La Sartelli Por El Mango

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La Sartelli Por El Mango episodes

  • Cortala con Kamala - 9/11/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre las elecciones presidenciales de EE. UU. y la relación que existe con las políticas asumidas en nuestro país. La contienda electoral de la semana pasada ha servido como una especie de espejo para mirar la Argentina. Existen puntos que son comunes, sobre todo en relación a la descomposición del sistema político y a las ideologías que ambos países están poniendo en juego. Para comprender este paralelismo y los resultados de la votación es necesario realizar un análisis de la política norteamericana. El candidato recientemente elegido, Joe Biden, pertenece al partido demócrata que se caracteriza por ser tan intervencionista, en el exterior, como belicista. Por su parte, en sus años de mandato, el republicano Donald Trump no declaró oficialmente la guerra a ningún país. Incluso a pesar de haber perdido las elecciones, lo hizo sacando 70 millones de votos. Esto muestra que sigue representando a buena parte de la clase obrera: los trabajadores pobres blancos que no se encuentran dentro del panorama progre.
    El propio partido republicano está partido en dos. Esto refleja algo que también sucede en Argentina. La división se percibe en la figura de la nueva vicepresidenta. Kamala Harris está siendo transformada en una especie de gran esperanza progre del mundo. Por un lado, hace gala de su oportunismo dándole a Biden ese elemento popular y enérgico del progresismo de las grandes ciudades: mujer, afrodescendiente con mezcla de hindú. Pero, por otro lado, también es quien hizo su carrera como una fiscal implacable con los pobres. Como buena representante del neoliberalismo Queer: está a favor de la legalización de la prostitución, del alquiler de vientres y de las políticas LGBT. Postura que encaja perfectamente con las políticas neoliberales. Así, más allá de que aparezca como la figura del progresismo, la realidad es que es la expresión más cabal de cómo la burguesía es capaz de absorber las demandas aparentemente de “izquierda” y transformarlas en base de su régimen.
    La elección de EE.UU. la perdió Trump. Está claro que fue contra él y no a favor de Biden. Al actual presidente le pidieron que se presentara para frenar a Bernie Sanders y evitar que el partido demócrata se fuera “muy a la izquierda”. El grupo de este político es el que vehiculiza los votos del “mal menor” dentro de los demócratas, es decir, es el embudo por el cual la clase obrera norteamericana. ofendida por las políticas estilo Trump, entra a otra ala de la burguesía como furgón de cola. Cumple esa función que en la Argentina cumple el kirchnerismo contra el fantasma macrista. Fantasma que, cuando se lo examina, tiene las mismas contradicciones que el espectro de Trump. Todo esto muestra cómo la crisis política se va procesando.
    Al igual que ocurre en nuestro país, EE.UU. presenta opciones que aparecen como “a la izquierda” de los populismos de derecha y que son simplemente variantes de la política burguesa que llevan a las masas a votar por “el mal menor”. Canalizar las energías acumuladas por el ajuste de los supuestos neoliberales en función de un ajuste de otra forma. Biden va a hacer lo mismo que han hecho los demócratas siempre: llegar por izquierda y bajarse por derecha. De esta forma, tratan de conjurar la crisis política que se extiende a toda América Latina y a buena parte del resto del mundo. Ese quiebre de las representaciones políticas que acompañaron al mundo desde la 2da guerra mundial hasta, por lo menos, los años 80´. Es decir, el viejo bipartidismo que, desde los años 90´, está dando lugar a la emergencia de otras configuraciones políticas que no terminan de coagular, de conformarse en partidos.
    34 min
  • Cero cero siete - 2/11/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre la coyuntura nacional, el desalojo violento en Guernica y lo que se esconde tras la idea de un golpe de Estado. Desde hace un tiempo, se han visto declaraciones que conciernen la noción de que se está poniendo en marcha un golpe. Esta cortina de humo viene a tapar un hecho real: la crisis descomunal que está sufriendo el país. Hay quienes advierten que el Banco Central cuenta con 40 millones de dólares y que la situación no es tan crítica. Sin embargo, se sabe que esto no es cierto. Si se tuviera esa cantidad de reservas no estaría prohibido la compra de dólares ni su valor se habría disparado a $180. Tampoco tendríamos necesidad de estar pidiéndole a los chinos que nos habiliten a cambiar los swap por la moneda norteamericana. La realidad es que no tenemos fondos, y existe una fuga de los depósitos que se acelera con el paso de los días porque todo el mundo se está imaginando que les pueden llegar a incautar sus ahorros.
    En este contexto tenemos que situar el desalojo de Guernica, la expulsión de Dolores Etchevehere y la carta que Cristina Fernández le envió a Alberto Fernández. Ante esto, lo primero que se percibe es que el gobierno está haciendo agua por todos lados y que no atina en las medidas que está tomando. Esto se refleja en varios frentes. Para empezar, Guillermo Calvo solicita por derecha la caída del gobierno al pedirle la devaluación. Por otro lado, Sergio Berni acusa a los “trotskos” de ser los que estaban tirando gases en Guernica, y de crear un clima destituyente, mientras Andrés Larroque aprueba el desalojo argumentando que no había más tiempo cuando, lo cierto es que, 3 de los 4 barrios involucrados ya habían acordado levantar la toma. Esta situación muestra cómo, claramente, querían crear un ejemplo. Demostrar que sí Cristina quiere, puede reprimir.
    En el contenido de la carta de la Vicepresidenta, además, se advierte un llamado a la unidad nacional. El acuerdo que está solicitando Cristina busca su libertad, la de sus hijos y sus secuaces a cambio de desarrollar la función de represión que se necesita para el ajuste brutal que, en su nota, reconoce necesario. Algo que advierte no puede llevar a cabo Alberto. Ella está ofreciendo darle su respaldo político y el peso que tienen sus votos a quien tenga la solución a este desastre en el marco de un acuerdo. Esta jugada no sólo muestra una situación muy parecida a la emergencia del fascismo sino, también, que estamos en manos de un conjunto de inútiles que están destruyendo el país. Se está produciendo una descomposición de la coalición de Cristina, que le va a costar la caída por izquierda. Es decir, los que le sostienen el relato. Nos estamos dirigiendo al momento del bonapartismo con bajada por derecha.
    30 min
  • Bombita Rodriguez y la Reforma Agraria - 26/10/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre el conflicto de la familia Etchevehere y la expresión que se esconde tras la consigna de la reforma agraria que está levantando una de sus integrantes. Con motivo de recuperar una parte de la herencia que dice corresponderle, Dolores Etchevehere se fue trasformando en una mega estrella kirchnerista que manipula sectores de la clase obrera esgrimiendo que lo que necesita la Argentina es una transformación del agro.
    En nuestro país, si bien la reforma agraria es un tema del cual la mayor parte de la gente sabe muy poco, siempre fue una idea que logró construir ilusiones gigantescas. Muchas figuras políticas sostienen que la Argentina se salvaría “campesinandose” sin tener en claro lo que realmente significa. La reforma agraria es la expresión que asume la revolución burguesa en el campo. Es decir, la transformación de las relaciones precapitalistas a capitalistas. Lejos de ser una medida revolucionaria, constituye una disposición para desarrollar medidas capitalistas. En nuestro país, la reforma agraria se realizó en 1810 con la Revolución de Mayo. Momento en que se introducen las relaciones capitalistas en la Argentina. Esto se pudo llevar a cabo, en parte, gracias a la expropiación de Iglesias y mediante el aniquilamiento y la explotación de indígenas que culmina con Julio Argentino Roca. Las consecuencias de la reforma agraria argentina se pueden ver, actualmente, en el delirio de la “amenaza Mapuche” de la que habla Jorge Lanata. Toda esta problemática se liga con la cuestión de la ecología y la idea de que los campesinos son más “amigables” con el medio ambiente y cosas por el estilo. Lo cual es un disparate.
    La reforma agraria no cambia las relaciones capitalistas, al contrario, las promueve. Y a esta altura, en la Argentina, hacer lo que dice Juan Grabois es retroceder en el tiempo. La economía agraria progresa como toda la economía capitalista: aumentando la productividad de trabajo. Eso presupone escalas de producción cada vez más elevadas junto a mayor tecnología. No palas y huertas. La idea de organizar pequeñas huertas cooperativas significa destruir la economía argentina. Y por supuesto, en vez de reducir la pobreza, esta se va a ver incrementada. La solución para el agro argentino es su socialización completa. Una mayor escala de producción y productividad del trabajo porque cuanto mayor es esta, menor es la necesidad de tener tierras. Y, por lo tanto, hay un mayor apremio de respetar la tierra y tener un comportamiento ecológico mayor. A eso va una sociedad socialista: a ocupar cada vez menos tierra.
    26 min
  • El problema de la época - 19/10/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre el proceso boliviano que desembocó en la victoria electoral de Luis Arce, y la relación que se puede establecer con la situación argentina. La errónea caracterización que habían mantenido muchos sectores políticos, tiempo atrás, sobre el supuesto golpe de Estado que había ocurrido en Bolivia, sirve para entender por qué la política de este país aparece como espejo de la política argentina, sobre todo para el kirchnerismo. Se presenta como un reflejo porque el argumento del golpismo va a ser empleado cada vez que la gente salga a la calle a protestar contra un gobierno ajustador.
    Si tomamos la caracterización del golpe y analizamos los recientes hechos, es raro ver una dictadura que: llama a elecciones limpias; que a pesar de que podría estar haciendo alguna maniobra fraudulenta, no la hace; que reconoce una boca de urna y a su vencedor; y que se encuentra en posición de entregarle el poder al candidato elegido. Claramente, los hechos no encajan en esa definición de golpe de Estado y dictadura que levantaron muchos anteriormente. Es necesario leer el proceso boliviano más allá de la leyenda, de la ideología y de ciertos clichés que no ayudan a entender cuáles son las fuerzas reales que operan en una sociedad. Incluso, pese a lo que los personajes digan de sí mismos y de lo que uno quisiera que afirmen. El proceso real que se vive en Bolivia, en Venezuela y en Argentina no puede ser comprendido desde esta leyenda kirchno-demócrata-burguesa. Tiene que ser entendido en relación a las fuerzas sociales reales objetivas, las que operan en el terreno.
    Bolivia y Argentina presentan cuestiones similares. Por ejemplo, sus sociedades están partidas a la mitad y sus representantes emplean las mismas maniobras. En este último punto, es interesante ver cómo hace Evo Morales para volver. El líder boliviano postula como candidato a un personaje como Arce, el típico tecnócrata neoliberal. Es evidente que quería marcar, al igual que hizo Cristina Fernández, que su gobierno no iba a estar constituido por “loquitos” ni izquierdistas. Arce representa un gobierno de ajuste popular y equivale a Alberto Fernández: es el candidato presentable, visible. Además, refleja lo que el MAS ha estado haciendo todo este tiempo bajo el gobierno de Jeanine Añez.
    Para entender qué significa la caída y el retorno de Evo Morales y Cristina Fernández y por qué las sociedades quedaron partidas 50/50, es necesario entender el proceso histórico real que representan. Hay que comprender el profundo proceso de desestructuración social, de reconstrucción capitalista que se produce en toda América Latina desde los años 70´hasta el día de hoy, que van configurando un proceso de concentración y centralización del capital que, después, deja menos empresas en menos manos. Así mismo, estas últimas instituciones emplean menos trabajadores para producir más, en un contexto en el cual buena parte de la producción industrial se desterritorializa, es decir, se van del país en cuestión. Y este doble proceso de desterritorialización de la producción, por un lado, y de aumento de la productividad por el otro, va dejando una sociedad partida a la mitad. De un lado, los que tienen el empleo real, los pagadores de impuestos, esa gente que responde a una economía real (el capitalismo que queda). Del otro lado, el resto es población sobrante, que, si bien sigue siendo capitalista, es gente que está afuera del proceso productivo y que tiene que ser mantenida por el Estado. Lo que estamos viendo actualmente es la agudización de esta fractura y el proceso de descomposición de las relaciones capitalistas.
    35 min
  • Volvió Macri - 5/10/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre la clase gobernante argentina y el fantasma del golpe de Estado. La clase política argentina se ve a sí misma como enemiga y se ataca así misma. El resultado que produce es la destrucción de un país y, por lo tanto, de las condiciones en las que ella misma actúa como clase dirigente. Últimamente, están circulando constantemente ideas sobre golpes de Estado entre varios representantes políticos en la Argentina. Uno de esos sectores es la izquierda argentina, que ve golpes en todos lados. Esta idea muy “k” de que cuando las cosas van mal siempre la culpa es del otro. Quien caracteriza mejor este discurso permanente es “el niño yo no fui”: Axel Kicillof. Incluso, para muchos el regreso de Mauricio Macri, puede significar la presencia de un golpismo generalizado. Todas estas ideas son reflejo de que cuando se llega a ese nivel de discurso que está tan alejado de la realidad, es porque algún problema con ella tenemos, sino directamente la aceptamos tal cual es. Y el problema con la clase dirigente es que no sabe a dónde se dirige.
    No hay ninguna coherencia en las medidas que se están tomando. Y uno se empieza a preguntar quién está gobernado. Si analizamos las medidas de Martín Guzmán, podemos ver que son disposiciones macristas. La mayoría de las medidas que ofrece Guzmán son las que Macri uso, la primera vez, para hacerse de dólares y abrir el cepo. El ejemplo más notable de esto es la baja de las retenciones. Claramente, Alberto Fernández no gobierna porque cada vez que hace algo le piden que haga lo contrario. Hay quien dicen que Cristina Fernández es la que gobierna, pero la realidad es que ella está en otra cosa. Lo que estamos viendo es una crisis política fenomenal y un proceso de descomposición política.
    El columnista explicó que, si uno quiere ver la realidad como golpe, existen “dos millones de golpes” en marcha en la Argentina. En realidad, acá no hay golpe de Estado. Un golpe de Estado presupone la transformación de la vida política y la trasformación de un régimen en un sentido profundo. Un golpe de Estado no es simplemente la crisis política. Lo que estamos viendo es eso, es la magnitud de una crisis política fantástica, donde no hay nadie que ordene. Hay un montón de elementos sueltos que no actuarían de otra manera si no hubiera un orden. Lo que estamos apreciando es el prolegómeno de una explosión política que va terminar con el gobierno de Alberto. La pregunta es: ¿quién sigue?
    32 min
  • La desconfianza - 28/9/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre el cuadro de desconfianza que envuelve a la coyuntura actual, tanto en la esfera económica como política. Todo el mundo dice que el problema de la Argentina es que no hay confianza en nada. Lo cual es cierto. Sin embargo, como explicación de los problemas sociales, esta alusión no alcanza a dar cuenta del problema real de la sociedad argentina. Así, por ejemplo, la explicación liberal de que no hay inversiones externas en la Argentina porque los capitales desconfían (lo cual es razonable, por cuanto los propios argentinos no confían en su economía), no muestra cuál es la base de esa desconfianza.
    Es necesario preguntarse cuál es al base de esta desconfianza que tienen los argentinos y que se va plasmando en un slogan: ¡Que se vayan todos! Es decir, no confiamos en nadie. La Argentina tiene un problema objetivo, y sus gobernantes no saben qué hacer. Esto es así porque en el marco de una economía y una sociedad capitalista, si no hay negocio no hay capital. Y, por ende, no hay forma de que sostengas esto si no hay capital. La clase gobernante, no sabe cómo organizar la sociedad y realizar un ajuste sin dejar a millones de personas en la calle, sin iniciar una masacre social. No hay ningún negocio económico viable, medido a escala internacional, que tenga la dimensión como para arrancar al país del estancamiento en que está. Los grandes negocios que se revelan como solución, son muy pequeños: el litio, Vaca Muerta, los chanchos de China.
    El problema que han tenido todos los mandatarios argentinos, desde la presidencia de Carlos Menem hasta la actualidad, es que al no tener una base económica solida no pueden arrancar este país debido a que cualquier transformación que quieran hacer se lleva por delante una destrucción social. Y esto no se puede hacer porque desaparece el capital. Entonces, la base de la desconfianza se debe a que estamos ante un país quebrado donde no hay ningún negocio capitalista que funcione. Y, por lo tanto, en términos capitalistas esto no tiene solución.
    El columnista explicó que lo que se extiende detrás de todo esto que llamamos “desconfianza” no es solamente la quiebra de una sociedad que no encuentra que hacer para que sea rentable, sino también, una fabulosa crisis del sistema político que estalla por todos lados. La falta de confianza es el punto en el cual estamos yendo a un nuevo 2001, de una forma acelerada y mayor. Estamos ante la putrefacción de un sistema político y el problema más grave es que no aparece en el horizonte algo más allá de lo mismo. Y este más de lo mismo es un escenario que se despega de la realidad, que ya se introduce en lo surrealista.
    32 min
  • La desconexión - 21/09/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre la clase política argentina y la realidad que está viviendo el país. Existe una desconexión creciente entre quienes se supone que conforman la dirigencia y la realidad. Esta situación asusta porque se va gestando un clima que puede resultar muy difícil de manejar, incluso para quienes puedan entender este escenario como una oportunidad de cambio, positivamente hablando. Siempre es bueno que la gente empiece a moverse más allá de los límites. Esto muestra que algo está pasando, que la realidad empieza a agitarse. El problema es cuando se generan esos climas, sin el más mínimo control de parte de nadie, como una explosión caótica. En la cual, como río revuelto, puede pescar cualquiera. Dentro de esta desconexión, también, inquieta la postura de la izquierda porque da la impresión de que no advierte lo que está ocurriendo, no toma ninguna posición o se moviliza. Sólo se preocupa por discutir tonterías.
    Si analizamos el escenario de la política argentina vemos que se está hablando de la reforma judicial, del traslado de jueces y de la agenda de Cristina Fernández mientras la Argentina se desmorona. Se está dando el mayor proceso de desinversión que se ha producido en el país, en los últimos 50 años. Es decir, que los argentinos no solamente no tenemos para comer hoy, sino que tampoco tendremos para comer mañana. Hay un descontento muy grande, una masa de energía acumulada desde hace mucho tiempo, que ahora se está catalizando porque el país se hunde cada vez más. Hay muchos síntomas de esto, pero el más evidente es el renacimiento del “¡Qué se vayan todos!”. La cuestión está en que alguien tiene que encausar esto porque sino esta violencia desatada en vez de transformarse en una acción creadora se va a convertir en más descomposición y violencia cuyo único objetivo es remover las cosas que inmediatamente molestan, pero sin construir algo.
    El columnista explicó que la cuarentena vino a catalizar la erupción social. Si no hubiera habido cuarentena habríamos tenido una crisis como la que estamos viendo. La crisis que se manifiesta como cepo al dólar se hubiese dado hace 4 meses, simplemente porque más actividad requiere más importaciones. El gobierno mantiene la cuarentena porque no le conviene que haya una mayor actividad económica ya que esto significaría más presión sobre el dólar y más movimiento económico. La dirigencia política apuesta a resolver la crisis con una recesión. Una solución liberal que consiste en enfriar la economía para controlar variables esenciales. La cuarentena es el ajuste. Esto está llevando a un estado de estallido social. Toda la discusión acá es cómo se aprovecha esta energía para producir transformaciones.
    29 min
  • Papá Pitufo, Pitufina y los pitufitos - 14/09/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre las manifestaciones de las fuerzas de seguridad bonaerense y la estructura de producción de la política en la Argentina. El punto central de las marchas es entender qué es lo que está pasando detrás de Berni y los “pitufitos”. Cuando uno ve el cuerpo policial lo primero que se lleva por delante es el prejuicio de que la policía no puede hacer nada bueno, lo que en otras columnas denominamos el “antiyutismo infantil”. Esta idea consiste en apreciar que cada empleado de este sector es un “narcotraficante, asesino, nazi que goza de torturar gente”. Lo que no se entiende es cómo con semejante caracterización este personaje se muere de hambre con $30.000. Cuando se analiza la composición de la institución policial se puede observar que la Bonaerense, efectivamente, recauda a montones y que ese ingreso se lo quedan del comisario para arriba. Sin embargo, hay que distinguir la cúpula de la base. Los policías de la Provincia de Buenos Aires son clase obrera.
    Las manifestaciones que estamos viendo no son un conflicto de la policía, es un problema de la población sobrante, es decir, de todos los obreros que aparecen como empleados del Estado siendo en última instancia desocupados. Gente que ha ingresado bajo diferentes formas que no son necesarias, en sentido estricto, para las necesidades estatales y que son expresión de masas de desempleados que se incorporan como forma de subsidio al desocupado encubierto. Esta es la metodología que eligió Cristina Fernández repitiendo lo que viene pasando en la Argentina, en los últimos 50 años. La base de la vicepresidenta es la que ahora se está revelando. Empleados del Estado de todo el país se están movilizando: docentes, policías, Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), etc.
    El columnista explicó que estamos viendo cómo se delinea una forma de régimen político por el cual una masa creciente de población está reproducida por el Estado y no puede hacerlo si no es por este organismo. Es decir, hay una masa sobrante de población que necesita que alguien le ofrezca de comer, bajo la forma de algún empleo superfluo pero formal o bajo la asistencia de caridad del Estado. Algo que abarca desde los planes sociales a los empleados del Estado. La pandemia se ha transformado en el 2001 bajo la forma de cuarentena y esto que está explotando es precisamente eso. Estamos viendo como comienza a rebelarse la base misma de sustentación del experimento kirchnerista.
    34 min
  • Juan Carlos Batman - 7/09/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre las políticas que está llevando adelante el gobierno argentino en este contexto de pandemia. Nos encontramos frente a un escenario "surrealista", donde la política va por un lado, y la gente va por el otro. Hay un avance en el proceso de la crisis que se observa, por ejemplo, en el decreto nacional que se estableció sobre el cupo laboral trans, y en el caso de la toma de tierras. En relación a lo primero, vemos que, mientras en la calle hay 6 millones de desocupados tratando de resolver su situación (entre los desocupados que ya vienen de una situación estructural, y los nuevos desocupados producto de la cuarentena), el gobierno saca por decreto la ley de cupo trans que le asegura el 1% de los empleos del Estado. El problema de esta comunidad es realmente muy grave y el hecho de que afecte a menos personas no le quita importancia. Pero nos encontramos que se celebra haber sido premiada con un privilegio del cual están excluidos millones de obreros desocupados, de los cuales una persona trans o travesti no deja de formar parte. Desde el punto de vista de la política que despliega el gobierno, se selecciona a determinados grupos, se les otorga una identidad, se les da un derecho y se presenta como si se hubiera resuelto un problema, cuando en realidad simplemente se logró cooptar a un grupo. La política de ampliación de derechos es una forma en la que un Estado descompuesto, como estado capitalista, se ve obligado a otra cosa porque el conflicto real lo sobrepasa. En relación al segundo ejemplo, la toma de tierras, los mismos medios de comunicación que quieren mostrar una situación de execrable atentado contra la propiedad, muestran a personas que están ahí porque no tienen otro lugar donde estar. Y mientras la clase obrera recurre a acciones como ocupar un espacio para resolver su problema de vivienda, el gobierno arma un escándalo y sale a decir que eso es un delito.
    Entonces, cuando la gran política se separa de la vida cotidiana de semejante manera y ésta empieza a actuar por si misma, estamos en un punto más allá de la crisis. En medio de esto, empiezan a aparecer liderazgos de la oposición que no son lo que esta quisiera. Es decir, a la oposición le gustaría un liderazgo organizado, un Horacio Rodríguez Larreta o un Mauricio Macri. En su lugar, surgen personajes como Alfredo Casero que expresa una especie de primitivismo del 2001 y la voz del ciudadano indignado. En términos de clase, Casero representa a una franja que incluye a la clase obrera más o menos “privilegiada" (entre comillas), que expresa cierta capacidad de consumo, lo que suele llamarse “clase media” o lo que nosotros denominamos pequeña burguesía.
    Este escenario descabellado no hace más que reflejar la quiebra del Estado argentino y la quiebra de una clase dirigente. Y es el momento en que la burguesía empieza a pensar que tal vez la solución de Eduardo Duhalde, sobre la mano dura, no sea mala a pesar de que el gobierno asumió con la bandera exactamente contraria. Estamos viendo la quiebra de un aparato. La cúpula se pone en contra de la base a la que decía tolerar.
    20 min
  • Argentina, rubia y de ojos celestes - 31/08/20
    Eduardo Sartelli, en su columna semanal en Código de Barras, habló sobre cuál sería el modelo para desarrollar en la Argentina el socialismo: Suecia + Corea del Sur. Es importante ver, hoy, a dónde queremos llegar y lo que significaría este tipo de fórmula en nuestro país. Cuando la izquierda en general habla de socialismo lo hace parecer como algo indescriptible, tan bueno que parece imposible. Es necesario que la gente entienda que se pueden mejorar las condiciones y la calidad de vida mostrándoles ejemplos concretos. Esto no se consigue de la noche a la mañana, pero es posible. Cuando uno plantea que quiere que la Argentina sea como Suecia, uno desea que nuestro país tenga un nivel de vida muy alto, lo que no implica ser exactamente esa región. Hay que recordar que Suecia es un país capitalista que, como Finlandia, Noruega y Dinamarca nació de la cercanía de la Unión Soviética. Buena parte del socialismo nórdico, incluso del Estado de Bienestar europeo se debe al terrible susto que la burguesía europea le tenía al comunismo. Eso es lo que hizo que, durante cierto tiempo, junto a ciertas transformaciones económicas, por lo menos hasta los años 70´ la tendencia a crear una red social de contención fuera una tendencia positiva y constante.
    Lo primero que la Argentina tiene que conseguir es una buena reducción de la jornada laboral. Es decir, obtener tiempo para gastarlo en otras actividades como por ejemplo el deporte. Vivir en Suecia significa tener los principales problemas de la vida ya resueltos antes de nacer. En esta región el 85% de los adultos tiene estudios terciarios. Un nivel de calificación de la fuerza de trabajo muy elevado y eso lo que hace, entre otras cosas, es que se pueda ingresar al mercado mundial con productos que son calificados. Con una mano de obra que se vende cara. De ahí la necesidad de que Argentina, también, tenga en mente ser como Corea del Sur. Se requiere producir un salto tecnológico tan elevado que nos saque de la cría de canchos y nos ubique en la producción de centrales nucleares. La combinación de ambos países representaría para la Argentina un nivel tecnológico elevado que de pie a la consecución de un nivel de vida con mejores expectativas.
    31 min

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Columna semanal de Eduardo Sartelli (Vía Socialista)