Capítulo 8: Son tantos los árboles viejos.
La casa de Zezé y su familia se llenó de calma. El padre se reconcilió con él, lo tomó en sus brazos y trató de consolarlo. También le prometió una vida mejor donde nada les faltaría y se llevarían mejor. Pero él no podía dejar de pensar en su amigo Portuga.
Capítulo 9: La confesión final.
Es una carta del Zezé adulto, dirigida al difunto Manuel Valadares. Se lamenta de la niñez perdida, pero no por perderla, sino por el modo de hacerlo. La escuela de la vida en esas circunstancias es demasiado dura para un niño.