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En este episodio, Ortega y Gasset analiza el origen y surgimiento del Hombre Masa. La seguridad jurídica y la comodidad material generan la presunción, errada, de que el orden civilizado es algo natural que siempre estará disponible para nuestra satisfacción. Eso genera el predominio de sujetos vulgares y ensimismados que no quieren someterse a razones, sino simplemente expandir sus diversos deseos exigiéndolos como derechos. ¿Cuán peligrosa es nuestra propia ignorancia, respecto a las causas del bienestar en general, para el sostenimiento del orden democrático y civilizado que nos rodea?
Kukathas explica que si bien ni la nación ni la comunidad política son bienes importantes en sí mismos, el colapso de la autoridad política puede llevar a resultados calamitosos. En este capítulo, entonces, se intenta encontrar el equilibrio ideal entre la libertad y la autoridad, remarcando que si bien la libertad es importante para la perfección de la sociedad, la autoridad es necesaria para su supervivencia.
Kukathas analiza y argumenta sobre el significado de la libertad de conciencia y de asociación, siendo el derecho de salida (o disociación) uno de los derechos fundamentales que sostienen una sociedad libre. Todos los demás derechos, dice Kukathas, se derivan de la libertad de conciencia. Explicita la importancia de comprender que las culturas y asociaciones ⸻y sus valores⸻ son diferentes y mutan a través del tiempo, son cuestiones contextuales y, por lo tanto, dinámicas.
Kukathas explica la naturaleza humana en términos universales. Para eso investiga las motivaciones humanas. Así, basado en Hume, explica que los humanos se mueven por sus intereses, principalmente, aunque también por sus afectos y, finalmente, por sus principios. Si bien la mayoría de las veces se mueven por sus intereses, es casi siempre enmarcado en sus principios, es decir, dentro de lo que dicta su conciencia. La vida buena, por lo tanto, para Kukathas, es vivir en paz con tu conciencia, vivir acorde a tus principios, independiente del fin que busques.
Hayek plantea que el principio democrático está mal aplicado estos días. Éste, correctamente, hace referencia a un método para formular decisiones políticas y que permite la alternancia en el poder. En el siguiente capítulo, Hayek diseña su modelo ideal de Constitución a través de ciertos principios básicos y mecanismos que rescató de la filosofía clásica, de la historia y la práctica.
En este capítulo, Hayek explica el concepto y las implicancias de la competencia. Plantea que la competencia provoca una distribución de los recursos que es tan abundante como la que pudiera hacer une mente que conociera absolutamente todos los hechos de la realidad. Asimismo, Hayek crítica el concepto de «competencia perfecta», ya que se basa en el supuesto erróneo de que los hechos sólo se dan en algún sector de la vida económica, y en hechos que en muchos otros sectores no se pueden crear o que no es conveniente hacerlo.
Hayek diferencia al sector privado del sector público. No obstante, plantea que ambos están fuertemente interrelacionados y que es un error asociar el sector público sólo con lo estatal.
En este capítulo, Hayek explica y desarrolla el proceso de cómo se fue perdiendo la concepción originaria de las constituciones democráticas para ser sustituidas por la idea de un poder ilimitado de las asambleas elegidas democráticamente. Para esto, Hayek realiza la distinción fundamental entre gobierno y legislación, y lo peligroso que puede ser cuando ambos poderes mezclan sus funciones.
Hayek piensa que la desaparición del liberalismo clásico bajo las formas inseparables del socialismo y del nacionalismo es consecuencia del resurgimiento de sentimientos tribales. La gente bajo los efectos de estos sentimientos olvida fácilmente que los mayores crímenes de la historia fueron perpetrados por gobiernos que contaban con el apoyo de millones de personas. En esas sociedades, se suele catalogar como «antisocial» a la persecución de los intereses individuales y aceptando como lo «social» a el sometimiento de aquellos intereses a una planificación central.
Hayek distingue a la «justicia» de la «justicia social». La primera es entendida como fundamento y limitación indispensable de cualquier ley y la relaciona necesariamente a acciones, sean estas de personas individuales o jurídicas. La segunda, en cambio, tiene serios problemas para ser definida, termina siendo un concepto vacío y genera diálogos entre sordos. En todo caso, se relaciona el estado de las cosas, tanto de la naturaleza como de acciones justas. Así, esta última, al ser vaciada de su significado, amenaza con destruir el concepto de ley como baluarte de la libertad individual.
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