Lecturas y fonemas

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Lecturas y fonemas episodes

  • Llovimos tanto que me ahogué - Elvira Sastre

    Hablamos tanto de la lluvia
    que un trueno acabó atravesándome la garganta
    y tuve que escapar
    "¿Tu vida o tu corazón?", me dijo alguien
    "Quiero pasar mi vida en el suyo", le dije yo

    Pero, eso no era posible,
    era tan imposible como un amor platónico cumplido
    Como tú y yo cumplidas, como tú
    Como pedirte que te quedaras después o vinieras antes
    Como mantenerte encendida al otro lado de la calle
    Viéndote por la noche sin poder tocarte
    Y no consumirme en el esfuerzo
    De querer tu imposibilidad al lado de mi almohada

    Como negarte a ti y no negarme a mí en el intento, como olvidar tu pelo
    Como fingir que no estás detrás de cada palabra que me perturba
    Como pretender saber, no echarte de menos y conseguirlo
    Como asentir, creyendo de que es cierto
    Eso de que es el frío el que hace las aunsencias más largas

    Cuando, ahora, la única que existe es la tuya
    En medio de este incendio de cenizas
    Te acabas de ir y tus ruidos les escuchan por las noches
    Era tan imposible, tan imposible como pedirte que te quedaras conmigo

    La tormenta me sorprendió contigo atrapada en la mirada
    Lanzando botellas al mar llenas de besos
    Que nunca llegaban, que se extraviaban, que se equivocaban de puerto
    Que se rompían intentando llegar a mi boca
    Y confundían mis barcos y me llenaban de cristales los labios
    Que, pegados a la ventana, congelados, solo esperaban verte aparecer

    Y, entonces, un día me dejé vencer, olvidé dónde buscarte
    Comencé a despegar tus nudillos de mis pulmones
    Me eché la sal de tu sudor perdido en los ojos
    Prohibí tu olor en mis domingos
    Y escribí todos los antónimos de tu nombre en mis ventrículos
    Si no te olvido a ti, no les olvidaré a ellos

    Y, al final, lo único que quedó fue un miedo tan inmenso como inconfesable
    Y un deseo: solo quería marcharme de ahí y dejar de esperarnos
    Irme lejos, pensando que lejos es donde no estás
    Sin darme cuenta que donde realmente estás es en mí
    Y que no te irás hasta que yo lo decida.

    Pero, empezaba a tener frío y tú no venías a curármelo
    Así que, tuve que pedirte, sin decírtelo
    Que me volvieras a dejar en tierra y siguieras con tu vuelo
    Pero antes, quise hablarte del cielo que te rodea
    De que cuando hablas, realmente, creo que los relojes carecen de sentido
    Si no es para pararlos y escucharte un rato más
    Solo un ratito más, lo juro

    Que tuve todos los continentes en mis bolsillos después de tu abrazo
    Porque, cuando tú respiras, el mundo a veces se paraliza
    Y otras, en cambio, se tambalea
    Pero eso es algo que solo entendemos
    Los que hemos visto a la poesía perder las comillas

    Que tu risa astilla las penas
    Y que aunque nos encontráramos en medio de una guerra
    Que por no querer luchar terminamos perdiendo
    Encontré la paz en tus maullidos
    Y fuiste algo así como volver a casa por primera vez
    Después de perder mil batallas en la espalda

    Quise decirte que mi papel siempre se redujo a contemplarte desde lejos
    Y volverte tinta
    Que pudimos y, aunque no fuimos, siempre seremos
    Ojalá entiendas eso
    Que nos hicimos el amor una noche que llovimos
    Y, por eso, te llevaré conmigo siempre.

    Que ojalá la huída hubiera sido de tu cama a la mía
    Que ojalá la lucha se hubiera reducido a morderte las caderas
    Y no a este cansancio lleno de ojeras mudas
    Que ojalá volviera a verte cada invierno de mi vida
    Y vieras que contigo nunca tuve prisa
    Porque conocerte es viajar y besar, dulce y lento
    Un día de invierno, llenas de frío por fuera y de amor por dentro.

    Y que ojalá sonrías y no te culpes ni te castigues
    Tú cambias vidas, pero no destinos

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    5 min
  • Continuaré esta existencia enferma y antipática - Cesare Pavese

    Querido profesor:

    Yo soy un hombre que desatina y razona con trabajo y con muchas nieblas, mientras que usted es preciso y límpido y lleno de experiencia vital, hasta el punto de que cuando usted habla yo me quedo oyéndolo con la misma seguridad con que me abandono ante la naturaleza; pero sobre este tema del trabajo de creación del arte pienso ahora lo contrario que usted.
     Usted dice que para crear una gran obra basta con vivir lo más intensa y profundamente posible cualquier vida real, que si nuestro espíritu tiene en sí las condiciones de la obra maestra, ésta brotará casi por sí sola, naturalmente, sanamente, como ocurre con todos los fenómenos vitales.
     Usted ve el arte, en suma, como un producto natural, una actividad normal del espíritu que tendría como característica esencial la sanidad.
     Pues bien, yo niego gran parte de los significados dados a estas cosas y en especial la última.
     No, en mi opinión el arte exige un trabajo tan largo y un maceramiento tal del espíritu, un calvario tan incesante de tentativas que en su mayoría fracasan, antes de llegar a la obra maestra, que se le podría clasificar más bien entre las actividades antinaturales del hombre.
     Sana es en sí la obra de arte verdaderamente buena, ya que, al ser la obra de arte sólo una construcción orgánica, donde palpita la vida, una vida cualquiera, como la de plantas y piedras, esto es, la perfecta correspondencia y actividad de sus diversas partes, es una condición indispensable; pero no por esta razón han de ser igualmente sanos el contenido de la obra o el alma del creador.
     Más aún, si esta alma no se ha retorcido y trastornado y desangrado, si no ha pasado por una serie larguísima de experiencias repetidas hasta la completa absorción por su parte, si no se ha visto reducida por las fatigas y el abuso de actitudes particulares a un aspecto al margen de lo común y privado de ese sórdido optimismo que lleva consigo la natural sanidad, esta alma no valdrá jamás para componer una obra maestra.
     Y repito, sólo y precisamente por esas condiciones antihumanas, o quizá sobrehumanas, y por un largo tormento de intentos fallidos, el espíritu puede llegar a dar esos frutos suyos gallardos y milagrosos, esas nuevas criaturas que están sobre la tierra como otros muchos seres vivos.
     Por eso el arte es la más elevada de las actividades y lleva al hombre más cerca de la divinidad que cualquier otra cosa: permite crear seres vivos.
     Y por esta esperanza vertiginosa yo no me persuadiré jamás de “pensar en otras cosas” esperando que la obra maestra nazca dentro de mí de repente, sino que continuaré agotándome, rompiéndome, enriqueciéndome en vida y en mano segura.
     Continuaré esta existencia enferma y antipática.

    Cesare Pavese
    Carta a Augusto Monti
    Turín, 18 de mayo de 1928

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    4 min
  • He aquí que tú estás sola - Jaime Sabines

    He aquí que tú estás sola y que estoy solo. 
    Haces tus cosas diariamente y piensas 
    y yo pienso y recuerdo y estoy solo. 
    A la misma hora nos recordamos algo 
    y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya 
    somos, y una locura celular nos recorre 
    y una sangre rebelde y sin cansancio. 
    Se me va a hacer llagas este cuerpo solo, 
    se me caerá la carne trozo a trozo. 
    Esto es lejía y muerte. 
    El corrosivo estar, el malestar 
    muriendo es nuestra muerte. 

    Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado 
    quién eres, dónde estás, cómo te llamas. 
    Yo soy sólo una parte, sólo un brazo, 
    una mitad apenas, sólo un brazo. 
    Te recuerdo en mi boca y en mis manos. 
    Con mi lengua y mis ojos y mis manos 
    te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne, 
    a siembra , a flor, hueles a amor, a ti, 
    hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí. 
    En mis labios te sé, te reconozco, 
    y giras y eres y miras incansable 
    y toda tú me suenas 
    dentro del corazón como mi sangre. 
    Te digo que estoy solo y que me faltas. 
    Nos faltamos, amor, y nos morimos 
    y nada haremos ya sino morirnos. 
    Esto lo sé, amor, esto sabemos. 
    Hoy y mañana, así, y cuando estemos 
    en nuestros brazos simples y cansados, 
    me faltarás, amor, nos faltaremos. 

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    3 min
  • Viceversa - Mario Benedetti #ASMR

    Tengo miedo de verte 
    necesidad de verte 
    esperanza de verte 
    desazones de verte 

    tengo ganas de hallarte 
    preocupación de hallarte 
    certidumbre de hallarte 
    pobres dudas de hallarte 

    tengo urgencia de oírte 
    alegría de oírte 
    buena suerte de oírte 
    y temores de oírte 

    o sea 
    resumiendo 
    estoy jodido 
    y radiante 
    quizá más lo primero 
    que lo segundo 
    y también 
    viceversa. 

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    1 min
  • El Mundo - Eduardo Galeano #ASMR

     Un hombre del pueblo de Neguá,
     en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
     A la vuelta contó.
     Dijo que había contemplado desde arriba,
     la vida humana.
     Y dijo que somos un mar de fueguitos.
     -El mundo es eso -reveló- un montón de gente,
     un mar de fueguitos.
     Cada persona brilla con luz propia entre todas las
     demás.
     No hay dos fuegos iguales.
     Hay fuegos grandes y fuegos chicos
     y fuegos de todos los colores.
     Hay gente de fuego sereno,
     que ni se entera del viento
     y gente de fuego loco
     que llena el aire de chispas.
     Algunos fuegos, fuegos bobos,
     no alumbran ni queman;
     pero otros arden la vida con tanta pasión
     que no se puede mirarlos sin parpadear,
     y quien se acerca se enciende.

     (De Eduardo Galeano “EL LIBRO DE LOS ABRAZOS”, texto en prosa) 

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    2 min
  • Los nadies - Eduardo Galeano #ASMR

    Sueñan las pulgas con comprarse un perro
    y sueñan los nadies con salir de pobres,
    que algún mágico día
    llueva de pronto la buena suerte,
    que llueva a cántaros la buena suerte;
    pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
    ni mañana, ni nunca,
    ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, 
    por mucho que los nadies la llamen
    y aunque les pique la mano izquierda,
    o se levanten con el pie derecho,
    o empiecen el año cambiando de escoba.

    Los nadies: los hijos de nadie,
    los dueños de nada.
    Los nadies: los ningunos, los ninguneados, 
    corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, 
    rejodidos:

    Que no son, aunque sean.
    Que no hablan idiomas, sino dialectos.
    Que no profesan religiones,
    sino supersticiones.
    Que no hacen arte, sino artesanía.
    Que no practican cultura, sino folklore.
    Que no son seres humanos,
    sino recursos humanos.
    Que no tienen cara, sino brazos.
    Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal,
    sino en la crónica roja de la prensa local.
    Los nadies,
    que cuestan menos
    que la bala que los mata.

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    2 min
  • Episodio del enemigo - Borges

    Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero solo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

    Me incliné sobre él para que me oyera.

    -Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.

    Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

    Me dijo entonces con voz firme:

    -Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Le tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.

    Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y solo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:

    -En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

    -Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.

    -Puedo hacer una cosa -le contesté.

    -¿Cuál? -me preguntó.

    -Despertarme.

    Y así lo hice.

    FIN

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    3 min
  • El mito del orgasmo vaginal (Parte 3) - Anne Koedt

    Tercera y última parte. 
    Subtemas: 
    - ¿Por qué los hombres mantienen el mito?

    El ensayo completo está en PDF y lo puede leer de forma gratuita a través de este enlace: 

    http://www.debatefeminista.cieg.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/articulos/023_09.pdf

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    7 min
  • El mito del orgasmo vaginal (Parte 1) - Anne Koedt

    Primera parte de tres. 
    Subtemas:
    - Freud: Padre del orgasmo vaginal
    - Falta de evidencia
    El ensayo completo está en PDF y lo puede leer de forma gratuita a través de este enlace: 

    http://www.debatefeminista.cieg.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/articulos/023_09.pdf

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    10 min
  • El mito del orgasmo vaginal (Parte 2) - Anne Koedt

    Segunda parte de tres. 
    Subtemas:
    - "Evidencia anatómica"
    - "Las mujeres que dicen tener orgasmos vaginales"

    El ensayo completo está en PDF y lo puede leer de forma gratuita a través de este enlace: 

    http://www.debatefeminista.cieg.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/articulos/023_09.pdf

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    7 min

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