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Hayek piensa que la desaparición del liberalismo clásico bajo las formas inseparables del socialismo y del nacionalismo es consecuencia del resurgimiento de sentimientos tribales. La gente bajo los efectos de estos sentimientos olvida fácilmente que los mayores crímenes de la historia fueron perpetrados por gobiernos que contaban con el apoyo de millones de personas. En esas sociedades, se suele catalogar como «antisocial» a la persecución de los intereses individuales y aceptando como lo «social» a el sometimiento de aquellos intereses a una planificación central.
En el apéndice Hayek explica que la transición de una concepción negativa de la justicia —definida por reglas de comportamiento individual— a una concepción positiva —que impone a la «sociedad» el deber de proporcionar a los individuos ciertos bienes— está condicionada por la insistencia de un error en la concepción de los derechos del individuo. Asimismo, en el capítulo, Hayek describe al mercado como un sistema que coordina las acciones individuales, que asegura un elevado grado de coincidencia de las expectativas y que permite un uso eficaz de los conocimientos y de las habilidades de las personas.
Hayek distingue a la «justicia» de la «justicia social». La primera es entendida como fundamento y limitación indispensable de cualquier ley y la relaciona necesariamente a acciones, sean estas de personas individuales o jurídicas. La segunda, en cambio, tiene serios problemas para ser definida, termina siendo un concepto vacío y genera diálogos entre sordos. En todo caso, se relaciona el estado de las cosas, tanto de la naturaleza como de acciones justas. Así, esta última, al ser vaciada de su significado, amenaza con destruir el concepto de ley como baluarte de la libertad individual.
Para Hayek la justicia es un elemento fundamental y un atributo de la conducta humana, por lo que sólo las acciones pueden ser justas o injustas, no los resultados. En un orden espontáneo y libre, las actuaciones humanas se ajustan a normas que no están referidas a un fin, llamadas «normas de recta conducta». Estas, al ser generales y abstractas, buscan precaver y distinguir a las actuaciones injustas, delimitando la acción humana para que cada quién decida cómo actuar en un caso concreto.
En el prefacio, Hayek explica por qué la expresión «justicia social» carece de significado y por qué los intentos de alcanzarla no llevan a ninguna parte. En el capítulo describe cómo en una Gran Sociedad las personas son libres de utilizar su conocimiento para sus propios fines. El bienestar general que el gobierno debería proponer, por lo tanto, debe ser un orden definido por características abstractas y claras que permitan al individuo definir su actuación.
Ostrom hace un recorrido biográfico-intelectual de su vida, explicando como iba rompiendo con los paradigmas de la economía neoclásica a medida que incorporaba en sus estudios una visión más compleja del ser humano y la sociedad. En el artículo, «The Ostroms and the contestable nature of goods: beyond taxonomies and toward institutional polycentricity», los autores desafían la clásica y simplista visión dicotómica y de naturaleza inherente de los bienes ⸻públicos y privados⸻, planteando un continuo entre ellos y dependiente del contexto.
Ostrom finaliza su libro reflexionando acerca de su aporte: desmitificar la dicotomía que enfrentan la utilización de recursos comunes de parte de una comunidad como si fuera solo (1) asignar derechos de propiedad clásicos o (2) la instauración de reglas de una autoridad central planificadora. Plantea además los desafíos de las ciencias sociales, haciendo énfasis en concentrarse en el poder y sabiduría de las comunidades y el mismo individuo, siempre en oposición a los análisis centrados en soluciones desde arriba, desde un gobierno central. El artículo de Gordillo resume todo el trabajo de Ostrom catalogándolo como una revolución científica en el ámbito de las ciencias sociales.
Ostrom analiza por qué fracasan algunos manejos de recursos comunes y busca los principios comunes que los hicieron fracasar o quedar frágiles. El artículo resume el contenido del libro de Ostrom poniendo énfasis en que ella, y su programa de investigación, no ponen énfasis en un solo modelo de análisis social, sino que busca sintetizar todos, por ejemplo, dándole importancia tanto al análisis en base a la elección racional de los individuos como a las influencias de las estructuras de la sociedad en ellos, sin renegar de ninguno.
Ostrom explica los procesos temporales en los cuales se ven enfrentadas las comunidades para llegar a acuerdos institucionales que hacen sustentable la extracción de los recursos comunes. De manera secuencial, incremental, las instituciones van cambiando hasta llegar a un equilibrio institucional. El artículo es el discurso que dio Ronald Coase cuando recibió el Nobel. Ahí explica sus dos mayores contribuciones al estudio de la economía y las leyes, la importancia de las instituciones para el funcionamiento correcto de los mercados reduciendo los costos de transacción.
Elinor Ostrom analiza las características de las comunidades que han sido exitosas en el manejo de recursos comunes. Encuentra que hay en común siete características o principios de las normas que los regulan. En el artículo, los autores analizan y describen las diferentes etapas intelectuales de Elinor Ostrom para finalmente terminar explicitando sus principales aportes a las ciencias sociales.
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