Lecturas y fonemas

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  • Poema 19 - Pablo Neruda (20 poemas de amor y una canción desesperada ASMR)

    Poema 19

    Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
    el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
    hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
    y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

    Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
    de la negra melena, cuando estiras los brazos.
    Tú juegas con el sol como con un estero
    y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

    Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
    Todo de ti me aleja, como del mediodía.
    Eres la delirante juventud de la abeja,
    la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

    Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
    y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
    Mariposa morena dulce y definitiva
    como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

    - Pablo Neruda

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    1 min
  • Poema 20 - Pablo Neruda (20 poemas de amor y una canción desesperada ASMR)

    Poema 20

    PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

    Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

    El viento de la noche gira en el cielo y canta.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

    Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.

    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

    La misma noche que hace blanquear los mismos
               árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

    Porque en noches como ésta la tuve entre mis
              brazos,
    mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

    - Pablo Neruda

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    3 min
  • La canción desesperada - Pablo Neruda (20 poemas de amor y una canción desesperada ASMR)

    La canción desesperada

    Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy
    El río anuda al mar su lamento obstinado

    Abandonado como los muelles en el alba
    Es la hora de partir, oh abandonado

    Sobre mi corazón llueven frías corolas
    ¡Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos

    En ti se acumularon las guerras y los vuelos
    De ti alzaron las alas los pájaros del canto

    Todo te lo tragaste, como la lejanía
    Como el mar, como el tiempo
    Todo en ti fue naufragio

    Era la alegre hora del asalto y el beso
    La hora del estupor que ardía como un faro

    Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego
    Turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio

    En la infancia de niebla mi alma alada y herida
    Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio

    Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo
    Te tumbo la tristeza, todo en ti fue naufragio

    Hice retroceder la muralla de sombra
    Anduve más allá del deseo y del acto

    O carne, carne mía, mujer que amé y perdí
    A ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto

    Como un vaso albergaste la infinita ternura
    Y el infinito olvido te trizo como a un vaso

    Era la negra, negra soledad de las islas
    Y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos

    Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta
    Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro

    Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
    En la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos

    Mi deseo de ti fue el más terrible y corto
    El más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido

    Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas
    Aun los racimos arden picoteados de pájaros

    O la boca mordida, o los besados miembros
    O los hambrientos dientes, o los cuerpos trenzados

    O la copula loca de esperanza y esfuerzo
    En que nos anudamos y nos desesperamos

    Y la ternura, leve como el agua y la harina
    Y la palabra apenas comenzada en los labios

    Ese fue mi destino y en el viajo mi anhelo
    Y en el cayo mi anhelo, todo en ti fue naufragio

    Oh, sentina de escombros, en ti todo caía
    Qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron

    De tumbo en tumbo aun llameaste y cantaste
    De pie como un marino en la proa de un barco

    Aun floreciste en cantos, aun rompiste en corrientes
    O sentina de escombros, pozo abierto y amargo

    Pálido buzo ciego, desventurado hondero
    Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio

    Es la hora de partir, la dura y fría hora
    Que la noche sujeta a todo horario

    El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa
    Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros

    Abandonado como los muelles en el alba
    Solo la sombra trémula se retuerce en mis manos

    A más allá de todo, a más allá de todo
    Es la hora de partir, oh abandonado.


    - Pablo Neruda

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    4 min
  • Laberinto - José Saramago

    En mí te pierdo, aparición nocturna,
    En este bosque de engaños, en esta ausencia,
    En la neblina gris de la distancia,
    En el largo pasillo de puertas falsas.De todo se hace nada, y esa nada
    De un cuerpo vivo enseguida se puebla,
    Como islas del sueño que entre la bruma
    Flotan, en la memoria que regresa.En mí te pierdo, digo, cuando la noche
    Sobre la boca viene a colocar el sello
    Del enigma que, dicho, resucita
    Y se envuelve en los humos del secreto.En vueltas y revueltas que me ensombrecen,
    En el ciego palpar con los ojos abiertos,
    ¿Cuál es del laberinto la gran puerta,
    Dónde el haz de sol, los pasos justos?En mí te pierdo, insisto, en mí te huyo,
    En mí el cristal se funde, se hace pedazos,
    Mas cuando el cuerpo cansado se quiebra
    En ti me venzo y salvo, en ti me encuentro.


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    2 min
  • La pequeña muerte - Eduardo Galeano #ASMR

    No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. "Pequeña muerte", llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. "Pequeña muerte", la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

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    1 min
  • El diagnóstico y la terapéutica - Eduardo Galeano #ASMR

    El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.

    El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o en el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada.

    El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.

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    2 min
  • Poema 20 - Pablo Neruda #ASMR

    PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

    Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

    El viento de la noche gira en el cielo y canta.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

    Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.

    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

    La misma noche que hace blanquear los mismos
               árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

    Porque en noches como ésta la tuve entre mis
              brazos,
    mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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    3 min
  • Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril - Haruki Murakami #Cuento

    Una bonita mañana de Abril, en una estrecha calle del barrio chic de Harujuku en Tokio, me crucé andando con la chica 100% perfecta.

    Diciendo la verdad, ella no era tan guapa.

    No destaca de una manera concreta. Sus ropas no tienen nada especial. La parte de atrás de su pelo todavía está aplastada por haber dormido. No es joven, tampoco. Debe estar cerca de los treinta, nada cercano a una chica, hablando con propiedad. Pero aún así, lo sé desde 50 metros a la distancia: Ella es la mujer 100% perfecta para mí.

    En el momento en que la veo, siento un retumbar en mi pecho y mi boca está tan seca como un desierto.

    Quizás ustedes tengan su particular tipo favorito de chica – perfecta con tobillos delgados, digamos, o grandes ojos, o dedos graciosos, o se vean atraídos sin una razón, por aquellas que se toman su tiempo con cada comida.

    Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. Algunas veces en un restaurante, cuando me doy cuenta, estoy mirando a una chica de la mesa de al lado a la mía porque me gusta la forma de su nariz.

    Pero nadie puede insistir en que la chica perfecta se corresponde con algún modelo preconcebido. Aunque me gustan mucho las narices, no puedo recordar la forma de la nariz de ella, o incluso si ella tenía una. Todo lo que puedo recordar con certeza es que ella no era una gran belleza. Es extraño.

    “Ayer en la calle me crucé con una chica perfecta”, le digo a alguien.

    “¿Sí?” el dice. “¿Guapa?”

    “No realmente”

    “¿Tu tipo favorito, entonces?”

    “No lo sé. No parece que recuerde algo de ella: la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho”

    “Extraño”

    “Sí. Extraño”

    “De cualquier manera”, él dice ya aburrido, “¿que hiciste, hablaste con ella? ¿La seguiste?”

    “No. Solo me crucé con ella en la calle”.

    Ella iba hacia el Oeste, y yo hacia el Este. Era una bonita mañana de Abril.

    Hubiera deseado hablar con ella. Media hora hubiera sido todo: sólo preguntarle por ella, hablarle de mí, y – lo que más me habría gustado hacer -, explicarle las complejidades del destino que condujo a nuestro encuentro en una estrecha calle en Harajuku una bonita mañana de Abril de 1981.

    Después de hablar, habríamos comido en cualquier sitio, quizás visto una película de Woody Allen, o parado en un bar de hotel para tomar unos cocktails. Con algo de suerte, podríamos haber acabado en la cama.

    La potencialidad llama a la puerta de mi corazón.

    ¿Cómo me puedo aproximar a ella? ¿Qué le debería decir?

    “Buenos días, señora. ¿Piensa que podría compartir media hora de conversación conmigo?”. Ridículo. Hubiera sonado como un vendedor de seguros.

    “Perdóneme, ¿sabría por casualidad si hay una tintorería abierta las 24 horas en el barrio?”. No, igual de ridículo. No llevo ni ropa sucia, en primer lugar. ¿Quién va a creerse una cosa así?

    Quizás, la simple verdad lo haría. ”Buenos días. Usted es la chica perfecta para mí.”

    No, ella no lo creería. Incluso si lo creyese, ella no querría hablar conmigo.

    “Perdón”, podría decir, “puede ser que sea la mujer perfecta para ti, pero tu no eres el hombre perfecto para mí.” Podría pasar. Y si me encontrase en esa situación, probablemente me querría morir. Nunca me recuperaría de ese shock. Tengo 32 y esto es lo que significa hacerse mayor.

    Pasamos frente a una floristería. Una cálida, y suave brisa de aire toca mi piel. El asfalto está húmedo y siento el olor de las rosas. No me atrevo a hablarle. Ella viste un jersey blanco, y en su mano derecha sostiene un sobre blanco que carece de sello. Por lo que deduzco que ha escrito a alguien una carta, quizás estuvo toda la noche escribiendo, a juzgar por las ojeras en sus ojos. El sobre podría contener todos los secretos que ella hubiese tenido siempre.

    Avanzo un poco más y me doy la vuelta. Ella se pierde entre la multitud.

    Ahora, por supuesto, sé exactamente que debería haberle dicho. Habría sido un di

    10 min
  • Epístola a los poetas que vendrán - Manuel Scorza

    TAL vez mañana los poetas pregunten
                 por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
     tal vez mañana los poetas pregunten
     por qué nuestros poemas
     eran largas avenidas
     por donde venía la ardiente cólera.


                Yo respondo:
     por todas partes oíamos el llanto,
     por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
     ¿Iba a ser la Poesía
     una solitaria columna de rocío?
     Tenía que ser un relámpago perpetuo.

                Mientras alguien padezca,
     la rosa no podrá ser bella;
     mientras alguien mire al pan con envidia,
     el trigo no podrá dormir;
     mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
     mi corazón no sonreirá.

                Matad la tristeza, poetas.
     Matemos a la tristeza con un palo.
     No digáis el romance de los lirios.
     Hay cosas más altas
     que llorar amores perdidos:
     el rumor de un pueblo que despierta
     ¡es más bello que el rocío!
     El metal resplandeciente de su cólera
     ¡es más bello que la espuma!
     Un Hombre Libre
     ¡es más puro que el diamante!

                El poeta libertará al fuego
     de su cárcel de ceniza.
     El poeta encenderá la hoguera
     donde se queme este mundo sombrío.

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    2 min
  • Los poetas - Manuel Scorza

    LOS POETAS


    USTEDES, poetas,
                 ¿qué creían?
     Cantaban
     bellísimas canciones;
     en vuestra tarde hermosa
     sólo sonaba
     el murmullo amarillo de la fuente;
     los poetas tejían
     enredaderas de espuma
     alrededor de las muchachas;
     los poetas decían:
     las aguas son transparentes
     como si debajo agitaran candelabros encendidos.
     Aquí algo humeaba;
     no era nada,
     era gente desconocida;
     el humo salía de los ojos del mundo,
     quemaba cisnes, mataba flores,
     y ustedes, poetas, cantaban.


                ¡Era difícil interrumpir la melodía!
     Cómo iban los poetas a decir:
     «No hay papas»,
     «Está sucia mi camisa».
     «La niña llora por su pan descalabrado»,
     «No tengo para el alquiler»,
     «No puedo, vuelva a fin de mes”.

                Ay, poetas,
     ahora el beso
     en los labios se nos pudre;
     muertos estamos
     de comer barbudas aves.

                En verdad, os digo:
     antes de que cante el gallo,
     lloraréis mil veces.

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    2 min

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