La cogió con muchísimo cuidado, más que guay incluso, y en cuando la vio, se le fue la sonrisa. No una sonrisa grande, ¿eh? Más bien esa pequeña expresión educada con lo que había estado sosteniendo la escena, bueno, pues se le borró entera. Miró la foto, luego me miró a mí y después a él, y me dijo, no debería haber dejado que se la hiciera. Yo le pregunté qué quería decir, intenté reírme un poco, incluso, en plan, bueno, tampoco ha salido tan mal, peores me han hecho en el DNI, ya sé, una tontería. Ella no se rió, me dijo. Las malas fotos humillan, las buenas a veces sustituyen. Y no sé, en otra circunstancia habría pensado que era una frase bonita, teatral, actriz vieja con demasiadas horas de encierro. Pero no sonó así, sonó como un aviso. Y luego añadió, si empieza a salir mejor en la imagen que en la vida normal, rómpala. Te juro que ahí sentí frío y hacía calor.