Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre el proceso capitalista argentino y realizó una comparación entre el acuerdo que tenía nuestro país con Inglaterra, a finales del siglo XIX, y el convenio que se planea firmar, actualmente, con China. Bajo su mandato, Juan Domingo Perón tenía un delirio: quería entrar al mundo como potencia. Y algún grado de conciencia de la necesidad de prepararse para eso tenía en tanto que desarrolla los llamados Planes Quinquenales. Su idea de potencia industrial iría de la mano del Estado. Más allá de sus elementos delirantes, el General esboza un plan. Muchos militantes kirchneristas creen que, por este pasado peronista, el kirchnerismo tiene un programa, un plan bien organizado que es sinónimo de Estado e industria. Sin embargo, si uno analiza detenidamente el proceso histórico que hace que nuestro país llegue a ser la Argentina de hoy, la realidad dista de ser la que piensa el “buen” kirchnerista.
En el siglo XIX, el imperio británico cumple un rol progresivo y hace posible que en este espacio surja algo llamado Argentina. En un proceso histórico del desarrollo del capitalismo mundial se hace posible el desarrollo del capitalismo nacional. El mal denominado “modelo agroexportador” era, en realidad, un capitalismo basado en la producción agraria que daba pie a la existencia creciente de un mercado interno en el cual se desarrolla la industria, mucho tiempo antes de Perón. Es decir, la industria nace en la Argentina a fines del siglo XIX. Y crece, a los impulsos de ese mercado interno con una capacidad competitiva, al interior, nada despreciable. Sin necesidad de protegerla. Ese proceso culmina en las décadas del 20´/30´. Y finaliza, entre otras cosas, porque se agota Inglaterra. A partir de entonces, nuestro país desarrolla cierta independencia. No logra obtener este tipo de relación con otra potencia y tiene serios problemas con la inserción internacional.
Hoy en día, con China vamos a un acuerdo en el cual la Argentina reproduce la relación que teníamos con Inglaterra. Es casi idéntica. Pero, este convenio es reaccionario y anti progresista en relación al que tuvimos con los ingleses. Sucede que la Argentina que se construyó con Inglaterra no tenía nada que perder y todo para ganar. El país que se va a edificar con el gigante asiático necesita desarmar buena parte de lo que construyó a lo largo del siglo XX. La industria argentina es un desastre, pero, aun así, es una base sobre la que trabajar. Es una herencia necesaria para asumir, sí uno quiere, y avanzar a partir de allí. Los acuerdos con China implican la cancelación de ese desarrollo y retrotraer a la Argentina a una estructura primaria al estilo de 1900. Para ese país, a la Argentina le sobre 20 millones de habitantes. Esto significa la derrota de cualquier perspectiva de un país distinto del que, de alguna manera delirantemente, imaginó Perón. Nos vamos a enfrentar a masa de desocupados y a salarios miserables. Lo más sorprendente es que la campeona de esto es Cristina Fernández, la supuesta heredera del peronismo, sinónimo de la industria y lo nacional.