El Señor ya salió a sembrar. Se nos invita a abrir nuestra tierra y acoger la semilla, que siendo insignificante, posee en ella misma al reino. Es preciso evaluar nuestra tierra, nuestra vida, para descubrir todo aquello que impide en nosotros, desarrollar esa semilla de salvación y dar espacio y respuesta a Aquel que exige nuestro compromiso. ¡Señor, abre nuestros corazones y que la semilla que depositas en nosotros, de fruto abundante!