El apóstol Felipe nos abre el corazón con su pedido ante Jesús. Realmente conocer al Padre debe ser nuestro anhelo y meta, pero el único que nos lo puede mostrar, es su Hijo, imagen viva y reflejo de su gloria. Pablo, en su intento de anunciar la salvación a sus hermanos de raza, constata que no están abiertos a la misma, y decide, con la Iglesia, ir más allá de sus fronteras, descubriéndonos el carácter universal de la fe y de la misión. ¡Padre bueno, dilata nuestro corazón para buscarte y anunciarte a todos los hombres!