El profeta Isaías anuncia un tiempo nuevo para su pueblo, una esperanza, pues Dios intervendrá en su historia en persona, encarnándose y quedándose en medio de ella para siempre, siendo así su salvación. El evangelio de Lucas nos invita también a alabar a Dios con María, porque nuestra historia fue marcada por Él, y lo reconocemos en nuestro caminar hacia la libertad, la justicia y la paz como nación. Hoy nos unimos a la Reina de la Paz, por las acciones grandiosas de Dios en nosotros. ¡Señor de la historia, sana que nuestro pueblo peruano y condúcelo a la paz, justicia y dignidad!