Disfrutar de la vida en su plenitud no es un golpe de suerte ni es un accidente. Es un ejercicio consciente de lo que quieres y la voluntad que tienes para conseguir lo que buscas aunque en el proceso, las cosas que te ocurran parecieran no tener sentido…esas que te atraviesan la vida y te hacen dudar si estás haciendo lo correcto en animarte a vivir la vida que quieres. Cuando esto ocurre la clave está en aprender a vivir con la vida que tienes aun cuando esté rota.
Y aquí estoy empezando de nuevo, gateando cómo puedo, cómo me salga. Respetando mi dolor. Me estoy encontrando, estoy juntando de a pedazos mi vida. Estoy siendo capaz de mirar esas cosas que me rompen, que me quiebran; notas, cartas, recuerdos, aromas, espacios, en fin todo lo que me lleva a arrepentirme para amablemente darme la oportunidad de volver a vivir la vida que yo quiero, perdonarme por todo lo que no pude hacer y que me llevaron abandonarme en la cárcel del arrepentimiento. Estoy apostando a lo que todavía puedo, a lo que todavía quiero. Estoy rota y eso es bello porque me estoy encontrando con mi otro yo. Con esa Alexandra Liz que aún con dolor, camina igual.