¡Chemalía, mijitoo, agarra bien la caja!-
-¡Es que está bien pesada, amáaa!-
Por las banquetas del centro de la Capital, el pequeño Chemalía cargaba una caja de cartón casi de su tamaño, y aunque a los costados se podía leer “El Huevo de Oro”, en su interior no había un solo blanquillo, llevaba algo que cambiaría la historia...