Lecturas y fonemas

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Lecturas y fonemas episodes

  • Un día de enero - Iris Arellanes

    Este texto lo escribí por ahí de 2016, cuando me enamoré como loca sin remedio, con tanta pasión y locura, justo así como debemos enamorarnos de todo en la vida. Obviamente no era un escritor famoso, era sólo el director del campamento de Verano en el que estuve y partes del relato sí pasaron en la vida real, cuáles lo dejo a su imaginación. 
    :) 
    Visita mi tumblr: @anthologyris https://anthologyris.tumblr.com/
    y mi medium: @irisarellanes https://medium.com/@irisarellanes

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    3 min
  • En la doliente soledad del domingo - Gioconda Belli #ASMR

    Aquí estoy, 

    Desnuda, 

    Sobre las sábanas solitarias 

    De esta cama donde te deseo. 

     

    Veo mi cuerpo, 

    Liso y rosado en el espejo, 

    Mi cuerpo 

    Que fue ávido territorio de tus besos, 

    Este cuerpo lleno de recuerdos 

    De tu desbordada pasión 

    Sobre el que peleaste sudorosas batallas 

    En largas noches de quejidos y risas 

    Y ruidos de mis cuevas interiores. 

     

    Veo mis pechos 

    Que acomodabas sonriendo 

    En la palma de tu mano, 

    Que apretabas como pájaros pequeños 

    En tus jaulas de cinco barrotes, 

    Mientras una flor se me encendía 

    Y paraba su dura corola 

    Contra tu carne dulce. 

     

    Veo mis piernas, 

    Largas y lentas conocedoras de tus caricias, 

    Que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes 

    Para abrirte el sendero de la perdición 

    Hacia mi mismo centro 

    Y la suave vegetación del monte 

    Donde urdiste sordos combates 

    Coronados de gozo, 

    Anunciados por descargas de fusilerías 

    Y truenos primitivos. 

     

    Me veo y no me estoy viendo, 

    Es un espejo de vos el que se extiende doliente 

    Sobre esta soledad de domingo, 

    Un espejo rosado, 

    Un molde hueco buscando su otro hemisferio. 

     

    Llueve copiosamente 

    Sobre mi cara 

    Y sólo pienso en tu lejano amor 

    Mientras cobijo 

    Con todas mis fuerzas, 

    La esperanza.

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    2 min
  • La uva y el vino - Eduardo Galeano #ASMR

     Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló un secreto: —La uva —le susurró— está hecha de vino.
     
    Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos. 

    - De "El libro de los abrazos".

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    1 min
  • La lágrima - Lord Byron

    La lágrima.
    The tear
    , Lord Byron (1788-1824)

    Cuando el amor o la amistad debieran
    el alma a la ternura,
    y ésta debiera aparecer sincera
    en los ojos,
    podrán los labios engañar fingiendo
    una sonrisa seductora y falsa;
    pero la prueba de emoción se muestra
    en una lágrima.

    Una sonrisa puede ser
    un artificio que el temor encarna;
    con ella puede revestirse el odio
    que nos engaña;
    mas yo prefiero para mí un suspiro
    cuando los ojos, expresión del alma,
    se oscurece por un momento
    con una lágrima.

    El hombre surca el desconocido Océano
    con el hálito del viento que lo arrastra,
    entre olas bramadoras que se alzan;
    se inclina,
    y en las olas tempestuosas
    que terribles sobre su nave avanzan,
    mira el abismo, y en sus aguas turbias
    mezcla una lágrima.

    En la carrera de la noble gloria,
    el valiente capitán se afana
    por ganar con su muerte una corona
    en las batallas;
    pero levanta al que postró en el suelo
    y sus heridas piadoso baña,
    una por una, en el sangriento campo,
    con una lágrima.

    Y cuando vuelve, henchido de ese orgullo
    que hace latir el pecho que avasalla;
    cuando teñida en enemiga sangre
    cuelga su espada,
    la recompensan todas sus fatigas
    al abrazar a su consorte amada,
    al darle un beso en sus mejillas húmedas
    con una lágrima.

    Dulce mansión de mi niñez perdida,
    donde la sinceridad y la amistad gozaba;
    donde en medio del amor vi deslizarse
    las horas rápidas;
    yo te dejé con un hondo sentimiento,
    volví hacia ti mis últimas miradas,
    y apenas puede percibir tus torres
    detrás una lágrima.

    Aunque no puedo repetir, como antes,
    mi juramento a mi María adorada,
    a la que fuera en otro tiempo
    el fuego del alma,
    recuerdo los felices días
    en que, aún infantes, tanto me amaba,
    cuando ella respondía a mis promesas
    con una sencilla lágrima.

    ¿En otros brazos puede ser dichosa?
    ¿Conserva el recuerdo de su edad pasada?
    Mi corazón respetará ese nombre
    que tanto amaba.
    Y así dije adiós a mi esperanza loca,
    siempre, con una lágrima.

    Cuando el imperio de la noche eterna
    reclame para siempre mi alma;
    cuando mi cuerpo exánime repose
    bajo una lápida,
    si por ventura os acercáis un día
    donde mi triste sepultura se halla,
    humedeced apenas mis cenizas
    con una lágrima.

    Yo no ambiciono el mármol, monumento
    que la la vanidad levanta;
    manto suntuoso con que el necio orgullo
    cubre su nada;
    no darán sus emblemas a mi nombre
    el falso orgullo ni la gloria vana;
    lo que yo quiero, lo único que pido,
    es una lágrima.

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    3 min
  • Es allí a donde voy - Clarice Lispector

    Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy.

    La punta del lápiz el trazo.

    Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí a donde voy.

    En la punta del pie el salto.

    Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.

    ¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.

    En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra «tertulia», y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí a donde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad a donde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.

    Es hacia mi pobre nombre a donde voy.

    Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa.

    En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamen­ta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

    Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullan­tes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.

    Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero len­tamente.

    ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

    – Clarice Lispector

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    4 min
  • Elegía - Rosario Castellanos

    Elegía


     Cuerpo, criatura, sí, tú y yo nos conocimos. 
     
     Tal vez corrí a tu encuentro
     como corre la nube cargada de relámpagos. 
     
     Ay, esa luz tan breve, esa fulminación, 
     ese vasto silencio que sigue a la catástrofe. 
     
     Quienes ahora nos miran (piedras oscuras, trozos
     de materia ya usada)
     no sabrán que un instante nuestro nombre fue amor
     y que en la eternidad nos llamamos destino.

    De Materia Memorable

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    1 min
  • El país de los sueños - Eduardo Galeano #ASMR

    El país de los sueños

    Era un inmenso campamento al aire libre.

    De la galera de los magos brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño para llorar un llanto bien gustoso.

    Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de un sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lo había llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hacía un estandarte de colores.

    El aguatero de los sueños llevaba a agua a quienes sentían sed mientras dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.

    Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: Los sueños salían del pelo y se iban al aire.

    (Fragmento de “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano)

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    2 min
  • Porque escribí - Enrique Lihn

     Ahora que quizás, en un año de calma,
     piense: la poesía me sirvió para esto:
     no pude ser feliz, ello me fue negado,
     pero escribí.
     
     Escribí: fui la víctima
     de la mendicidad y el orgullo mezclados
     y ajusticié también a unos pocos lectores;
     tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
     una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
     
     Pero escribí: tuve esta rara certeza,
     la ilusión de tener el mundo entre las manos
     —¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
     con toda su crueldad innecesaria—
     Escribí, mi escritura fue como la maleza
     de flores ácimas pero flores en fin,
     el pan de cada día de las tierras eriazas:
     una caparazón de espinas y raíces
     
     De la vida tomé todas estas palabras
     como un niño oropel, guijarros junto al río:
     las cosas de una magia, perfectamente inútiles
     pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
     
     La especie de locura con que vuela un anciano
     detrás de las palomas imitándolas
     me fue dada en lugar de servir para algo.
     Me condené escribiendo a que todos dudarán
     de mi existencia real,
     (días de mi escritura, solar del extranjero).
     Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
     digo que pasarán porque escribí
     y hacerlo significa trabajar con la muerte
     codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
     En su origen el río es una veta de agua
     —allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
     luego, al final, un mar que nadie ve
     de los que están braceándose la vida.
     Porque escribí fui un odio vergonzante,
     pero el mar forma parte de mi escritura misma:
     línea de la rompiente en que un verso se espuma
     yo puedo reiterar la poesía.
     
     Estuve enfermo, sin lugar a dudas
     y no sólo de insomnio,
     también de ideas fijas que me hicieron leer
     con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
     pero escribí y el crimen fue menor,
     lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
     porque de la palabra que se ajusta al abismo
     surge un poco de oscura inteligencia
     y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
     
     Porque escribí no estuve en casa del verdugo
     ni me dejé llevar por el amor a Dios
     ni acepté que los hombres fueran dioses
     ni me hice desear como escribiente
     ni la pobreza me pareció atroz
     ni el poder una cosa deseable
     ni me lavé ni me ensucié las manos
     ni fueron vírgenes mis mejores amigas
     ni tuve como amigo a un fariseo
     ni a pesar de la cólera
     quise desbaratar a mi enemigo.
     
     Pero escribí y me muero por mi cuenta,
     porque escribí porque escribí estoy vivo. 

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    3 min
  • Así como no podemos - Roberto Juarroz

    Así como no podemos sostener mucho tiempo una mirada,
     tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,
     la espiral del amor,
     la gratuidad del pensamiento,
     la tierra en suspensión del cántico.

    No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo las proporciones del silencio cuando algo lo visita.
     Y menos todavía cuando nada lo visita.

    El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre, ni tampoco a lo que no es el hombre.

    Y sin embargo puede soportar el peso inexorable de lo que no existe.

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    1 min
  • Toco tu boca - Julio Cortázar

    «Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

    Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua».

    Julio Cortázar

    Del Capitulo 7, de «Rayuela»

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    2 min

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