El gallinero entró en revolución, Verónica metió su cabeza por la pequeña puertezuela de madera forrada de alambre gallinero, al igual que el resto de la enorme jaula dispuesta al fondo del patio, debajo de un gran guayabo -Uno, dos, tres… diez huevos, ¡Muy bien, con esto saldrá un buen abono para don Lázaro!-