Ciertas cuestiones relativas a la sexualidad son una preocupación para la salud mental: embarazo, parto, puerperio, concepción, anticoncepción, aborto; infecciones de transmisión sexual (ITS), conducta sexual y la pluralidad de formas de contacto sexual, violencia sexual, medicalización, discriminación y estigma relacionados con la orientación/preferencia sexual; las relaciones de género, homofobia, machismo, la expresión de diferenciales de poder como la pobreza y el racismo (Barbosa, Souza y Freitas, 2015; Paiva, 2008; Wainberg et al., 2016).
Desde esta perspectiva sexualidad y salud mental son términos que no permiten una definición única. La sexualidad, se entiende como un fenómeno social, que se vive en diferentes lugares y épocas de una manera específica (Borges, Canuto, Oliveira y Vaz, 2013; Paiva, 2008). En la misma línea, la salud mental se refiere a algo mayor que la simple ausencia de trastornos mentales; es el producto de interacciones que incluyen factores biológicos, sociales y psicológicos (Alves y Rodrigues, 2010).