno detrás del otro, como quien cuenta una historia que no termina nunca. Diecinueve años no se sostienen repitiendo lo mismo; se sostienen abriendo la puerta, una y otra vez, a todo lo que el jazz puede llegar a ser.
Por este programa ha pasado el swing, con su disciplina de orquesta y su vocación de baile. Ha pasado el bebop, veloz, nervioso, casi urgente. Ha pasado el cool, que enfría lo que el bebop encendió. Ha pasado el hard bop, con su regreso al blues y a la iglesia. Ha pasado el jazz fusión, el jazz rock, el smooth jazz, el jazz vocal, el jazz de mujeres que cantan y componen como quien no pide permiso. Han pasado las big bands, con toda su arquitectura de metales y de swing colectivo.
Y hemos ido más lejos todavía. Porque el abanico, en La Quinta Disminuida, no se cierra donde termina la etiqueta. Por eso también han sonado aquí Steely Dan, Michael McDonald, Earth, Wind & Fire: nombres que la historia oficial no siempre coloca dentro del jazz, pero que llevan su espíritu por dentro, en cada acorde extendido, en cada arreglo que piensa como piensa el jazz, aunque suene distinto.
Ese ha sido, siempre, el propósito: no vigilar una frontera, sino recorrerla. Escuchar el jazz no como un territorio cerrado, sino como una manera de tocar, de armonizar, de improvisar, dondequiera que aparezca.
Lo sucedido el domingo 25 de junio de 1961 en el Village Vanguard, es el testimonio imperecedero de un trío excepcional en el que todos sus integrantes tenían voz, voto y un lugar para expresarse; es la piedra angular del trío de jazz moderno y una fuente de inspiración constante para futuras generaciones de pianistas en particular y de músicos en general. El caso es que estas sesiones, milagrosamente grabadas en la tarde y la noche del domingo 25 de junio de 1961, por el trio de Bill Evans con Scott LaFaro al contrabajo y Paul Motian a la batería, son la cumbre no sólo de Bill Evans sino del formato de trío en jazz.
Lo sucedido el domingo 25 de junio de 1961 en el Village Vanguard, es el testimonio imperecedero de un trío excepcional en el que todos sus integrantes tenían voz, voto y un lugar para expresarse; es la piedra angular del trío de jazz moderno y una fuente de inspiración constante para futuras generaciones de pianistas en particular y de músicos en general. El caso es que estas sesiones, milagrosamente grabadas en la tarde y la noche del domingo 25 de junio de 1961, por el trio de Bill Evans con Scott LaFaro al contrabajo y Paul Motian a la batería, son la cumbre no sólo de Bill Evans sino del formato de trío en jazz.
Hay una palabra que los musicólogos y críticos de jazz usan con precaución y, nosotros, los oyentes, con generosidad: “jazzy”. No es un género ni una categoría académica. Es una cualidad: la presencia, en una música que no es estrictamente jazz, de elementos que pertenecen a su lenguaje. Una armonía extendida. Un fraseo que respira con libertad. Un silencio que no es vacío, sino espera.
Las cuatro artistas que serán parte de esta sesión —Sade, Erykah Badu, Madeleine Peyroux y Norah Jones— no son, en rigor, cantantes de jazz. No provienen del “jam sesión” ni construyen su identidad desde la improvisación. Y, sin embargo, su música sería imposible sin el jazz. Lo llevan incorporado: en la manera en que la voz ocupa el espacio entre las notas, en las armonías que evitan la resolución fácil, en la producción que privilegia el respiro sobre la densidad.
Hay una palabra que los musicólogos y críticos de jazz usan con precaución y, nosotros, los oyentes, con generosidad: “jazzy”. No es un género ni una categoría académica. Es una cualidad: la presencia, en una música que no es estrictamente jazz, de elementos que pertenecen a su lenguaje. Una armonía extendida. Un fraseo que respira con libertad. Un silencio que no es vacío, sino espera.
Las cuatro artistas que serán parte de esta sesión —Sade, Erykah Badu, Madeleine Peyroux y Norah Jones— no son, en rigor, cantantes de jazz. No provienen del “jam sesión” ni construyen su identidad desde la improvisación. Y, sin embargo, su música sería imposible sin el jazz. Lo llevan incorporado: en la manera en que la voz ocupa el espacio entre las notas, en las armonías que evitan la resolución fácil, en la producción que privilegia el respiro sobre la densidad.
Hay músicos que tocan notas. Hay otros que tocan el tiempo mismo. Miles Dewey Davis III pertenece a esa segunda especie: la de los que no se limitan a habitar una época, sino que la inventan desde adentro.
En este programa abordaremos el período de su obra comprendido entre 1968 y 1991, el final de su recorrido, aunque con Miles Davis hablar de final siempre fue un malentendido. Su música no termina: se transforma, se prolonga, sigue resonando en todo lo que vino después, en el jazz de fusión, en el hip-hop, en la música electrónica, en cualquier artista que haya entendido que la tradición es un punto de partida, no un destino. Transitaremos desde los estanques sonoros de "Water on the Pond", donde el jazz modal comenzaba su disolución eléctrica, hasta el beat hipnótico de "Mystery", donde el hip-hop y la trompeta de un hombre de sesenta y cinco años encontraban, en los últimos meses de su vida, un idioma en común. En el camino: la densidad percusiva de “On the Corner”, la serenidad orquestal e hipnótica de “Aura”, la elegancia funcional de Tutu, la política sonora de Amandla. Cada período de Miles Davis fue una ruptura. Cada ruptura fue también una continuidad. Porque lo que nunca cambió fue la exigencia: la de no repetirse, la de no instalarse, la de buscar siempre el próximo umbral aunque eso implicara perder el público que había ganado con el umbral anterior.
Miles Davis murió el 28 de septiembre de 1991 en Santa Mónica, California. Tenía sesenta y cinco años. Dejó una discografía que no tiene equivalente en la historia de la música del siglo XX: no sólo por su extensión o su calidad, sino por su capacidad de habitar épocas distintas con igual autenticidad.
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La Quinta Disminuida es el programa de jazz que se emite desde la ciudad de La Paz - Bolivia.
Este programa nació un 12 de julio de 2007 y tiene por objetivo compartir con…
Con el afán de trascender las fronteras de la “capital más cercana al cielo” es que los programas también estarán presentes en formato del podcast de su preferencia.